Los propagandísticos medios de comunicación no hacen más que repetir que la Guerra de Irán es ilegal. ¡Alucinante! Vamos, como si hubiera alguna guerra legal. Luego, los hay que intentan averiguar si está justificada o no. Aunque lo que más se debate es quién ganará y quién perderá. Pues te lo digo yo: ganarán los “tíos listos” y perderemos los de siempre, nosotros, el “populacho”.
Ya deberíamos saber que la mentira se ha institucionalizado en nuestra
sociedad, así que si nos mienten y engañan a diario, imagínate qué no harán en
una situación de guerra, donde engañar al enemigo es la principal misión.
La primera gran mentira en una guerra es quién la declara. En el caso
de la Guerra de Irán, no la declara el pueblo israelí o el pueblo
estadounidense; ni siquiera el prepotente Trump o el asesino Netanyahu. La
declara esa camarilla oculta al gran público, que es quien mueve los hilos y
toma las decisiones importantes, independientemente de quién sea el presidente
de turno o qué partido esté en el poder. De hecho, la mayoría de los gobiernos
están a las órdenes del poder global del dinero, que sólo busca enriquecerse
mediante la deuda, el saqueo de recursos y, cómo no, la guerra.
La guerra es un gran negocio, y
un gran negocio no se deja al azar, se planifica. Detrás de cada decisión hay gente muy “sesuda” que
analiza cada mínimo detalle para evitar o propiciar (depende de lo que
convenga) una debacle. ¿Y quién tiene la capacidad de hacer algo así?
Obviamente, el poder global del dinero.
No sé si la gente recuerda la entrevista realizada, en marzo de 2007,
al excomandante de la OTAN, Wesley Clark, en la que reveló el plan de EEUU de
invadir 7 países en 5 años. Los países en cuestión eran Irak, Siria, Líbano,
Libia, Somalia, Sudán e Irán. En aquel momento nadie tomó en serio las palabras
de Wesley Clark. Sin embargo, en el transcurso de estos años, hemos sido
testigos de cómo esos Estados soberanos han sufrido diferentes guerras, que han
ido debilitándolos y transformándolos en una especie de mini reinos de
diferentes etnias incapaces de ponerse de acuerdo.
El objetivo, obviamente, es “balcanizar” la región para mermar su
capacidad de respuesta conjunta al saqueo de sus recursos. Una vez conseguido
(Irán es el último reducto), el siguiente paso será despojarles de su petróleo
y gas, y tomar el control de las infraestructuras (oleoductos, gaseoductos,
refinerías, etc.).
Este es el gran negocio de esta guerra, sin olvidar el sueño del Gran
Israel por parte de los sionistas. Lo que no parece es que tengan todas las papeletas
a su favor, ya que Irán está resultando ser un hueso duro de roer.
Pero hay otro elemento -que pasa desapercibido para la mayoría de la
gente- que va a la par de la guerra: la aceleración de la agenda de control
global. Ciudades inteligentes, dinero
digital (CDBC), identificación digital, carnet de crédito social, huella de
carbono, restricciones, racionamientos, confinamientos y todo lo que conlleva
al control total se está acelerando gracias a esta guerra. De hecho, la Agencia
Internacional de Energía (AIE), amparándose en el actual conflicto, ya ha dado
una serie de recomendaciones que, aunque a primera vista parecen
recomendaciones de ahorro energético, son en realidad medidas para adaptar el
comportamiento de la gente a lo que está por venir.
En concreto, la AIE recomienda el teletrabajo, reducir los
desplazamientos en coche, restringir los viajes en avión y, en general, la
disminución del consumo energético.
Por cierto, ¿a qué me suena esto? ¡Ah! ¡Ya caigo! Pues claro, me
recuerda a las medidas que se adoptaron durante la falsa pandemia. La única diferencia
radica en el factor desencadenante: entonces la atención se centraba en la
salud y ahora se centra en la energía. En definitiva, restringir libertades,
racionar el consumo y desviar la atención para que no nos demos cuenta de que
los de siempre se están forrando a nuestra costa.
¡Si es que son unos genios! Vuelven a poner en escena la misma obra de
teatro, pero con diferente director: entonces lo dirigió la OMS, ahora lo
dirige la AIE.
A día de hoy ya nadie debería creer que esta guerra se esté librando
para liberar al pueblo iraní de un régimen teocrático o porque Irán esté enriqueciendo
Uranio, eso se la trae al pairo. Esta guerra se está llevando a cabo por
negocios y, de paso, para llevar a la humanidad a ese Nuevo Orden Mundial
tecnocrático aterrador que los amos del mundo han diseñado para nosotros.
No seamos ingenuos. Los verdaderos planificadores de esta guerra son
los de siempre. Se esconden detrás de la City de Londres: una entidad autónoma
e independiente que no da cuentas a nadie. Son los dueños de la FED, del BCE, del
BM, del FMI, del BPI, de las grandes finanzas, de los medios de comunicación y de
grandes industrias como la energética y armamentística.
Lo que estamos presenciando no es más que un acto meticulosamente
planificado y orquestado desde hace años. Por consiguiente, no deberíamos creer
nada de lo que cuentan los medios de comunicación, y mucho menos lo que dicen
los actores implicados en esta tragicomedia.
Piénsalo. ¿Por qué cuando Donald Trump abre la boca instantáneamente sube
o baja el precio del barril de petróleo? ¿Cómo puede ser si en ese periodo tan
corto de tiempo no ha cambiado nada? Eso nos lleva a preguntarnos sobre qué
pilares está sustentado este sistema. Obviamente, por ningún pilar sólido, ya
que todo es pura especulación y se manipula al antojo de los que lo controlan a
través de leyes, normas y regulaciones con el respaldo incondicional de las
fuerzas armadas. Esa es la clave. Lo trágico de todo esto, es que las fuerzas
armadas somos nosotros.
Como era de esperar, muchos medios de comunicación están pintando a
Irán como un David (bueno) luchando contra un Goliat (malo). Ojalá fuera
cierto. Pero no, lo siento, es una estupidez como la copa de un pino. La cruda
realidad nos dice que los dos bandos son igualmente ruines. Ambos están
implementando la misma prisión tecnocrática a sus ciudadanos: misma
identificación digital, vigilancia biométrica, monedas digitales, etc. Porque
esta guerra, amén de ser librada (como todas) por motivos económicos, también
está sirviendo para acelerar la agenda de control total de la humanidad.
Después de escuchar argumentos y versiones de todo tipo, para
justificar lo injustificable, he llegado a la siguiente conclusión: aquí no hay
ni buenos ni malos, aquí todos son unos miserables.
Ya es hora de dejar de hacer caso a la machacona y constante propaganda
de los medios de comunicación. La verdad nunca está en los medios.
Estamos asistiendo a un cambio profundo de paradigma totalmente
diseñado y planificado por la ingeniería social. Primero cambiaron los valores
de la sociedad mediante toda una sarta de nuevas sandeces ideológicas. Luego
vino el Covid-19 y preparó a la población para aceptar las cosas más distópicas,
incluyendo las vacunas que vete a saber cuál fue su verdadera función. Y ahora
se está perpetrando una guerra, cuyo propósito, evidentemente, es arruinar la
economía global. Y todo para implantar una nueva sociedad con un único gobierno
mundial.
Decía Franklin D. Roosevelt que en política no se deja nada al azar,
todo se planifica. Pues bien. Ahora Europa y el resto del mundo están amenazados
con una crisis energética sin precedentes. Crisis, como todas, provocada
intencionadamente. Primero pusieron en marcha la guerra de Ucrania. Esto llevó
a dictar sanciones contra Rusia, lo que en la práctica se resolvió con que
Europa dejara de comprar gas y petróleo ruso. Después, con la Guerra de Irán
han cerrado el estrecho de Ormuz, dejando nuevamente a Europa sin gas y petróleo
procedente del Golfo.
¿Aún no lo ves?
Sigamos. Nada más comenzó la guerra, enseguida se puso en marcha un
mecanismo (al igual que cuando el Covid-19) para instruir a todos los países
sobre qué hacer y cómo tenían que actuar. De la noche a la mañana el pánico se
apoderó de los mercados y se empezaron a lanzar consignas como la de aprobar
nuevas líneas de actuación drásticas (racionamientos de combustible, regulación
del tráfico, restricciones para viajar, etc.). Obviamente, ninguna de estas
medidas reducirá el precio del barril del petróleo, del mismo modo que las
medidas tomadas durante la falsa pandemia (encierros, toques de queda, etc.) tampoco
acabaron con el Covid-19. Lo que sí han desencadenado es una subida
generalizada de precios, que de ninguna manera ésta justificada. Y ese es el
verdadero objetivo.
¡Señores! Los dueños del mundo nos odian y están obsesionados con
reducir drásticamente la población mundial y hacerse con el control absoluto de
cada uno de nosotros. Y si para ello tienen que declarar la Tercera Guerra
Mundial, matarnos de hambre o inyectarnos cualquier veneno, lo harán.