10 abril 2026

LA GUERRA COMO NEGOCIO Y ALGO MÁS

Los propagandísticos medios de comunicación no hacen más que repetir que la Guerra de Irán es ilegal. ¡Alucinante! Vamos, como si hubiera alguna guerra legal. Luego, los hay que intentan averiguar si está justificada o no. Aunque lo que más se debate es quién ganará y quién perderá. Pues te lo digo yo: ganarán los “tíos listos” y perderemos los de siempre, nosotros, el “populacho”.

Ya deberíamos saber que la mentira se ha institucionalizado en nuestra sociedad, así que si nos mienten y engañan a diario, imagínate qué no harán en una situación de guerra, donde engañar al enemigo es la principal misión.

La primera gran mentira en una guerra es quién la declara. En el caso de la Guerra de Irán, no la declara el pueblo israelí o el pueblo estadounidense; ni siquiera el prepotente Trump o el asesino Netanyahu. La declara esa camarilla oculta al gran público, que es quien mueve los hilos y toma las decisiones importantes, independientemente de quién sea el presidente de turno o qué partido esté en el poder. De hecho, la mayoría de los gobiernos están a las órdenes del poder global del dinero, que sólo busca enriquecerse mediante la deuda, el saqueo de recursos y, cómo no, la guerra.

La guerra es un gran negocio, y un gran negocio no se deja al azar, se planifica. Detrás de cada decisión hay gente muy “sesuda” que analiza cada mínimo detalle para evitar o propiciar (depende de lo que convenga) una debacle. ¿Y quién tiene la capacidad de hacer algo así? Obviamente, el poder global del dinero.

No sé si la gente recuerda la entrevista realizada, en marzo de 2007, al excomandante de la OTAN, Wesley Clark, en la que reveló el plan de EEUU de invadir 7 países en 5 años. Los países en cuestión eran Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. En aquel momento nadie tomó en serio las palabras de Wesley Clark. Sin embargo, en el transcurso de estos años, hemos sido testigos de cómo esos Estados soberanos han sufrido diferentes guerras, que han ido debilitándolos y transformándolos en una especie de mini reinos de diferentes etnias incapaces de ponerse de acuerdo.

El objetivo, obviamente, es “balcanizar” la región para mermar su capacidad de respuesta conjunta al saqueo de sus recursos. Una vez conseguido (Irán es el último reducto), el siguiente paso será despojarles de su petróleo y gas, y tomar el control de las infraestructuras (oleoductos, gaseoductos, refinerías, etc.).

Este es el gran negocio de esta guerra, sin olvidar el sueño del Gran Israel por parte de los sionistas. Lo que no parece es que tengan todas las papeletas a su favor, ya que Irán está resultando ser un hueso duro de roer.

Pero hay otro elemento -que pasa desapercibido para la mayoría de la gente- que va a la par de la guerra: la aceleración de la agenda de control global.  Ciudades inteligentes, dinero digital (CDBC), identificación digital, carnet de crédito social, huella de carbono, restricciones, racionamientos, confinamientos y todo lo que conlleva al control total se está acelerando gracias a esta guerra. De hecho, la Agencia Internacional de Energía (AIE), amparándose en el actual conflicto, ya ha dado una serie de recomendaciones que, aunque a primera vista parecen recomendaciones de ahorro energético, son en realidad medidas para adaptar el comportamiento de la gente a lo que está por venir.

En concreto, la AIE recomienda el teletrabajo, reducir los desplazamientos en coche, restringir los viajes en avión y, en general, la disminución del consumo energético.

Por cierto, ¿a qué me suena esto? ¡Ah! ¡Ya caigo! Pues claro, me recuerda a las medidas que se adoptaron durante la falsa pandemia. La única diferencia radica en el factor desencadenante: entonces la atención se centraba en la salud y ahora se centra en la energía. En definitiva, restringir libertades, racionar el consumo y desviar la atención para que no nos demos cuenta de que los de siempre se están forrando a nuestra costa.

¡Si es que son unos genios! Vuelven a poner en escena la misma obra de teatro, pero con diferente director: entonces lo dirigió la OMS, ahora lo dirige la AIE.

A día de hoy ya nadie debería creer que esta guerra se esté librando para liberar al pueblo iraní de un régimen teocrático o porque Irán esté enriqueciendo Uranio, eso se la trae al pairo. Esta guerra se está llevando a cabo por negocios y, de paso, para llevar a la humanidad a ese Nuevo Orden Mundial tecnocrático aterrador que los amos del mundo han diseñado para nosotros.

No seamos ingenuos. Los verdaderos planificadores de esta guerra son los de siempre. Se esconden detrás de la City de Londres: una entidad autónoma e independiente que no da cuentas a nadie. Son los dueños de la FED, del BCE, del BM, del FMI, del BPI, de las grandes finanzas, de los medios de comunicación y de grandes industrias como la energética y armamentística.

Lo que estamos presenciando no es más que un acto meticulosamente planificado y orquestado desde hace años. Por consiguiente, no deberíamos creer nada de lo que cuentan los medios de comunicación, y mucho menos lo que dicen los actores implicados en esta tragicomedia.

Piénsalo. ¿Por qué cuando Donald Trump abre la boca instantáneamente sube o baja el precio del barril de petróleo? ¿Cómo puede ser si en ese periodo tan corto de tiempo no ha cambiado nada? Eso nos lleva a preguntarnos sobre qué pilares está sustentado este sistema. Obviamente, por ningún pilar sólido, ya que todo es pura especulación y se manipula al antojo de los que lo controlan a través de leyes, normas y regulaciones con el respaldo incondicional de las fuerzas armadas. Esa es la clave. Lo trágico de todo esto, es que las fuerzas armadas somos nosotros.

Como era de esperar, muchos medios de comunicación están pintando a Irán como un David (bueno) luchando contra un Goliat (malo). Ojalá fuera cierto. Pero no, lo siento, es una estupidez como la copa de un pino. La cruda realidad nos dice que los dos bandos son igualmente ruines. Ambos están implementando la misma prisión tecnocrática a sus ciudadanos: misma identificación digital, vigilancia biométrica, monedas digitales, etc. Porque esta guerra, amén de ser librada (como todas) por motivos económicos, también está sirviendo para acelerar la agenda de control total de la humanidad.

Después de escuchar argumentos y versiones de todo tipo, para justificar lo injustificable, he llegado a la siguiente conclusión: aquí no hay ni buenos ni malos, aquí todos son unos miserables.

Ya es hora de dejar de hacer caso a la machacona y constante propaganda de los medios de comunicación. La verdad nunca está en los medios.

Estamos asistiendo a un cambio profundo de paradigma totalmente diseñado y planificado por la ingeniería social. Primero cambiaron los valores de la sociedad mediante toda una sarta de nuevas sandeces ideológicas. Luego vino el Covid-19 y preparó a la población para aceptar las cosas más distópicas, incluyendo las vacunas que vete a saber cuál fue su verdadera función. Y ahora se está perpetrando una guerra, cuyo propósito, evidentemente, es arruinar la economía global. Y todo para implantar una nueva sociedad con un único gobierno mundial.

Decía Franklin D. Roosevelt que en política no se deja nada al azar, todo se planifica. Pues bien. Ahora Europa y el resto del mundo están amenazados con una crisis energética sin precedentes. Crisis, como todas, provocada intencionadamente. Primero pusieron en marcha la guerra de Ucrania. Esto llevó a dictar sanciones contra Rusia, lo que en la práctica se resolvió con que Europa dejara de comprar gas y petróleo ruso. Después, con la Guerra de Irán han cerrado el estrecho de Ormuz, dejando nuevamente a Europa sin gas y petróleo procedente del Golfo.

¿Aún no lo ves?

Sigamos. Nada más comenzó la guerra, enseguida se puso en marcha un mecanismo (al igual que cuando el Covid-19) para instruir a todos los países sobre qué hacer y cómo tenían que actuar. De la noche a la mañana el pánico se apoderó de los mercados y se empezaron a lanzar consignas como la de aprobar nuevas líneas de actuación drásticas (racionamientos de combustible, regulación del tráfico, restricciones para viajar, etc.). Obviamente, ninguna de estas medidas reducirá el precio del barril del petróleo, del mismo modo que las medidas tomadas durante la falsa pandemia (encierros, toques de queda, etc.) tampoco acabaron con el Covid-19. Lo que sí han desencadenado es una subida generalizada de precios, que de ninguna manera ésta justificada. Y ese es el verdadero objetivo.

¡Señores! Los dueños del mundo nos odian y están obsesionados con reducir drásticamente la población mundial y hacerse con el control absoluto de cada uno de nosotros. Y si para ello tienen que declarar la Tercera Guerra Mundial, matarnos de hambre o inyectarnos cualquier veneno, lo harán.

Sin embargo, no deberíamos claudicar tan fácilmente, ya que siempre hay alternativas. Sin soldaditos dispuestos a pilotar aviones de combate, a conducir tanques y a morir en el campo de batalla por los delirios de grandeza de otros, nada de esto estaría sucediendo. Así que deberíamos preguntarnos muy en serio de una vez por todas: ¿Cuándo vamos a dejar de ser víctimas y verdugos? ¿Cuándo vamos de dejar de confiar nuestras vidas a gobiernos criminales? Aunque la pregunta clave es la que nadie se quiere hacer: ¿cuándo vamos a dejar de ser tan estúpidos?

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