10 febrero 2026

ESPAÑA: EL PAÍS DE “PEPE GOTERA Y OTILIO: CHAPUZAS A DOMICILIO”

La única manifestación a escala nacional de “orgullo español”, que yo recuerde, fue cuando España ganó el mundial de futbol en 2010. Por cierto, tan “orgullosos de ser españoles ( yo soy español, español, español) y ni siquiera sabemos tararear el Himno Nacional, pues no tiene letra. Esto se ve cada vez que España juega un torneo internacional, ya que cuando suena el Himno de España por megafonía los cánticos de la grada van por un lado y la megafonía por otro.

Anécdotas aparte, España es el país de la UE que ocupa el primer puesto en el ranking de número de políticos. También somos campeones en paro y, sobre todo, en paro juvenil. Somos el segundo país de la UE en pobreza infantil, el tercero en pobreza relativa, el quinto en pobreza absoluta, el primero en pérdida de poder adquisitivo y el primero en paro femenino. Nuestros médicos, enfermeras, ingenieros y universitarios, en general, tienen que emigrar porque aquí no hay futuro. Y los jóvenes no pueden independizarse de sus padres, porque su miserable sueldo no le da para pagar un alquiler y mucho menos comprar una vivienda.

Por otro lado, de nada nos sirve que los demás países nos vean como un país abierto y acogedor, con un buen clima y numerosas playas, si los políticos nos dejan en evidencia cada vez que abren la boca, ya que lo único que hacen es mentir, difamar e insultarse, por no hablar del desprecio absoluto que profesan a la población. Tampoco nos sirve de nada si las cifras macroeconómicas indican que “nuestra economía va bien” si el bienestar no llega a los ciudadanos.

Seamos realistas. En España tenemos un Estado que no funciona y un Sistema Autonómico que tampoco. Si dejamos de lado la propaganda oficial, la verdad es que en España prácticamente no funciona nada.

El supuesto progreso que vive España nada tiene que ver con la realidad. A los políticos se les llena la boca de justicia social, pero esa justicia social sólo la disfrutan ellos y los altos cargos de la Administración, que gozan de un sueldo que triplica o multiplica por “X” al del ciudadano de a pie. Después, cuando termina su paso por la Administración, tienen las “puertas giratorias”, donde de nuevo somos campeones.

Sí, en España todo es una chapuza y no funciona prácticamente nada.

La violencia salvaje que sufren nuestras calles ha dejado de ser excepción para convertirse en norma. Cada vez son más frecuentes las peleas con arma blanca o de fuego. Mientras tanto, la policía mira para otro lado, como si con ellos no fuera la cosa, ya que sólo están para defender a sus Señorías de nosotros. En fin, que no es de extrañar que los juzgados estén a punto de colapsar. Todo muy “normal”, ¿verdad? Eso es lo que dice nuestro Ministro del Interior.

Luego está la educación que deja bastante que desear. Y es que la educación que reciben nuestros jóvenes no es tal, es adoctrinamiento. Cada vez que entra un nuevo gobierno se implementa un nuevo Plan de Educación sin escuchar a los docentes, a los que se trata con desprecio y no se les tiene ningún respeto. En cuanto a las universidades, la primera universidad española que aparece en el Ranking QS 2025 sitúa a la Universidad de Barcelona en el puesto 160, a la Universidad Autónoma de Barcelona en el puesto 172 y a la Universidad Complutense de Madrid en el puesto 187.

¿Y qué decir de la sacrosanta sanidad pública? La sanidad pública agoniza. La atención primaria prácticamente ya no existe. En las urgencias de cualquier hospital se trata a los pacientes como ganado. Los famosos protocolos y la burocracia han conseguido deshumanizar la atención médica. Hoy en día cuando vas a la consulta el médico ni te mira, sólo tiene puesta la mirada en su ordenador, siguiendo a rajatabla los estúpidos protocolos.

Obviamente, el transporte tampoco se libra de la chapuza. Los aviones y trenes sufren retrasos interminables y accidentes cada vez más frecuentes, como el que acabamos de sufrir en Adamuz.

Luego tenemos las infraestructuras, que hacen agua por los cuatro costados: las vías de ferrocarril tienen un estado lamentable, los aeropuertos soportan a duras penas el tráfico aéreo y las carreteras están llenas de baches, por no decir socavones.

Pero el Gobierno no parece preocupado en absoluto. Es más, saca pecho de lo bien que le va a nuestro país. Lo peor es que la inmensa mayoría de cretinos ideologizados que votan lo creen.

Ahora seamos rigurosos. Esa sanidad pública desastrosa, esas infraestructuras deleznables o esa pésima educación, ¿en manos de quién están? De nosotros, evidentemente. Nosotros somos a fin de cuentas los que trabajamos en los hospitales, los que construimos las infraestructuras y los docentes que educamos a nuestros hijos. Y sí, somos nosotros los chapuceros.

En España, tanto la Administración como la mayoría de empresas privadas no realizan bien su trabajo; eso es una realidad. Si no fuera así, no hubiera ocurrido el accidente ferroviario de Adamuz o la tragedia de Valencia (catástrofes anunciadas evitables). Esto es debido a la desidia generalizada y la corrupción galopante que impera en el país a todos los niveles.

Evidentemente, claro que hay gente que hace muy bien su trabajo, pero he de decir que son los menos. Bien es verdad que hay jueces que se resisten a las presiones ejercidas por los de arriba y no se venden. Médicos que, a pesar de los estúpidos protocolos, tratan a los pacientes con profesionalidad y humanidad. Periodistas independientes que se la juegan destapando las cloacas del Estado y todo un abanico de trabajadores competentes honrados, en todos los sectores, que son los que hacen que el país no se vaya al carajo.

Sin embargo, España no tiene por qué estar condenada a la chapuza. Puede ser un país donde todo (o casi todo) funcione correctamente. Podemos construir infraestructuras seguras, hospitales con personal sanitario comprometido y poner al frente del país administradores honrados y eficientes. Pero esto lo tenemos que hacer nosotros, los españoles. Evidentemente, con el grado de corrupción actual no es un camino de rosas, depende de nuestra determinación.

Este es el desafío al que nos enfrentamos. ¡Basta ya de tanta chapuza!

Tenemos que entender que la calidad no es un lujo, sino la voluntad de hacer bien las cosas para que funcionen. De hecho, la máxima que se establece en los cursos de calidad es “hacer las cosas bien a la primera”, y no es tan difícil.

¿Podemos hacerlo? Pues claro que podemos hacerlo. Obviamente, el cambio ha de venir primero por la voluntad obstinada de los que hacen bien su trabajo, poniendo en evidencia a los que no lo hacen. Porque, ¡señores chapuceros! Cuando a ustedes les deja de importar la calidad de su trabajo, algo tan cotidiano como un viaje en tren puede convertirse en una tragedia. 

30 enero 2026

UNA VERDAD INCÓMODA QUE NADIE QUIERE RECONOCER

El ser humano nació libre, pero todo se complicó en el momento que aceptó que un ser humano gobernara sobre otro. Porque, lo mires por donde lo mires, un ser humano que ansía gobernar a otro es un tirano que no merece ningún respeto.

Nuestra civilización no tiene nada de civilizada, no es más que una tiranía, ejercida por unos cuantos, para garantizar que los ricos y poderosos sean cada vez más ricos y poderosos y los pobres más pobres, indefensos e ignorantes.

Cualquiera que haya seguido mis artículos sabrá que el poder no es santo de mi devoción. Los políticos, las fuerzas de orden público, el ejército, el gobierno, las organizaciones gubernamentales y todo lo que tenga que ver con el poder me da nauseas. De hecho, no he votado en mi vida y no puedo entender cómo hay gente que lo haga. Para mí, los políticos –sin excepción- son lo peorcito de cada país. Por eso aborrezco la política, y estoy harto de que todo lo encasillen en su estúpido espectro ideológico izquierda-derecha.

Evidentemente, habrá mucha gente que no comparta mi opinión. Pero una cosa son las opiniones y otra los hechos. De por sí, toda la gente que sigue los mandatos del gobierno lo hace por alguna de estas tres razones: miedo, comodidad o ignorancia.

Pondré un ejemplo reciente. El Gobierno de España ha impuesto la obligatoriedad de llevar en el coche la baliza V16 (una luz naranja intermitente para colocar en el techo del coche cuando sufres una avería o accidente). Lamentablemente, la mayoría de los conductores se apresuraron a comprarla antes del 1 de enero de 2026, que es cuando entró en vigor la obligatoriedad de llevarla. Y lo han hecho sin cuestionar siquiera su utilidad, ya que poner una luz naranja intermitente en el techo del vehículo, cuando tienes dos luces naranjas intermitentes delante y otras dos detrás que se accionan apretando un botón desde el interior del habitáculo, no sé qué sentido tiene.

Sin embargo, la gente ha comprado la absurda baliza (o no tan absurda) por miedo a que le sancionen, por la comodidad que le supone cumplir con la norma para evitarse problemas o por la ignorancia de lo que verdaderamente significa portar la baliza V16 que, entre otras cosas, al activarla revela tu ubicación a la DGT, y probablemente a alguien más.

Bueno, pues lo mismo que la gente ha aceptado sin rechistar la estúpida baliza acepta todo lo demás. Bajo mi punto de vista, no sé cómo puede soportar a un gobierno cada vez más autoritario, a unas fuerzas armadas represivas que no le protegen de nada y a ricos hacerse cada vez más ricos a su costa. Si a esto le sumamos su apatía ante la injusticia y la corrupción, tenemos al idiota perfecto, que es lo que quiere el sistema. Así que no es de extrañar que la gente termine mentalmente enferma o se vuelva cada vez más miserable. Creo que, en el fondo, sabe que es cómplice de este “sarao”, pero no quiere oír hablar de ello.

Dicho esto, deberíamos preguntarnos: ¿esto es todo lo que nuestros gobiernos pueden hacer por nosotros? ¿Es todo lo que tienen para ofrecernos? Entonces, ¿por qué les hacemos caso?

Evidentemente, los gobiernos no tienen el control, el control lo tiene gente muy poderosa que está por encima de ellos. Esto ya debería saberlo cualquier persona con dos neuronas en el cerebro que le funcionen. Por otro lado, tampoco hay que ser ninguna lumbrera para saber que el sistema está amañado y los abusos de poder son parte integral del mismo.

Todos los políticos son por definición narcisistas, egocéntricos, megalómanos, mentirosos compulsivos e incluso hay algunos psicópatas entre ellos. Ante esta realidad, ¿somos conscientes en manos de quiénes estamos?

La creencia generalizada de que vivimos en una democracia, con los supuestos derechos y obligaciones que ello conlleva, son la clave para conseguir la indolencia generalizada de la población. Luego están las narrativas prefabricadas por los medios de comunicación, cuya única función es legitimar el estado actual de las cosas. El resultado: una sociedad apática dispuesta a tragar con todo.

Es obvio que nunca saldremos de este atolladero votando, ya que llevamos demasiado tiempo haciéndolo sin ningún resultado. Votas al partido azul, y el partido azul pasa de ti y hace lo que le da la gana. Votas al partido rojo, y el partido rojo hace lo mismo. Entonces vuelves a votar al partido azul y vuelta a empezar.

La única salida a esta pesadilla es que la gente use su inmenso poder numérico para forzar un cambio real. Nosotros somos muchísimos más que ellos, y lo saben. Esto es lo único que temen de nosotros. Porque por mucha represión que ejerzan no pueden con todos. Saben que encarcelarnos o asesinarnos a todos no es posible. Y saben también que si nos unimos y persistimos somos invencibles. Por eso su obsesión es dividirnos (izquierda vs derecha, blancos vs negros, cristianos vs musulmanes, comunistas vs fascistas, etc.).

Aunque nos cueste creerlo, podemos bajarles de su poltrona cuando queramos. Como ya he dicho, somos demasiados y ellos muy pocos. Simplemente (ya sé que no es tan simple) tenemos que unirnos (palabra clave) y decirles que se vayan. Y entonces lo harán, ya que eso significaría que ejército, policía, y todas las instituciones -que no olvidemos están compuestas por gente del pueblo- estarían de nuestro lado.

La pregunta es: ¿queremos acabar con el establishment o seguir soportando un “Efecto Cantillon” permanentemente? (El “Efecto Cantillon” es una teoría económica que explica cómo la creación de nuevo dinero por un banco central (inflación) no afecta a todos por igual: siempre favorece a los ricos y perjudica a los pobres).

Es un hecho incontestable que la verdadera fuerza del poder reside en la debilidad del pueblo: el poder está compuesto por una minoría lista y organizada, mientras que las masas ignorantes, miedosas y torpes están divididas y nada organizadas. Por cierto, cuando se dice eso de que “el pueblo no es tonto”, es mentira: el pueblo es extremadamente tonto.

Sólo cuando entendamos esta realidad podremos cambiar las cosas. Sin embargo, he de decir que no es tarea fácil, ya que la educación tan increíblemente deficiente que hemos recibido nos da justo los conocimientos necesarios para pasar el día. De hecho, el nivel de ignorancia, ingenuidad y estupidez de la mayoría de los 8.000 millones de personas que habitamos el planeta es enorme. Y esto se acentúa aún más cada día a través del Smartphone, la televisión y la inteligencia artificial: el Smartphone tiene idiotizada a la población más joven, la televisión amedrentada a la gente mayor y la inteligencia artificial engañados a los dos.

Probablemente, habrá quien se dé por aludido, se ofenda y asegure que él ni es tonto ni un ignorante. Me alegro por él. Es más, me atrevería a decir que la gran mayoría de la gente se cree muy lista y nada ignorante. Si verdaderamente es así, ¿cómo se entiende que una minúscula minoría acapare el 90% de la riqueza del planeta? Y la pregunta clave: si la gente es tan lista, ¿por qué se deja gobernar por un puñado de mediocres?

Que nadie se me ofenda, pero la verdad es que generaciones enteras llevamos siendo completamente adoctrinadas y embrutecidas, hasta haber conseguido que vivamos un vacío intelectual y unos niveles de ignorancia que nos han conducido a una indiferencia generalizada. Ante esto, ¿qué se puede esperar?

Esta es la verdad incómoda que nadie quiere reconocer. Mientras no la reconozcamos, no seremos conscientes del verdadero poder que tenemos si nos unimos. Por cierto, “unidos” significa “juntos”, que no “revueltos”. Podemos ser diferentes, pensar diferente y unirnos para evitar ser gobernados por nadie, ya que el error más grande que ha cometido el ser humano ha sido el de dejarse gobernar. 

20 enero 2026

DE DÓNDE VENIMOS Y HACIA DÓNDE VAMOS

El ser humano es un ser limitado: tiene un principio (nacimiento) y un final (la muerte). Lo mismo le ocurre como especie: tuvo un origen y tendrá un final. Como ser inteligente que es, para comprender todo lo que le rodea se hace preguntas y necesita respuestas, y si no las encuentra, las inventa. Es por esto que ha creado un sistema social-político-económico (obviamente imperfecto) para dar respuesta a sus preguntas, cubrir sus necesidades y desarrollar sus inquietudes.

Dado que para el ser humano todo tiene un principio y un final, lo primero es ver de dónde venimos.

El origen de todo.

Hasta la fecha, la teoría del “Big Bang” es la más plausible a la hora de explicar el origen del universo. Según esta teoría, el universo se formó a partir de un estado extremadamente caliente y denso hace unos 13.800 millones de años. En ese momento, el espacio y el tiempo empezaron a expandirse.

A medida que el universo se fue enfriando comenzaron a formarse las primeras partículas elementales, luego los átomos, y millones de años después las primeras estrellas y galaxias.

Como parte de este proceso, una nube de gas y polvo dio origen al Sistema Solar, donde apareció la Tierra hace unos 4.600 millones de años. Al inicio era una masa caliente y fundida, pero con el tiempo se fue enfriando, dando paso a la formación de la corteza terrestre, los océanos y la atmósfera. Unos 800 millones de años después de su formación surgieron las primeras formas de vida. Inicialmente aparecieron organismos simples, pero según fue pasando el tiempo (millones de años) la vida evolucionó y se diversificó, dando origen a plantas, animales y, mucho más tarde, el hombre.

Aparición del hombre.

El ser humano viene de un largo proceso evolutivo que tuvo lugar en África hace unos 300.000 años. Al principio vivía como cazador-recolector, usando herramientas de piedra y desarrollando el lenguaje, el arte y formas básicas de organización social, hasta llegar a crear sociedades complejas y organizadas.

Hace tan sólo unos 10.000 años comenzó la revolución agrícola, lo que permitió el sedentarismo y el surgimiento de aldeas, ciudades y, en definitiva, las primeras civilizaciones. Es a partir de entonces cuando surgen ciudades, gobiernos, leyes, escritura, comercio y avances científicos y culturales.

Surgimiento de los imperios.

Los imperios surgieron cuando algunas sociedades expandieron su poder político, militar y económico sobre amplios territorios. Los primeros aparecieron en la Antigüedad, como los imperios mesopotámico, egipcio, persa, chino y romano. Durante la Edad Media destacaron los imperios bizantino, islámico y mongol. Más tarde, en la Edad Moderna, los imperios europeos (español, portugués, británico, francés) se expandieron por América, África y Asia gracias a la exploración y la colonización.

En los siglos XIX y XX, los imperios fueron colapsando por guerras, movimientos independentistas y cambios políticos. Hoy en día ya no existen imperios tradicionales, pero algunas potencias ejercen influencia global económica, política, cultural y, por qué no decirlo, armamentística, marcando una nueva forma de poder en el mundo contemporáneo.

Llegada de la tecnología.

Podría decirse que el actual imperio que domina el mundo es el “imperio de la tecnología”. Este no es un imperio tradicional con territorios y ejércitos, sino una forma de poder global basada en el conocimiento, la innovación y el control de la información.

Su origen se remonta a la Revolución Industrial, pero es a finales del siglo XX cuando se consolidó con la llegada de la informática, Internet y el desarrollo de las telecomunicaciones. En la actualidad, grandes empresas tecnológicas han adquirido una enorme influencia y poder sobre la economía, la política, la cultura y la vida cotidiana en cada rincón del planeta.

Hoy en día la tecnología conecta al mundo, impulsa avances científicos y mejora la calidad de vida, pero también genera desafíos como la dependencia digital, la pérdida de privacidad, la vigilancia masiva, la desigualdad tecnológica y el impacto ambiental. Obviamente, este “imperio” sigue creciendo y transformando la sociedad a escala global. Lo que no sabemos es si será para bien o para mal.

Irrupción de la inteligencia artificial (IA).

El último avance tecnológico es eso que se ha dado en llamar IA. Su poder radica en su capacidad para analizar grandes cantidades de datos, aprender de la experiencia, tomar decisiones o hacer predicciones con gran rapidez y precisión. A diferencia de otras tecnologías, la IA no sólo ejecuta instrucciones, sino que puede adaptarse y mejorar.

Hoy en día la IA influye en casi todos los ámbitos de nuestra vida: salud, economía, educación, comunicación, ciencia, seguridad, etc. También ha aumentado la productividad, acelerado nuevos descubrimientos y transformado la forma en que trabajamos y vivimos.

Sin embargo, su poder también plantea retos importantes como la ética, el control, la privacidad, el impacto en el empleo y el riesgo de un uso irresponsable por parte de los de siempre. De hecho, el verdadero desafío no es sólo desarrollar la IA, sino dónde está el límite. O dicho de otra manera: hacer un uso adecuado para que beneficie a toda la humanidad y no la esclavice al servicio de unos pocos.

Hacia dónde vamos.

En los últimos años la tecnología ha transformado profundamente la sociedad. En la actualidad, la humanidad vive en un mundo globalizado con grandes progresos, pero también se enfrenta a desafíos antes inimaginables, como el que representa la IA y, sobre todo, la inminente llegada del transhumanismo.

Transhumanismo.

El FEM es el mayor defensor del transhumanismo que, evidentemente, tiene también sus detractores. El futuro de una humanidad transhumanista no es único ni lineal, sino un abanico de escenarios posibles que dependen del desarrollo de nuevas tecnologías y de las decisiones políticas, éticas y culturales que se tomen en los próximos años.

A grandes rasgos, se pueden identificar tres horizontes principales:

Escenario optimista.

En este escenario el transhumanismo ampliaría las capacidades humanas sin perder valores fundamentales: podría mejorar cognitivamente al ser humano mediante interfaces “cerebro–máquina”, eliminar enfermedades y retrasar o eliminar el envejecimiento. En definitiva, una humanidad más longeva, creativa y con más libertad para decidir qué quiere ser.

Escenario intermedio.

Aquí el transhumanismo avanza de forma asimétrica, presentando un futuro desigual y fragmentado. Esto podría abrir una brecha biotecnológica, enfrentando a humanos “mejorados” con los “no mejorados”. En este escenario el ser humano perdería su significado, puesto que se podría rediseñar.

Escenario crítico.

Sería un futuro fuera de control. El desarrollo de la IA superaría nuestra capacidad ética y política para gestionarlo. Los implantes o sistemas neuronales conectados y las modificaciones irreversibles tendrían consecuencias biológicas y psicológicas graves. Finalmente, depender de sistemas que no comprendemos ni controlamos completamente haría una humanidad subordinada a su propia creación. En este escenario la humanidad perderá todo su sentido.

La humanidad dentro de un millón de años.

Un millón de años geológicamente hablando no es nada, pero a escala humana es una barbaridad. Imaginar a la humanidad dentro de un millón de años es pensar en escalas evolutivas cósmicas. En ese horizonte, casi todo lo que hoy consideramos humano habrá cambiado, se habrá transformado o desaparecido.

Dentro de un millón de años es muy poco probable que exista una sola humanidad. Nos habremos adaptado biológica o artificialmente a distintos mundos. Tendremos mentes digitalizadas o híbridas, e identidades distribuidas en múltiples soportes. Aquí, “vivir” no significará tener un cuerpo físico, sino persistir como patrón de información. La conciencia podría estar integrada en estructuras estelares. Habremos colonizado otras dimensiones. Podríamos manipular procesos cósmicos a gran escala, e incluso utilizar agujeros negros como computadoras o fuentes de energía. Por imaginar que no quede

Pero también existe la opción más simple y factible: la humanidad ya no existe, se extinguió. La Tierra sigue adelante sin nosotros y otras formas de inteligencia han ocupado nuestro lugar.

Lo que sí es seguro, es que si algo del ser humano sobrevive un millón de años no se parecerá ni por lo más remoto a su origen.

Mientras tanto, nosotros preocupados por los “aranceles de Donald Trump”, el “deshielo de los casquetes polares” y los “pedos de las vacas”. 

10 enero 2026

LOS GOBIERNOS SIEMPRE HAN SIDO Y SERÁN DICTATORIALES

Cada país, Estado o nación está regido por un gobierno. Independientemente de su estructura política –democrática, monárquica, republicana, régimen socialista, comunista o fascista- el gobierno es intrínsecamente dictatorial. Y es dictatorial, porque los gobiernos no están constituidos por una mayoría, sino por una minoría que da lugar a un gobierno oligárquico. Por lo tanto, un gobierno estrictamente autocrático por naturaleza y totalitario en la ejecución de sus leyes y mandatos tiene que ser a la fuerza dictatorial sí o sí.

Seamos serios. Cualquier gobierno, sea del color que sea, no es otra cosa que una dictadura absolutista, por mucho que nos quieran convencer de que sólo es el representante del pueblo soberano. Todos, absolutamente todos gobiernos son regímenes tiránicos sin más. No existen gobiernos buenos y gobiernos malos, ya que todos, sin excepción, son tiránicos y su única función es la esclavitud de las masas. Y mientras las masas aborregadas no entiendan esto, seguirán obedeciendo sin rechistar los mandatos de los gobiernos tiránicos. Mientras, las élites disfrutan encantadas del lujo, la riqueza y el poder. Así es como realmente funciona el mundo. Todo lo demás, cantos de sirenas al Sol para mantener idiotizado al “populacho”.

Lo paradójico del caso, es que es la misma sociedad la que está empeñada en mantener a toda costa su propia esclavitud. Lo digo porque, en pleno siglo XXI, seguir dependiendo de las ocurrencias de nuestros gobernantes es absurdo. Y es aún más absurdo si esos gobernantes son elegidos por el pueblo entre los candidatos de partidos políticos corruptos a través de elecciones amañadas.

El acto de votar es en sí mismo un engañabobos. Es una estafa, creada por la clase dominante, para hacer creer a los ingenuos que son ellos los que tienen la potestad de poner y quitar al gobierno. Sinceramente, llegar a pensar tal cosa es tan pueril que da vergüenza ajena.

Los gobiernos –peleles a las órdenes de los verdaderos dueños del mundo- están compuestos por una estirpe de políticos parásitos que viven a costa de los demás, y cuya única función es robar al pueblo con el engaño de los impuestos.

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que sólo unos pocos banqueros y grandes inversores, interconectados entre sí, son los que controlan la economía mundial? BlackRock, Vanguard Group, State Street y Fidelity -llamados coloquialmente “los cuatro grandes”- son los que están detrás de los principales bancos globales y detrás de las principales corporaciones. Obviamente, si controlan la economía mundial también controlan a buena parte de los gobiernos, que son los que a su vez nos controlan a nosotros a través de leyes, normas y, sobre todo, a través del miedo.

El miedo es una herramienta que viene en nuestro ADN. Esta herramienta nos permite ser conscientes de los riesgos y peligros que existen a nuestro alrededor y es esencial para sobrevivir. Pero también es una herramienta utilizada por el poder para manejarnos y manipularnos. Bueno, pues este es el contexto en el que nos encontramos ahora mismo.

Aunque el miedo siempre ha sido la herramienta preferida por el poder para doblegar a las masas, nunca se había utilizado de la manera tan escandalosa como ahora. La falsa pandemia, el engaño del “cambio climático” antropogénico, las inagotables crisis económicas provocadas y la infinidad de tragedias contadas a diario por los medios de comunicación mantienen amedrentada y paralizada a la población. Y es que atemorizar a las masas es la estrategia más utilizada para convencer a la gente de que acepte cualquier ocurrencia del gobierno. Obviamente, si está asustada consentirá lo que sea con tal de volver a encontrar esa falsa ilusión de seguridad en la que cree que vive gracias al gobierno. 

Es incuestionable que a raíz de la falsa pandemia se están implementando las locuras y ocurrencias más distópicas y dispares disfrazadas de progreso. Se trata de toda una serie de nuevas ideas políticas y nuevas “ideologías destrozalotodo” que se están imponiendo al unísono en todo el mundo.

El lenguaje inclusivo, los cambios en el idioma por motivos ideológicos o la multitud de categorías de identidad (género, orientación sexual, etc.) están confundiendo a la población más joven (y no tan joven). También se está implementando la “cultura de la cancelación”: se censura todo aquello que no esté en sintonía con el relato oficial y se considera delito de odio. Luego están las nuevas políticas radicales sostenibles (climáticas, medioambientales, energéticas, etc.) que están encareciendo la vida de la gente y haciendo que su poder adquisitivo se esfume por el retrete. En fin, toda una retahíla de sandeces, a cual mayor, para seguir manteniendo al “populacho” en su sitio.

Aunque bien es verdad que la LIBERTAD con mayúsculas nunca ha existido, parece que la gente haya perdido la memoria. Ha olvidado lo libre que éramos antes de la llegada de toda esta nueva “cultura del progreso”. Pero mucho me temo que para cuando se de cuenta será demasiado tarde.

Cada día son más los ciudadanos de todo el mundo que están desilusionados con su gobierno. Sin embargo, permanecen en silencio, apáticos, como si con ellos no fuera la cosa. Ni siquiera son capaces de hablar de ello, pues tienen miedo al rechazo social o a ser etiquetados con alguno de esos epítetos despectivos de moda para desacreditar a cualquiera que se atreva a discrepar.

La manera de controlar a las masas ha cambiado. Antes los gobiernos imponían sus mandatos mediante la fuerza; ahora lo hacen a través del control mental. La televisión y los teléfonos móviles son las dos armas más poderosas contra la población para el control mental. A través de estas herramientas nos cuentan la “realidad” que han diseñado para nosotros, fabrican nuestros pensamientos y forman nuestras opiniones. De hecho, han conseguido polarizar a la sociedad en dos bandos irreconciliables, y una sociedad dividida es una sociedad vencida.  En fin, es patético ver como la gente no hace otra cosa que chupar series (sutil adoctrinamiento) en televisión o deambular por todas partes con la mirada puesta constantemente en su teléfono móvil, sin el que ya no sabe hacer nada. Luego está el dinero fiduciario, que no tiene valor alguno pero cumple su función: esclavizarnos a un trabajo de por vida.

Personalmente, no me cabe la menor duda de que todos los gobiernos son dictatoriales y no deberían existir. Sin embargo, no creo que la gente siquiera se lo plantee.

Obviamente, sólo nosotros somos los culpables de haber llegado a esta situación: nos hemos instalado en una supuesta comodidad, hemos antepuesto una falsa seguridad a cambio de nuestra libertad e ido cediendo voluntariamente poder a los corruptos gobiernos. Entonces, ¿de qué nos quejamos? 

30 diciembre 2025

LA MEDICINA COMO CIENCIA, NEGOCIO Y ALGO MÁS

Como todos los años por estas fechas, los medios de comunicación vuelven a utilizar todo su poder propagandístico para amedrentar a la población con la llegada de la incombustible gripe (bueno, excepto en el año del Covid que desapareció por arte de magia).

Este año, la Junta de Andalucía ha habilitado unos “vacunódromos” en los centros comerciales para que la gente se pinche a discreción. Es decir, que cualquiera que pase por allí puede recibir un “medicamento” -que no ha sido recetado por ningún facultativo y sin el consentimiento informado- sólo porque se lo ha dicho la televisión. ¿De verdad esto es serio?

En la actualidad, la devoción incondicional a los médicos y a la medicina, en general, no es discutible y menos en los tiempos que corren. Lo vimos durante la falsa pandemia, donde cualquiera que tuviera una opinión diferente a la establecida por la OMS -aunque fuera un Premio Nobel y lo demostrara con datos- era denostado, tachado de negacioncita y condenado al ostracismo.

Sin embargo, durante siglos hemos visto como la medicina oficial tradicional ha defendido intervenciones que, lejos de sanar, han causado sufrimiento inútil, discapacidad parcial o total y, lamentablemente, la muerte de muchos pacientes. Desde las lobotomías practicadas para tratar trastornos psiquiátricos hasta la inhalación de mercurio para curar la sífilis, la historia de la medicina está plagada de tratamientos peligrosos que antaño se consideraron grandes avances y que hoy en día han sido reconocidos como “erróneos”, por decirlo de una manera suave.

Por desgracia, la lista de “errores médicos” mortales ha sido, y sigue siendo aún en nuestros días, larga y preocupante. Las sangrías practicadas a los pacientes para drenar la “sangre mala”, la recomendación del consumo de cigarrillos como remedio para curar el asma o las sesiones de quimioterapia de hoy en día para tratar el cáncer no fueron ni son tratamientos exitosos contrastados, sino aberraciones médicas sin más. Pero como estos tratamientos son abalados por la “sacrosanta medicina” los aceptamos sin rechistar, entre otras cosas, porque no nos ofrecen otras alternativas.

Seamos rigurosos. La medicina convencional no cura prácticamente nada. Esto no lo digo yo, lo dice algún que otro médico valiente como el Dr. Mario Alonso Puig, cirujano cardiovascular: “En medicina solucionamos pocas cosas. A los médicos no nos gusta reconocerlo, y no es agradable, pero resolver resolvemos pocas cosas. Lo que la medicina contemporánea hace es cronificar las enfermedades, pero curar, lo que realmente se dice curar, es decir, el concepto hipocrático de curar una enfermedad: las infecciosas y la cirugía. Lo demás, lo que vemos en los hospitales cada día en todas las especialidades, básicamente son enfermedades crónicas en las que el médico no ha curado a un solo paciente en 40 años de actividad médica profesional. En cardiología, reumatología o endocrinología lo único que hacemos es cronificar la vida de las personas o alargarla con buena calidad –eso está bien- pero no curamos”.

Los “errores” cometidos por la medicina durante lustros no fueron experimentos fallidos sin más, sino la aplicación de protocolos avalados por instituciones y universidades prestigiosas. Pero, ¡oh, sorpresa! Resulta que todos estos protocolos tuvieron un mismo denominador común: el incentivo financiero. Por cierto, incentivo financiero que ha prevalecido hasta nuestros días, anteponiéndose a la ética y a la evidencia científica.

No es ningún secreto que la industria farmacéutica oculta gran parte de los riesgos de los medicamentos, ya que en la mayoría de los casos no se realizan los ensayos suficientes o se ignoran los resultados adversos. También es una realidad que se soborna a los reguladores y se unta a los médicos. Por consiguiente, una medicina anclada en el lucro no es muy de fiar que digamos, ¿no crees?

Todos sabemos que no hay dos personas iguales en todo el mundo, y lo mismo sucede con cada organismo. Por lo tanto, bajo mi punto de vista (que bien puede estar equivocado), aplicar el mismo “brebaje” para todos -como en el caso de las vacunas- no sé si puede ser una irresponsabilidad mayúscula por parte de la profesión médica, pero lo que sí es un inmenso negocio que, por desgracia, está anteponiendo el lucro a la salud del paciente.

La medicina no es una ciencia exacta, sino empírica, lo que implica que no es infalible. Esto supone que cualquier tratamiento estandarizado de hoy puede convertirse en un escándalo mayúsculo el día de mañana, como lleva ocurriendo desde los orígenes de la medicina moderna. Por lo tanto, si las mismas instituciones que antaño avalaron tratamientos erróneos ahora promueven quimioterapias, antidepresivos y vacunas de ARNm, ¿no deberíamos considerarlo antes de aceptarlo sin más? 

Lo que pasó hace cinco años ha abierto los ojos a muchas personas, que vieron cómo se aplicaron unos protocolos que se contradecían un día sí y el otro también. Esto ha generado desconfianza hacia el colectivo médico, hacia las agencias reguladoras de medicamentos y, sobre todo, hacia el Ministerio de Sanidad, que fue en última instancia el que ordenó su aplicación. Por cierto, conviene recordar que durante la falsa pandemia el, por entonces, Ministro de Sanidad, Salvador Illa, arengó y coaccionó a la población para que se vacunara contra el Covid-19. Posteriormente, reconoció que él no se había vacunado. ¡Increíble! ¿Verdad? Pues bien. En recompensa a lo “aportado a la causa”, este señor es hoy el Presidente de la Generalitat de Cataluña.

Hay una cosa incuestionable: cuando los gobiernos corruptos -a las órdenes de la todopoderosa industria farmacéutica- dictan los medicamentos que debemos tomar, es seguro que no se trata de priorizar la verdadera curación, sino de lucro y/o alguna que otra cosa más oscura y diabólica.

No sé si será casualidad, pero día tras día nuestros políticos, economistas y medios de comunicación nos bombardean constantemente con propaganda como esta: “La economía no puede soportar la cantidad de jubilados del baby boom”. “El sistema de pensiones es insostenible”. Los ancianos son un colectivo improductivo que sólo genera gastos a la sociedad”.

Evidentemente, un anciano que recibe este tipo de mensaje se asusta, y un anciano asustado es una bomba de relojería a punto de explotar. Si a eso le sumamos que todos los años por estas fechas el gobierno vuelve a colocar la mascarilla obligatoria en hospitales y centros de salud, el miedo está asegurado. De hecho, los ancianos (y algunos no tan ancianos) andan con la mascarilla por la calle como pollos sin cabeza y acuden a los “vacunódromos” incesantemente a recibir su dosis de no sé qué “producto mágico” que le va a proteger, pero que en realidad no le protege de nada pues sigue enfermando igual.

Utilicemos el sentido común. Resulta que si alguien tiene un problema de salud, como, por ejemplo una arritmia cardiaca, debe esperar semanas o meses hasta que consigue una cita con el cardiólogo. Si este decide que le tiene que operar, ingresará en una larga lista de espera -que suele ser de varios meses- hasta la realización de la intervención. Sin embargo, cíclicamente las Consejerías de Sanidad de las diferentes Comunidades Autónomas envían un mensaje al teléfono móvil de cada ciudadano mayor de 60 años, comunicándole que puede acudir -sin cita previa- a su Centro de Salud para dispensarle un “tratamiento” inmediato (vacuna). Dicho “tratamiento” es para combatir una enfermedad que no tiene ni sabe siquiera si la va a tener. O sea, que cuando estamos realmente enfermos no nos hacen ni puñetero caso, pero se preocupan mucho por nuestra salud cuando estamos sanos. Conclusión, es bastante estúpido creer que esta gente se preocupa verdaderamente por nuestra salud, ¿no crees?

La vacuna de la gripe fue desarrollada por Thomas Francis Jr. y aprobada en 1945 en Estados Unidos para uso militar (por cierto, todo lo que tenga que ver con los militares debería ponernos en guardia). Luego se extendió a la población civil. Pero a partir de 1947, se “descubrió” que el virus de la gripe “cambia” constantemente, y se decidió que para que la vacuna fuera efectiva debería actualizarse anualmente. Y he aquí que desde entonces la gente no hace más que vacunarse y, sin embargo, cada año hay más y más gripe. La pregunta es: si el virus de la gripe “cambia” cada año ¿son verdaderamente efectivas las vacunas para atacar un virus mutante? Y la más preocupante: ¿por qué ese interés en vacunar, vacunar y volver a vacunar?

Seamos realistas. En estos tiempos distópicos la medicina ha dejado de ser ciencia para pasar a ser una pseudociencia. Ha convertido la enfermedad en un gigantesco negocio. Y lo más preocupante: está siendo utilizada por el poder como herramienta de control, manipulación y algo más oscuro y diabólico que no sabemos pero intuimos.

¿Recuerdas el vídeo que más se vio en redes sociales, durante la falsa pandemia, donde una mujer médico iba decidiendo en un hospital quien vivía y quien moría? ¡Cuidado con lo que estamos aceptando!

En la actualidad, vacunas de ARNm, tratamientos a base de quimioterapia y todo tipo de medicamentos son experimentados con nosotros en aras a procurar mejorar la salud en el mundo. Sin embargo, a pesar de todos los adelantos y esfuerzos realizados en este sentido la población de hoy en día es la más enferma de la historia de la humanidad. Entonces, ¿cómo se come esto?

Es evidente que medicina, lucro y poder no ligan bien. Por lo tanto, la medicina nunca será de fiar mientras no sea totalmente independiente. Esto no quita que sigamos acudiendo a la medicina para resolver nuestros problemas de salud, pero deberíamos ser más críticos y luchar por una medicina independiente.

20 diciembre 2025

INTELIGENCIA ARTIFICIAL: UN MONSTRUO CREADO PARA CULMINAR LA TOMA DE CONTROL DE LA HUMANIDAD

A raíz de las distópicas sandeces aceptadas mayoritariamente por la población mundial durante la falsa pandemia, se ha ido confeccionando todo un entramado de medidas de control, las cuales traerán, no tardando mucho, la esclavitud total de la humanidad. Y aunque la mayoría de la gente ni siquiera es consciente de ello, estas medidas ya han sido votadas, aprobadas y puestas en marcha en prácticamente todos los países del mundo. Sólo es cuestión de tiempo para que veamos su verdadera intención.

Con la llegada de la inteligencia artificial (IA) el proceso se ha acelerado de una manera exponencial. Y es que nos han convencido de que la IA hará un mundo mejor. Sin embargo, la IA –que bien podría ayudar a la humanidad en tareas burocráticas rutinarias- no es más que un lavado de cerebro y adoctrinamiento propagandístico, cuyo objetivo es convertir a los humanos en inútiles.

La IA está sustituyendo el talento natural por el “copia y pega”, además de ser una herramienta de control extremadamente eficiente. Aquí reside su verdadero valor para los oligarcas, que han visto en ella el “santo grial” para llevar a cabo su agenda de despoblación, control y esclavización total.

La UE acaba de lanzar la identidad digital y el euro digital para que los ciudadanos europeos puedan identificarse, compartir datos y hacer transacciones de forma rápida y segura (eso afirman). Pero tanto la identidad digital como el euro digital programable son dos caras de la misma falsa moneda: una identifica y controla, la otra permite o prohíbe existir económicamente.

Oficialmente, tanto la identificación digital como el euro digital se nos venden como nuevas herramientas tecnológicas que simplificarán y harán más cómoda y segura la vida de los ciudadanos. Sin embargo, la realidad es que estas herramientas fusionarán todas las facetas de nuestra existencia: nuestra salud, dinero, crédito social, viajes, huella de carbono personal, vacunas, situación fiscal, etc. Obviamente, a partir de que estas nuevas tecnologías entren en funcionamiento todo se volverá controlable y programable.

Si esto se llegara a implementar -y se implementará, no me cabe la menor duda- un simple exceso en cualquiera de las infinitas restricciones que tendremos que soportar (sanitarias, climáticas, alimentarias,…) bastaría para bloquear cualquier transacción económica que quisiéramos hacer en ese momento. Si, por ejemplo, nos hemos excedido en la cuota de CO₂ que tenemos asignada para cada mes o hemos generado más residuos del cupo que tenemos establecido, podría ser que al ir a cargar el coche eléctrico la máquina expendedora rechazara la operación. En definitiva, todo un nuevo control social totalitario -adornado de comodidad- del que no podremos escapar.

Mientras la gente está distraída con toda una sarta de sandeces, a cada cual más estúpida, está pasando por alto el tema más crucial de nuestras vidas: la usurpación de todo cuanto confiere a nuestra existencia.

La identidad digital dará paso al confinamiento algorítmico y al encarcelamiento tecnocrático digital. Esto supone el fin de la libertad, la propiedad privada y muy posiblemente el fin de la humanidad tal como la conocemos. Por consiguiente, nos convertiremos en esclavos a perpetuidad de una clase dominante tecnocrática miserable.

No nos equivoquemos, esto no es progreso, sino un cambio radical para mantener a raya a la sociedad. Lo que estamos viviendo no es más que la culminación inminente de un plan llevado a cabo por las élites durante generaciones para la dominación global, y la tecnología se lo ha puesto a huevo.

Desde la aparición de la tecnología la humanidad está siendo controlada por un sinfín de nuevas herramientas cada vez más sofisticadas. Pero permitir la identificación digital, el dinero digital y la digitalización de todo lo que nos rodea representa el mayor riesgo al que nos enfrentamos. Si lo consiguen, todo lo demás resultará irrelevante, ya que el control total estará asegurado y no habrá vuelta atrás.

Esto no es una teoría de la conspiración, sino una conspiración real en toda regla contra la humanidad. La única solución reside en que emerja una masa crítica suficiente de personas que tomen conciencia de no someterse ni obedecer. Sólo de esta manera los gobiernos y la clase dominante dejarían de oprimir a las masas. Evidentemente, esto no implica la participación de todos, pero sí el de un número suficiente de personas valientes que lleven a cabo la acción unánime de desobedecer. Porque si esto se llegara a producir, ten por seguro que inmediatamente después este movimiento sería secundado por las masas.

¿Difícil? Pues claro que sí, ya que deshacerse de la manipulación, las ideologías y la propaganda que durante siglos hemos sufrido no parece tarea fácil. Sin embargo, debo decir que nunca ha habido un despertar de la gente como ahora. Creo que esa masa crítica de personas despiertas ya existe y es suficiente. Sólo necesitan salir de su zona de confort y el coraje necesario para pasar a la acción, porque el tiempo se acaba.

Se trata de que esa masa crítica de personas valientes (cientos de millones) empiece a ignorar, desobedecer y no acatar ningún mandato o ley del gobierno que atente contra la integridad de las personas y la verdadera libertad. ¡Nada de identificación digital! ¡Nada de dinero digital! ¡Nada de agenda verde! ¡Nada de vacunas obligatorias! ¡Nada de mandatos climáticos! ¡Nada de tiranías sanitarias! ¡Nada de estúpidas guerras! ¡Nada de armas de destrucción masiva! ¡Nada de votar a partidos políticos!... Si esta resistencia fuera capaz de mantener su postura el tiempo necesario se lograría parar esta locura.

Luego, claro está, si no queremos volver al punto de partida deberíamos deshacernos del Estado y del sistema monetario y financiero de los bancos, cosa crucial para cambiar de paradigma. Esto no tiene por qué implicar renunciar a las cosas que funcionan. Pero no abolir el Estado por completo, con todo su poder, significaría volver a claudicar por cobardía, ignorancia o indiferencia.

Todos aquellos que pasan de estos temas no son conscientes de que estamos a punto de quedarnos sin nada. No saben que si no reaccionamos ahora el futuro que nos espera será convertirnos en humanoides totalmente dependientes de la tecnología. Y no es que la tecnología sea mala, al contrario, es una herramienta muy útil para el hombre. Pero digitalizarlo todo es un peligro para nuestra autonomía. La decisión es nuestra y sólo nuestra: vivir en libertad, o vivir en una cárcel digital sin rejas de la que no podremos escapar.

Pero ahora intenta explícaselo tú a toda esa gente que anda enganchada a la IA, que ya no sabe ni quiere vivir sin ella.

10 diciembre 2025

LA SUPUESTA SOBERANÍA DEL PUEBLO RADICA ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE EN VOTAR Y MANIFESTARSE: ESE ES TODO SU PODER

Desde el origen de las primeras civilizaciones, las masas pretenden librarse del dominio que ejercen los “tíos listos” sobre ellas repitiendo una y otra vez los mismos patrones y obteniendo los mismos nefastos resultados: acentuar aún más su esclavitud.

La respuesta de las masas ante la tiranía es a todas luces irracional, ya que si te quejas de tu esclavitud al amo no esperarás que sea el amo el que te libere de la esclavitud a la que él mismo te somete. O dicho de otra manera, si el amo vive de tu esclavitud, ¿cómo puedes ser tan ingenuo de creer que va a ser él quien te libere de ella?

Durante los últimos 14 años, he tratado de transmitir -en este blog y en el anteriormente censurado- la idea de que no se puede salir del estado de opresión a la que nos tiene sometido el gobierno solicitándoselo al mismo gobierno. Y aunque entiendo que el gobierno es sólo un simple títere a las órdenes de los verdaderos amos del mundo, sin embargo, es el encargado de mantener a raya al proletariado.

Hay un hecho incontestable: la total sumisión de la humanidad ante el poder, aceptando incondicionalmente la esclavitud como su destino final, es una realidad de hoy, de ayer y de siempre.

Hoy en día el principal problema en el mundo es la obediencia. Sí, has leído bien, ese es nuestro mayor problema. En todos los países del mundo la gente es obediente. Es obediente frente a la injusticia, el abuso de poder, el hambre o la estupidez. Las cárceles están llenas de “pequeños ladrones y asesinos” (digámoslo así, sin querer restarle importancia) mientras los grandes ladrones y asesinos de masas no sólo no están en la cárcel, sino que gobiernan el mundo. La obediencia es de tal calado, que millones de personas se dejan la vida en guerras que ni les van ni les vienen por obedecer los dictados de sus gobiernos.

El lavado de cerebro llevado a cabo de las sucesivas generaciones, unido al adoctrinamiento ejercido en las aulas y la propaganda emitida por los medios de comunicación han dado sus frutos. El resultado: un embrutecimiento generalizado de las masas, para que nunca se revelen contra la élite y todos los intentos de rebelión sean parados por el gobierno.

Según el artículo 1.2 de la Constitución Española, la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. Sin embargo, hoy en día el supuesto poder del pueblo se reduce a dos acciones que son totalmente absurdas: votar y manifestarse. De hecho, votar implica “elegir” a un nuevo amo cada cuatro años, y manifestarse, la manera más estúpida de concentrar todo nuestro desacuerdo en un punto y acción determinada, donde, evidentemente, el poder puede controlarlo y desactivarlo. Por consiguiente, votando y manifestándonos no cambiamos nada, sólo cambiamos de amo esperando ingenuamente un resultado diferente.

Es por esta razón por la que el globalismo tiene prácticamente todas las papeletas para triunfar, ya que esperar que la gente despierte del letargo en el que lleva sumida desde tiempos inmemoriales es de una ingenuidad supina, dada su contrastada complicidad con el sistema.

Generalmente, el descontento de la gente con sus gobernantes suele ser manifiesto por razones obvias (el gobierno siempre oprime al pueblo). Sin embargo, una y otra vez pretende “derrocar” al gobierno de turno reemplazándolo por otro idéntico -con déspotas diferentes- sin cambiar un ápice el régimen oligárquico. Por lo que reemplazar a unos gobernantes por otros, con la esperanza de mejorar nuestras expectativas, es a todas luces una insensatez y una estupidez como la copa de un pino.

Vamos a ver. ¿Por qué crees que la mayoría de las democracias occidentales están ancladas en el bipartidismo? Pues, sencillamente, porque el bipartidismo es un único partido. En España PP y PSOE, en EEUU demócratas y republicanos o en Reino Unido laboristas y conservadores son el mismo partido, eso sí, con diferente nombre e ideología para engañar al “populacho”. La supuesta polarización “izquierda” vs “derecha” no es más que una maniobra política para la división permanente de la sociedad y hacer más fácil el trabajo de los políticos.

Querer acabar con el sistema haciendo siempre lo mismo es perder el tiempo. Porque reemplazar un gobierno criminal por otro del mismo pelaje no conduce a nada. Si verdaderamente quisiéramos acabar de una vez por todas con el sistema tendríamos que empezar por eliminar todos los gobiernos.

Sólo si una mayoría lo suficientemente grande decidiera no obedecer, y rechazar por completo el cumplimiento de cualquier mandato gubernamental, se obtendría la libertad ante la tiranía de los gobiernos y los oligarcas que los sustentan.

No hace falta ser muy despierto para saber quiénes nos están exprimiendo hasta la extenuación. No, no son alienígenas ni tampoco seres con poderes sobrenaturales. Nuestros dueños son de carne y hueso. Se sientan en los consejos de administración de los grandes bancos y las grandes corporaciones. Son los que dan las órdenes a los gobiernos peleles, que ellos mismos han colocado, para que emitan decretos y promulguen leyes a su favor y no al nuestro, arrebatándonos el fruto de nuestro trabajo y nuestras libertades.

Sólo cuando descubramos -probablemente con sorpresa y amargura- cuán engañados estamos y cuán vanas son todas esas doctrinas, creencias e ideologías que otros nos imponen, tendremos alguna posibilidad de dejar de ser esclavos. Se trata de deshacernos de todo ese ruido, que no es más que un engañabobos, y descubrir que nos bastamos nosotros solitos para decidir cómo queremos vivir.

Nuestros dueños han conseguido que la inmensa mayoría de las personas de este hermoso planeta vivamos permanentemente asustadas, enfadadas o atormentadas. Desde la más tierna infancia somos víctimas del miedo, la ansiedad, la ira, la envidia, la desesperación o la paranoia que el sistema nos infunde. Pero no sólo somos víctimas a veces, sino constantemente. O como diría José Mota: “no pa un rato, sino pa siempre”. Esto hace que un número muy elevado de personas acuda a las urnas o a las manifestaciones con la ingenua creencia de que puede cambiar las cosas.

Es evidente que sólo los ingenuos todavía no se han dado cuenta de que votar no sirve para nada y que la agitación social, la protesta y las manifestaciones tampoco sirven para nada. Y es que en lo que respecta al gobierno y al Estado, nada debe creerse ni debe aceptarse sin más. Todo debe ser cuestionado y mayormente desobedecido. Pero me temo que eso es solamente una ilusión. 

ESPAÑA: EL PAÍS DE “PEPE GOTERA Y OTILIO: CHAPUZAS A DOMICILIO”

La única manifestación a escala nacional de “orgullo español”, que yo recuerde, fue cuando España ganó el mundial de futbol en 2010. Por cie...