20 octubre 2026

UN MUNDO DONDE LA MONEDA DE CAMBIO FUESE EL TIEMPO

En un mundo sin dinero fiduciario (dinero inventado que no está respaldado por nada), donde el tiempo fuese la moneda de cambio, la economía se alinearía con el único recurso democrático real y limitado que todas las personas poseemos por igual al nacer. Es de esta manera como se conseguiría una sociedad con igualdad real entre los seres humanos. Y aunque bien es verdad que tampoco sería una sociedad perfecta, pues el ser humano no lo es, sí sería infinitamente más justa que la actual.

En una sociedad donde el tiempo fuese la moneda de cambio cada ciudadano al nacer registraría una cuenta en el Banco Central de Tiempo. Este banco tendría la capacidad de gestionar todas las transacciones económicas y hacer préstamos de tiempo para acometer proyectos o necesidades.

Es evidente que en una economía sin dinero fiduciario nadie podría acumular un capital desmedido a costa de los demás, ya que nadie dispone más que de 24 horas al día, limitándose así la codicia de forma natural. Obviamente, la pobreza también desaparecería, pues todo el mundo dispone de tiempo.

El precio de un producto o servicio se calcularía estrictamente por las horas de trabajo humano y dedicación que costó producirlo. Al costar tiempo, las industrias ancladas en el lucro y la obsolescencia programada no tendrían razón de ser, dando paso a productos duraderos de más calidad.

Las nuevas tecnologías harían que las tareas monótonas y repetitivas se automatizaran. Esto permitiría que las personas trabajasen sólo las horas necesarias para cubrir sus necesidades, pues no habría manera real de hacerse rico, ya que la única forma de justificar lo que tienes es el tiempo empleado en conseguirlo.

Aprender un idioma, recibir clases de piano o formarse en cualquier área se pagaría directamente intercambiando horas de conocimiento mutuo entre ciudadanos.

Las personas más inteligentes ya no se dedicarían especular y amasar fortunas, sino a reflexionar, a engrandecer la cultura o aportar sus ideas a la ciencia.

Al desaparecer las deudas monetarias y la presión del crecimiento económico infinito del actual sistema, la ansiedad social se reduciría drásticamente.

Tampoco existiría la inflación, ya que un trabajo de carpintería de 4 horas costaría exactamente 4 horas y un servicio de salud de 1 hora contaría 1 hora. Y tanto si con el tiempo se excediera o limitara su duración, el coste seguiría siendo el mismo que se excediera o limitara.

Obviamente, en un sistema donde el tiempo fuese la moneda de cambio las leyes, el gobierno y el Estado deberían rediseñarse por completo, acabando para siempre con la casta parásita de políticos y los banqueros chupasangres.

Para evitar que surjan especuladores de tiempo, la norma establecería la prohibición del cobro de intereses sobre el tiempo prestado, ya que no se puede crear tiempo de la nada. Por lo tanto, si el Banco de Tiempo te presta 10 horas para un proyecto personal, devuelves exactamente 10 horas.

La educación ya no se enfocaría en preparar a la gente para competir en un mercado laboral para ganar dinero, sino en adquirir herramientas para optimizar el tiempo personal y, en consecuencia, el tiempo colectivo.

En este modelo la vejez no representaría una carga económica para el Estado ni una etapa de precariedad. Durante toda la vida laboral, una pequeña fracción del tiempo de cada ciudadano pasaría a un fondo común gestionado por el Banco Central del Tiempo. Al llegar a la edad de jubilación (por ejemplo, 60 años), el Estado garantizaría una “pensión de horas” que les permitiría acceder a cualquier servicio sin necesidad de volver a trabajar.

La vivienda y la tierra dejarían de ser activos para la especulación financiera y pasarían a ser considerados derechos fundamentales y bienes de uso público. En este sistema, es imposible que alguien se vuelva terrateniente o que compre barrios enteros para encarecer el alquiler, ya que nadie posee más tiempo vital que otro para acumular propiedades de forma desproporcionada.

El dinero fiduciario es deuda; el dinero tiempo no. Por lo tanto, al eliminarse el dinero tradicional los países ya no acumularían deuda.

Es un hecho que el sistema actual se ha apropiado de nuestro tiempo, y cuando más bajo estás en el escalafón social, menos tiempo tienes para ti. Por lo tanto, en el actual sistema el tiempo se ha convertido en un lujo de clases. Sin embargo, en un sistema donde la moneda de cambio fuese el tiempo esto no pasaría.

Veamos ahora un pequeño ejemplo de cómo funcionaría.

Imagina que una persona necesita una cirugía. Desde la consulta inicial hasta finalizada la cirugía el proceso tiene una duración de 5 horas. Obviamente, esa persona no paga la intervención con dinero, sino que transfiere de su cuenta de tiempo 5 horas al centro médico que le atendió.

Y ahora la pregunta que muchos se harán: ¿Por qué este sistema sería más justo que el actual? Pues porque una hora de un consejero delegado de una empresa valdría exactamente lo mismo que una hora de un trabajador. En este sistema no habría profesiones superiores que desvaloren a otros seres humanos, ya que el tiempo es el mismo para todos.

Sí, ya sé que llevar una cosa así a la práctica no es tarea fácil. Yo sólo he expuesto unas pinceladas, a modo de idea, que personas más capacitadas podrían desarrollar. Incluso la misma IA podría hacerlo. De hecho, a lo largo de la historia ha habido montones de proyectos en este sentido que, por lo que todos imaginamos, nunca se llevaron a cabo. Así que no pienses que es imposible o una idea descabellada, ya que no hay nada imposible. Lo que sucede, es que los dueños del sistema actual no quieren oír hablar de cambio alguno: a ellos les va muy bien así y no tienen intención de cambiar.

No lo dudes. El tiempo es el bien más valioso que tiene el ser humano y, a la vez, el más infravalorado en la sociedad actual. Sin embargo, no debemos olvidar que el tiempo ha sido, es y será nuestra verdadera moneda de cambio personal, puesto que cuando pagamos con dinero estamos pagando realmente con el tiempo que nos costó conseguirlo. Por lo tanto, no es ilusorio pensar que algún día el sistema monetario fiduciario desaparecerá dando paso al sistema monetario tiempo. ¿Por qué no?

10 octubre 2026

¿DE VERDAD NOS HEMOS VUELTO TAN IMBÉCILES?

En los últimos años alguien está poniendo el mundo patas arriba. Los gobiernos ya no gobiernan; delinquen. Los médicos ya no curan; hacen de la enfermedad un negocio. Los jueces ya no juzgan; manipulan la justicia. Los científicos ya no hacen ciencia; hacen pseudociencia. Los medios de comunicación ya no informan; desinforman. Las religiones ya no predican amor, sino odio….. Y así podríamos seguir con una lista interminable.

¿Te has parado a pensar en que todo lo que nos enseñaron desde pequeñitos puede que sea una gran mentira? Hay una evidencia: la gente que se atreve a cuestionar las cosas llega a la conclusión de que absolutamente todo nuestro sistema esta cimentado sobre mentiras. Da igual por donde empieces (Estado, gobierno, democracia, sistema financiero,….), todo es una farsa. Y los acontecimientos que estamos viviendo últimamente, como la reciente “pandemia”, el cambio climático antropogénico, la invasión de Ceuta o cualquiera de las guerras actuales, más de lo mismo.

Todo lo que nos contaron sobre la necesidad incuestionable de someternos a un gobierno, sobre la función que desempeña el sistema financiero, sobre el papel del Estado, incluso sobre la libertad que supuestamente disfrutamos en las democracias occidentales son flagrantes mentiras. Mentiras, por otra parte, que nos fueron inculcadas por padres y educadores sin ser conscientes de que nos contaban una milonga. Sin embargo, estas mentiras son mantenidas y acrecentadas por políticos y medios de comunicación a sabiendas de que son mentiras.

La realidad es que estamos gobernados por una panda de plutócratas, agencias gubernamentales y poderosos lobbies bancarios que manipulan el mundo con total impunidad.

En el transcurso del tiempo, una banda de banqueros internacionales ha creado un sistema de control financiero privado para dominar la política de cada país y la economía mundial. Familias de banqueros como los Rothschild, Morgan, Warburg, etc., junto con la masonería y otras organizaciones nada transparentes como el Club Bilderberg, el CFR o el Club de Roma, han establecido un cártel financiero y de poder internacional durante los últimos 200 años.

Siendo los amos del dinero -tomándose muy en serio el lema de “quien controla el dinero gobierna el mundo”- se han hecho los dueños de los respectivos gobiernos que manejan a su antojo.

Los amos del mundo han creado una sociedad disfuncional, donde si no cumples con los estándares establecidos -trabajar y consumir toda una gama de productos innecesarios- eres considerado “persona non grata”, por decirlo de una manera suave. Nos han programado para competir con nuestros semejantes y para que nuestra vida sea un cúmulo de metas profesionales y económicas, donde el fin último es la acumulación de bienes materiales. Luego, cuando te mueres, todas esas metas que conseguiste y los bienes materiales que acumulaste se quedan aquí. Lo único bueno que dejas –si es que lo dejas- es tu legado del conocimiento; el resto, un montón de cosas superfluas. Así que la pregunta es: ¿merece la pena tanto esfuerzo?

La mayoría de la gente que peina canas sabe por experiencia propia que esta es una forma de vida demencial que, sin embargo, se ha extendido por todo el mundo. Porque disfrutar de la vida –y cuando hablo de disfrutar de la vida no me estoy refiriendo a viajar en un crucero de lujo, etc.- no requiere ningún esfuerzo. Basta con deleitarse con las experiencias sensoriales que nos brinda la vida en cada momento, disfrutar de las maravillas de este extraordinario planeta azul y compartir conocimiento y alegría con nuestros semejantes.

Cuando tienes salud, familia y amigos que te quieren, una actividad provechosa y ningún conflicto es que la vida no te va nada mal. Entonces, ¿por qué se empeñan en convencernos de todo lo contrario?

El día que dejemos de escuchar en nuestra mente todas esas retahílas programadas sobre el éxito, la competitividad, la codicia y el miedo a todo lo que no se encuentre dentro de nuestra zona de confort es cuando realmente empezaremos a vivir. Porque la vida no es más que eso que sentimos cada mañana al despertar, y no una programación continua de nuestro tiempo, por parte de otros, que es lo más valioso que tenemos en esta vida.

La nuestra es una civilización profundamente enferma. Una civilización donde se le ha dado la vuelta a todo: hombres que ahora son mujeres y viceversa o delincuentes que tienen derechos y víctimas que no los tienen.

Veamos, a modo de ejemplo, el reciente caso de la invasión de Ceuta. En Ceuta los invasores son protegidos por el gobierno que sufrió la invasión y sus gobernados, los Ceutíes, abandonados a su suerte. Y lo más incongruente: el país invadido da las gracias al país invasor y tilda de fascistas y xenófobos a los invadidos que piden una solución. Esta es la locura a la que hemos llegado en una sociedad distópica, donde se le ha dado la vuelta a todo.

La pregunta es: ¿cómo ha sido posible esto? Pues mediante la contaminación de nuestras mentes a través del relato. Porque quien controla el relato controla nuestro pensamiento; quien controla nuestro pensamiento controla nuestro comportamiento; y quien controla nuestro comportamiento influye en nuestras opiniones, estado de ánimo y, por supuesto, en nuestros miedos. Por lo tanto, llegar a ejercer una influencia de la percepción del mundo que nos rodea se ha convertido en la manera más sutil de ejercer el poder. Por cierto, esto lo hace de maravilla nuestro Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez.

Pero las cosas son de esta manera porque la mayoría de la gente ha aceptado voluntariamente la esclavitud, ya que el ser humano es el único animal en la naturaleza que se deja gobernar. La absurda idea de elegir un amo que le controle y domine es lo mejor que ha podido salir de su cabecita. Obviamente, es el gobierno quien desempeña el papel de amo. Por lo tanto, la sumisión al gobierno, y el voto para legitimarlo, hace responsables de la situación actual a todos aquellos que siguen estas prácticas. Y lo más incongruente. Si lo han querido así ellos mismos, ¿de qué coños se quejan?

El “populacho” –pobre e ignorante- parece empeñado en su propia desgracia. Ha perdido su dignidad dejándose despojar de su riqueza y su libertad sin la más mínima resistencia. Y aunque bien es verdad que desde tiempos inmemoriales ha sido pobre e ignorante, es a partir del Covid-19 cuando, además, se ha vuelto extremadamente imbécil. Y así no hay manera. 

30 septiembre 2026

¿CRISIS DE VIVIENDA EN ESPAÑA? ¿QUÉ CRISIS?

Lo primero que hay que aclarar es que las crisis no existen; se crean o se inventan. Eso es todo.

Oficialmente, el supuesto problema de la vivienda en España se ha calificado recientemente como una “crisis de vivienda” que, para algunos, lleva enquistada desde hace décadas.

Según datos oficiales, en España faltan viviendas porque no se construye. Y las pocas que hay a disposición de los usuarios, no propietarios, son de mala calidad, lo que supone un problema para las nuevas generaciones que quieren independizarse de sus padres.

Tratar el supuesto problema de la vivienda como un tema difícil de resolver es de una simpleza tal que denota una ignorancia completa sobre la cuestión o una maldad como la copa de un pino.

La primera premisa falsa es que en España no hay viviendas suficientes para albergar a su población y que, por lo tanto, hacen falta viviendas.

Según los últimos datos oficiales del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, en España hay más de 27 millones de viviendas, de las cuales 20 millones son residencia habitual y 7 millones tienen otro uso como segundas residencias, pisos turísticos o viviendas vacías.

Si España tiene una población de 49 millones de habitantes, estamos hablando de que correspondería una vivienda por cada 1,8 habitantes. Eso, se pongan como se pongan los agoreros, no es una escasez de vivienda, y más cuando el Instituto Nacional de Estadística sitúa el tamaño medio del hogar en España en 2,5 personas por vivienda: el 28% de una persona, el 29% de dos personas y el resto de tres, cuatro o más personas.

Aquí hay algo que no cuadra, porque si fuese verdad que existe escasez de viviendas lo lógico sería que los emprendedores no dejasen escapar semejante oportunidad de hacer negocio y se pusieran a construir como locos. ¿Y por qué no lo hacen? Una de dos: o bien porque han hecho un estudio del mercado y saben que no van a tener compradores con suficiente poder adquisitivo, o alguien les está poniendo demasiadas trabas. Probablemente una mezcla de las dos.

La segunda premisa falsa es que la vivienda en España es cara. Si lo comparamos con otros países, España es el país donde la vivienda es más barata: el precio medio de la vivienda en España es de 183.000 €, mientras que en Alemania es de 276.000 €, en Francia 285.000 €, Inglaterra 300.000 £ y EEUU 400.000 $.

Y la Tercera premisa –esta no es falsa- es que la vivienda es un bien de primera necesidad. Pues claro que es un bien de primera necesidad como lo son la luz, el gas, el agua, los alimentos, la sanidad, los combustibles, etc.

Veamos. La gente se queja de que no puede comprar o alquilar una vivienda. También se queja de que no puede comprar suficiente carne o pescado para tener una fuente de proteínas adecuada. Lo mismo ocurre con la energía: o come o paga el recibo de la luz. Tampoco puede llenar el depósito de combustible de su coche. Y, sobre todo, se queja de que con los precios actuales no llega a fin de mes.

Pues bien. Dicho esto, está claro que el problema, entonces, no es la vivienda; haberlas haylas. No es la luz; hay energía de sobra. No son los alimentos; las estanterías de los supermercados están llenas. El problema, señores, es la pobreza.

Según las series históricas del Instituto Nacional de Estadística, la inflación acumulada en España desde 1970 hasta la actualidad supera el 2.500%. Esto significa que el coste de la vida se ha multiplicado de forma muy notable, requiriendo más cantidad de dinero para mantener el mismo poder adquisitivo.

Este es el verdadero problema: los precios suben desproporcionadamente con arreglo a los salarios.

El sueldo medio neto de un trabajador en España está en 1.840 €/mes. Evidentemente, este sueldo da para sobrevivir y no para hacer demasiadas florituras. Pero la cosa no se queda ahí. Resulta que el 37% de los trabajadores en España cobra el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que es de 1.221 € brutos por 14 pagas; es decir 1.424,50 € al mes. ¿De verdad alguien puede comprar una vivienda, pagar alquiler, luz, gas, agua, echar gasolina al coche, vestir y comer con estos ingresos? Está claro que con este salario pocos planes de futuro se pueden hacer.

Es evidente que una persona con unos ingresos como, por ejemplo, los de un diputado (entre 6.000 y 12.000 euros al mes) no tendrá problemas para comprar o alquilar una vivienda. Sin embargo, con unos ingresos de 1.424,50 € (SMI) sí. Entonces, yo me pregunto: ¿es que sus señorías son idiotas y creen que todo se arregla con una ley? Pues no, sus señorías no son idiotas, los idiotas son los que acamparon en la Puerta del Sol creyendo que una ley les sacará de la pobreza.

¡Señores! Si es que siempre se trata de lo mismo: riqueza y pobreza.

No le des más vueltas. Por mucho Real Decreto que promulgue nuestro Gobierno no va a sacar de la pobreza a esa gente que nunca podrá comprar una vivienda digna o pagar un alquiler en buenas condiciones. Les engañarán, y al final pagarán el pato tanto los arrendatarios como los arrendadores.

Pera terminar una última pregunta: ¿La supuesta falta de vivienda no tendrá que ver con una inmigración desmesurada de casi 10 millones de personas? A ver, estás personas tendrán que pernoctar en algún sitio; vamos, digo yo, y España no tiene tantas playas del Trampolín para albergarlas. Y no, no es un comentario xenófobo ni racista ni gaitas. Es simplemente una pincelada satírica. Que con el nivel del personal todo hay que explicarlo, ¡coño! 

20 septiembre 2026

“CUANDO TODOS PIENSAN IGUAL ES QUE NADIE ESTÁ PENSANDO”

Esta frase, atribuida al periodista y pensador, Walter Lippmann, significa que pensar, fundamentalmente, es cuestionar. Por consiguiente, no hay cuestionamiento sin pensamiento. Y el poder lo sabe.

Fuera de convencionalismos, el mundo en el que vivimos la inmensa mayoría de los mortales es una prisión sin rejas, donde nuestra celda es nuestro propio país, nuestro Estado.

Curiosamente, las celdas no son gratis, ya que los ocupantes tenemos que pagar la estancia a través de los llamados impuestos. Esos impuestos los pagamos a fondo perdido, pues no recuperamos en servicios ni la cuarta parte de lo que pagamos. Obviamente, antes de pagar impuestos necesitamos trabajar para ganar el dinero que luego pagamos al “Estado prisión”.

Por supuesto, nadie puede salir de la prisión, sólo cambiar de celda; es decir, ir a otro país para seguir trabajando y continuar pagando impuestos.

Para que nunca lleguemos a darnos cuenta de esta realidad la prisión nos ofrece todo un abanico de productos inútiles de consumo, terribles noticias para que nos sintamos unos “privilegiados” de estar bajo el cobijo del “Estado prisión”, ocio con el que distraernos de nuestra miserable vida y entretenimiento para que nunca descubramos que estamos presos.

Bien es verdad que, aunque muy pocos, hay algunos prisioneros que son conscientes de que están encerrados: se les llama disidentes o antisistema, y si persisten en sus ideas se les confina en mazmorras más pequeñas.

Pero hay algo muchísimo peor que todo lo expuesto anteriormente: la prisión está dirigida y controlada por los llamados “presos de confianza”, puestos ahí por los dueños de la prisión. Es decir, presos que ejercen de carceleros para el resto de reclusos a cambio de ciertos privilegios.

Para que la prisión funcione es necesario que los presidiarios seamos ignorantes, débiles mentales y estúpidos, sobre todo muy estúpidos. De esta manera nunca descubriremos que somos reclusos.

Pues bien. A esta situación hemos llegado porque la mayoría de nosotros nos hemos convertido en pensadores acríticos que ya ni siquiera pensamos. Y lo que es aún peor: somos tan dependientes de “papá Estado” que no podemos ni sabemos actuar fuera de él.

Estar constantemente pendiente de los múltiples medios de comunicación atrofia el cerebro y llena la cabeza, de los que siguen estas prácticas, de sandeces.  Obviamente, esto tiene un objetivo: anular el pensamiento propio.

La adicción a las noticias, a las redes sociales, a las series de televisión, al fútbol y, en general, a todo aquello que no requiera el esfuerzo de pensar se ha puesto de moda.

Hoy en día si no estás constantemente entretenido es que estás aburrido, cosa que en nuestras sociedades modernas -como también se dice del “cambio climático”- mata. Eso es lo que nos venden desde el poder. Sin embargo, es en el aburrimiento donde germina el pensamiento.

Un buen libro puede ser de gran ayuda, pero, a su vez, puede impedir reflexionar si lo único que nos aporta es el pensamiento de su autor. Por consiguiente, leer libros, por muy buenos que sean, puede ser un freno del pensamiento propio, pues, al final, nuestro pensamiento es contaminado por el pensamiento de otro.

Para los consumidores compulsivos de libros esto que acabo de decir les parecerá un sacrilegio. Y no digo yo que no lo sea. Sin embargo, creo que de vez en cuando es conveniente hacer un ayuno literario para dejar de absorber los pensamientos de otros y así poder centrarnos exclusivamente en los nuestros.

Ojo, no estoy diciendo que no se deba leer. Al contrario, hay que leer. Pero igual que hay un tiempo para leer, debería haber un tiempo para pensar y reflexionar.

La sociedad moderna ha eliminado al individuo generando una mentalidad de rebaño basada en la conformidad y la obediencia. De hecho, el pensamiento independiente ha desaparecido, siendo reemplazado por el pensamiento de masas. Es por esta razón por la que nadie discrepa y sólo repite lo que oye en los medios de comunicación.

Sinceramente, creo que la mayoría no es consciente de que somos peleles manejados por el sistema. Todo comienza con la entrega de nuestros hijos al Estado para que los eduque. Allí son adoctrinados y se les enseña a no pensar ni cuestionar, sino a repetir, obedecer y a aceptar. Obviamente, este es el origen de la mediocridad de la mayoría de nosotros, donde una mente secuestrada conduce a una vida enjaulada y a una esclavitud garantizada.

El resultado de embrutecer y lavar el cerebro a una generación tras otra nos ha conducido a una sociedad del miedo y la ignorancia, donde la mediocridad estandarizada se ha impuesto. Obviamente, con la llegada de la tecnología la situación ha empeorado sustancialmente, ya que la digitalización total de todo cuanto acontece en nuestras vidas, abanderada por la IA, ha permitido que el dominio del poder se haya expandido hasta controlar a miles de millones de personas sin la menor resistencia. Y no sólo eso, sino que la inmensa mayoría está encantada “disfrutando” de esta “maravillosa tecnología”.

Evidentemente, esta tiranía ha sido posible gracias al embrutecimiento, lavado de cerebro y adoctrinamiento de la población durante generaciones. De hecho, la población sigue apoyando este sistema, votando en cada elección como si no hubiera un mañana, sin ser consciente de que está legitimando su propia esclavitud.

Nos guste o no, formamos parte de una sociedad donde nadie aprende a pensar, sino qué pensar. Y en una sociedad así la estupidez se ha disparado y expandido como una enfermedad infecciosa.

Mientras no seamos conscientes de que los gobiernos no están para protegernos, sino para subyugarnos y explotarnos, nunca saldremos de esta prisión. Pero no se trata de manifestarnos contra el gobierno de turno, ya que ningún gobierno teme una protesta pacífica. El gobierno lo que verdaderamente teme es que millones de ciudadanos empiecen a pensar por sí mismos, que se organicen en base a sus recursos y sean independientes del sistema.

Sí, ya sé lo que piensas, que es prácticamente imposible. Yo también lo creo, aunque tenía que decirlo. Pero recuerda que jamás ha venido ningún político a salvarnos. Por consiguiente, sólo nosotros podemos hacerlo.

10 septiembre 2026

¿ES MARRUECOS REALMENTE UNA AMENAZA PARA ESPAÑA?

Según el último barómetro del Real Instituto Elcano, más del 60% de los españoles ven a Marruecos como una amenaza real para España.

Desde su independencia, en 1956, Marruecos ha estado amenazando sistemáticamente la unidad, soberanía e integridad territorial Española. Por lo tanto, es imprescindible reconocer dicha amenaza, a fin de poder hacerle frente como es debido. Y esto ha de hacerse más pronto que tarde, o tendremos serios problemas antes de lo que pensamos.

A día de hoy, la diferencia entre Marruecos y España, tanto a nivel económico como militar, es abrumadoramente favorable a España. Pero esto puede cambiar, dado el interés que EEUU e Israel han tomando por Marruecos, poniendo en marcha una cooperación en materia militar, tecnológica y de inteligencia.

Veamos. Económicamente, el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita de España es de 34.500 €, mientras que el de Marruecos se sitúa en torno a los 4.000 €. El PIB Anual de España es de 1,68 billones de euros, frente a los 148.000 millones de euros de Marruecos. Y, por último, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en España se sitúa en 1.425 € mensuales y el de Marruecos en 285 €.

Militarmente, España supera ampliamente a Marruecos. Además, España posee tecnología avanzada y mayor poder naval. Sin embargo, Marruecos cuenta con un mayor volumen de efectivos y material terrestre pesado. El presupuesto de defensa de España llega a los 35.000 millones de euros, con unos 117.000 efectivos activos. El de Marruecos es de 22.000 millones de dólares (una cantidad extraordinaria para una economía con tantas necesidades por cubrir), con unos 200.000 efectivos activos. En el Ranking Global, según datos del Global Firepower, España ocupa el puesto 18 mundial y Marruecos el 56.

Si nos atenemos a los hechos, es cierto que Marruecos se está convirtiendo en una potencia militar en el Magreb. De hecho, en estos últimos años Rabat está llevando a cabo una seria apuesta por mejorar sus capacidades militares, en todos los terrenos, con la adquisición de cazas F-16, helicópteros Apache, carros de combate M1 Abrams, sistema de defensa antiaérea Patriot, misiles aire-aire AMRAAM de Raytheon AIM-120, drones MQ-9 Reaper, sin descartar una futura adquisición de los muy avanzados cazas F-35.

La pregunta es: ¿ese rearme es una amenaza para España? La mayoría de los analistas piensan que no, que es para protegerse de Argelia. Pero yo no lo tengo tan claro, y creo que nuestro Gobierno y nuestras fuerzas armadas tampoco deberían descartarlo.

Aunque, según los expertos, Ceuta y Melilla son militarmente indefendibles ante un ataque de Marruecos, sin embargo, esto no es razón para tener una frontera de chichinabo, a la que se puede acceder sin la menor resistencia.

Marruecos, objetivamente hablando, lleva tiempo ejerciendo una política de intimidación permanente contra España. Llevó a cabo una guerra de agresión en la Guerra de Ifni (1957-58), una guerra de agresión contra el Sáhara Occidental con la Marcha Verde (1975) y está llevando una agresión permanente con las mareas humanas que lanza sobre Ceuta, Melilla y Canarias. ¿Y cuál ha sido la respuesta de España? La de siempre: no hacer nada o mirar para otro lado.

Las concesiones de Sánchez a Marruecos (no sabemos si por el espionaje de Pegasus u otras razones “monetarias”) ha hecho que Marruecos siga con su plan de reclamar la soberanía de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. España (mejor dicho, Sánchez) al asumir en 2022 la postura de Rabat sobre el Sahara Occidental ha dado pie al país vecino a venirse arriba y reclamar todo cuanto se le antoja.

Obviamente, el fortalecimiento internacional de Marruecos no significa necesariamente que Rabat vaya a acometer un conflicto por las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Pero sí cambia el escenario en el que España debe gestionar su relación con su vecino del sur.

A día de hoy, Marruecos afronta la actual crisis de Ceuta desde una posición internacional mucho más consolidada que la que tenía hace años. De hecho, Rabat ha conseguido sumar apoyos de países europeos y americanos a su propuesta de autonomía sobre el Sáhara Occidental, como los de EEUU, Francia o Reino Unido. Y ahí reside la clave de este nuevo escenario: Marruecos tiene más aliados y se siente más respaldado a la hora de reclamar sus absurdas reivindicaciones.

Esta enésima invasión (que no crisis migratoria) ha puesto de manifiesto que nuestro vecino del sur no es nada fiable, por lo tanto, nuestras relaciones con él deben replantearse.  Es un hecho que la política de concesiones y de evitar confrontaciones con Marruecos ha sido un verdadero fracaso. Del mismo modo, también fue un gravísimo error modificar la posición española sobre el Sáhara Occidental. Fracasos y errores que ahora estamos pagando.

Lo sucedido a finales de julio en Ceuta debe ser un punto de inflexión para regresar a unas posiciones previas y replantearnos, de una vez por todas, la relación de vecindad con Marruecos.

El problema es que hoy en día no se puede confiar en los acuerdos a los que puedan llegar un régimen dictatorial, como el de Mohamed VI, y un Gobierno corrupto (el de Pedro Sánchez), sin olvidarnos de los actores más poderosos que siempre actúan entre bastidores y son los que al final tienen la última palabra. Eso si no se ha pactado ya una cosoberanía, y todo lo que estamos viendo no es más que una pantomima para que la ciudadanía vaya poco a poco asimilándolo.

Mientras tanto, el problema de Ceuta sigue enquistado no tiene indicios de mejorar.

Todo el mundo es consciente de que a esta situación se ha llegado porque el Gobierno Español lo ha querido así. Porque ni leyes que prohíben las devoluciones en caliente ni gaitas: las leyes se pueden cambiar.

Por otra parte, diez mil personas necesitan comer y beber todos los días. Si llevan más de 40 días en Ceuta es porque alguien les está alimentando. Simplemente con que el Gobierno hubiese dicho (mintiendo, naturalmente –no sería la primera vez-) que no tiene capacidad para acometer la manutención de semejante número de personas, los invasores, ellos solitos, en 48 horas se hubiesen vuelto por donde han venido.

Pero, claro, decir algo así te convierte en un fascista, racista, xenófobo y todas las etiquetas que te quieran colocar todos esos que se creen moralmente superiores a los demás, siempre hablando de derechos humanos. Y yo pregunto: ¿dónde están los derechos de los ceutíes? ¿Por qué nadie los defiende?

Acabamos de ver como el partido Alternativa por Alemania (AfD) -catalogado por todos los progres y medios de comunicación afines como de extrema derecha- ha ganado por goleada (44,5% de los votos) en Sajonia.

Veamos. Este partido lleva en su programa que no quiere más inmigrantes ilegales; que no va a seguir financiando a Ucrania en una guerra que ni le va ni le viene; que quiere retomar las relaciones con Rusia para que vuelva a venderle gas y petróleo barato; que apuesta por volver a la energía nuclear para asegurar energéticamente su industria y que está harto de las políticas verdes de la UE que no le ha traído a Alemania más que problemas y, por consiguiente, creen que estarían mejor fuera de ella.

Pues este programa lo tilda la progresía de fascismo. Incluso se atreven a decir que los de AfD son peores que Hitler. Lo más grotesco, es que están insultando a un número muy elevado de alemanes a los cuales no les tiene ningún respeto. Porque si han votado a AfD, será porque están de acuerdo con su programa. ¿Qué pasa? ¿Es que ahora todo aquel no tenga una ideología de izquierdas es un fascista y no nos habíamos enterado?

Volviendo a Ceuta, nuestro Gobierno vuelve a jugar con el lenguaje. Esto no es para nada una crisis migratoria. Es una invasión en toda regla, tal y como reconoció el propio Sánchez el primer día. Y al invasor no se le alimenta ni se le da cobijo, se le expulsa y punto.

Pero ahora explícaselo tú a toda esa gente que se deja comer el coco por una panda de políticos sátrapas salvapatrias, a los cuales los ceutíes y todos los demás les importamos una mierda.

A la pregunta de si Marruecos es una amenaza para España la respuesta es que de momento no, pero no me cabe la menor duda de que, en un futuro no muy lejano, lo será.

Espero equivocarme. Pero para eso tendrían que cambiar mucho las cosas. 

31 agosto 2026

NO HAY UN SER MÁS ESTÚPIDO SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA QUE UN SOLDADITO

Si el “populacho”, la plebe, la masa (llámalo como quieras) se negara a luchar en cualquier guerra, ninguna guerra podría llevarse a cabo. Obviamente, no soy ningún ingenuo y no creo que el “populacho” llegue algún día a actuar de forma tan sensata, pero si lo hiciera la guerra desaparecería de nuestras vidas para siempre. Y desaparecería, porque no creo que la élite dominante y sus vasallos políticos marioneta fueran a coger un fusil para matarse entre ellos. Por lo tanto, sin soldaditos jamás habría ninguna guerra.

El soldadito no nace, se hace. El culto masivo al nacionalismo, inculcado a las masas desde la más tierna infancia, sirve para engañar a los ingenuos que creen que luchan para defender su patria, cuando en realidad no es su patria, sino un territorio que tiene dueño, y ese dueño no somos nosotros. Así que esos soldaditos -tan patriotas ellos- están dejándose matar por los intereses de otros, no por los suyos. Por cierto, son los mismos soldaditos ingenuos que aún no se han enterado de que ninguna sociedad ha sido libre, y nunca lo será, mientras existan soldaditos a las órdenes del poder.

La esencia de la guerra no es otra que la de mantener el poder y la riqueza de la élite dominante sobre todos los demás. De hecho, la guerra en sí es una trágica tomadura de pelo. Siempre es causada por la codicia de una insignificante minoría, pero consigue involucrar a las masas de idiotas de naciones enteras. Las guerras son provocadas y perpetradas únicamente por quien ostenta el poder, utilizando al “populacho” como carne de cañón. Por consiguiente, cualquier guerra es terrible e innecesaria para los intereses del “populacho”.

¿Alguna vez en la historia de la humanidad la guerra ha solucionado algo? Desde luego que no. La guerra sólo genera odio y maldad. Lo mires desde el punto de vista que lo mires es una locura. La guerra no trae la paz, sino que genera más odio y más guerras. Si verdaderamente generase la paz, hace tiempo que no habría ninguna guerra. Pero no es así, sino todo lo contrario. Ignorar esta realidad es la causa de que los soldaditos sigan colaborando en estas masacres que acrecientan la tiranía y el robo de la riqueza de todos nosotros.

No seamos ingenuos. La guerra siempre es contra nosotros, sobre todo contra los niños inocentes y los ancianos vulnerables. Por mucho que se repita que en las guerras de ahora no se atacan objetivos civiles, no es verdad. Porque, ¿qué es una central eléctrica o una planta desalinizadora? ¿Qué es un puente, un viaducto o un gaseoducto? Destruir estos objetivos sólo tiene un fin: elevar la tasa de mortalidad por el colapso de las infraestructuras necesarias para la vida de la población.

Pero los soldaditos, ingenuos y obedientes, dicen que matan a sus semejantes porque reciben órdenes de sus superiores, no por voluntad propia. Ellos no se cuestionan nada, obedecen y punto. Y todo para que los ricos se hagan cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Esta es la cruda realidad que no ven o no quieren ver. Sin embargo, esa obediencia no les exime de ser tan culpables como los que dan las órdenes.

En el mundo de hoy la guerra sigue estando presente por todas partes. Hoy en día el Presidente de EEUU, Donald Trump, y el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, son los responsables de casi todas las guerras actuales en el mundo, incluyendo, por supuesto, la de Irán y Ucrania. Obviamente, ellos no están al mando, sino que son simples marionetas del verdadero poder, haciendo todo aquello que se les ha encomendado.

Pero mientras lanzan sus bombas a diestro y siniestro, mientras amenazan con aniquilar culturas enteras, mientras cortan el suministro energético a los ciudadanos indefensos y mientras provocan hambrunas, inflación y devastación por doquier, hay algo que personalmente me indigna: ¿dónde está la respuesta de la sociedad civil? Como siempre, en ninguna parte.

La sociedad civil debe, de una vez por todas, dejar de aportar el recurso principal indispensable para poder llevar a cabo cualquier guerra: los soldaditos. Porque nunca nos libraremos de nuestras cadenas mientras haya soldaditos dispuestos a asesinar a sus semejantes y a dejarse matar por defender los intereses de los oligarcas.

Las guerras de hoy en día no siempre enfrentan directamente a un ejército contra otro, sin embargo, hacen el mismo daño o superior. Hoy tenemos operaciones de falsa bandera para crear conflictos y cambiar de régimen a voluntad. Tenemos la guerra económica, donde se manipulan los mercados. La guerra biológica, de la que apenas sabemos nada. La climática, donde se llega a provocar todo tipo de catástrofes (sequías, inundaciones, incendios,…). Y la última tendencia: la guerra tecnológico-digital, que acabará haciéndonos prisioneros a todos.

Por supuesto, esto no es sólo lo que está sucediendo. A esto tenemos que sumarle la corrupción y la maldad cada vez mayor de la élite dominante, que supera con creces lo que la imaginación de la mayoría pueda elucubrar. Y aunque, ciertamente, en las guerras siempre ha habido matanza de inocentes, ahora mismo el alcance y la velocidad de esta locura no tiene parangón (Gaza, Ucrania, Irán,…). Pero lo más preocupante, es que las cosas no sólo no tienen el menor atisbo de mejorar, sino de empeorar, independientemente de la escoria que esté al mando.

Piénsalo. Si los soldaditos dejaran de alistarse en el ejército, o incumplieran la obligatoriedad de hacerlo, en los países donde se requiere, la vida cambiaría drásticamente para mejor. Porque si verdaderamente el pueblo llegara algún día a negarse a formar parte de ningún ejército (todos los ejércitos son genocidas y han sido adiestrados para asesinar) el panorama político se transformaría debilitando la estructura de poder. Porque sin el respaldo del ejército el poder no es nada. Obviamente, no espero que este mensaje cale en una ciudadanía cada vez más estúpida, obediente y acomodada. Además, ya da igual, dado que pronto los soldaditos serán sustituidos por robots dirigidos por IA.

Para terminar quiero ratificar el título de este artículo a sabiendas de que voy a herir susceptibilidades: sí, no hay un ser más estúpido en la faz de la tierra que un soldadito. Y aunque la mayoría de soldaditos digan que se alistan en el ejército para ganarse la vida (asesinando), no tiene justificación alguna. Para eso mejor enrolarse en la mafia: el trabajo es el mismo, pero paga mejor. 

20 agosto 2026

CONTROL MENTAL Y VIGILANCIA MASIVA

Si hablas con la gente, y le dices que no es el creador de sus pensamientos y sentimientos, lo más probable es que te mande por ahí a regar. Sin embargo, no sé por qué la gente no entiende lo fácil que resulta el control mental.

Básicamente, el control mental se fundamenta en introducir en la mente de una persona una idea cualquiera y repetirla tantas veces como sea necesario hasta que esté consolidada en la mente del receptor. Obviamente, cuanto más joven sea esa persona y más repeticiones reciba el éxito estará más que asegurado. De ahí que los gobiernos escolaricen a los niños en edades cada vez más tempranas.

El sistema educativo está diseñado para embrutecer a los niños. El objetivo final es crear niños totalmente dependientes del sistema, para que no puedan subsistir de forma independiente. Por consiguiente, los niños privados de sus habilidades naturales se convertirán en adultos sin habilidades para vivir fuera del sistema. Y de eso se trata.

La percepción del mundo que nos rodea y las verdades absolutas que defendemos con vehemencia son simplemente ideas introducidas en nuestras mentes, ya que la verdad absoluta no existe: simplemente es una idea o un concepto al que estuvimos o estamos expuestos.

Así es como funciona el control mental, con el que se puede hacer que la gente crea absolutamente cualquier cosa. Sandeces como el cambio climático antropogénico, la ideología de género (y de cualquier otro tipo) o la necesidad de tener que doblegarnos a un gobierno y sus estúpidas leyes, son consecuencia del control mental al que estamos sometidos desde que nacemos. También hoy en día es consecuencia del control mental confundir a los niños respecto a su sexualidad, hasta el punto de que voluntariamente se ofrezcan a ser sometidos a una castración química o quirúrgica.

Pero las narrativas repetitivas no sólo determinan lo que creemos, sino también las ideas que defendemos. Cuanto más repetitiva sea la narrativa, más inestables se sentirán las personas si se las cuestiona y, por lo tanto, con mayor vehemencia defenderán sus creencias. 

Lo más habitual, es que las ideas que nos inculcan durante la infancia y la adolescencia rijan nuestra vida para siempre, salvo raras excepciones. De hecho, muchas de esas ideas –convertidas en creencias inamovibles- destruyen y arrasan nuestro entorno más cercano sin que seamos capaces de verlo. Pues eso es, precisamente, consecuencia del control mental. Obviamente, la élite dominante lo sabe, pero me temo que nosotros no. Por consiguiente, eso nos coloca en clara desventaja y es la clave para que nos pastoreen como a verdaderos borregos.

Por si no fuera suficiente, ahora han surgido todo tipo de herramientas que hacen imposible escapar del control mental.

La mayoría de la gente cree que el teléfono móvil, la televisión, los medios de comunicación y la IA están ahí para hacernos la vida más cómoda e informarnos y protegernos de posibles abusos. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Concretamente, las pantallas son dispositivos de control mental, puestas a disposición de la plebe, para inculcar nuevas creencias que ayuden a la élite a dominar y controlar a la población mundial.

Chamath Palihapitiya, nacido en Sri Lanka, quien llegó a ser vicepresidente responsable de crecimiento de usuarios en Facebook, afirmó que se arrepiente de haber trabajado en esa empresa. Palihapitiya dijo que habían creado unas herramientas que están desgarrando el tejido social. Su crítica no fue sólo contra Facebook, sino contra todo el sistema que existe en la Red. Se refirió a las interacciones en línea como ciclos de retroalimentación a corto plazo, impulsados por la dopamina, que destruyen el funcionamiento de la sociedad. Aseguró que, en las redes sociales, no hay discurso civil ni cooperación, sólo desinformación y falsedad. También afirmó que las redes sociales sirven para programar nuestro cerebro y para el control mental, y que se trata de un problema a escala global. Pero lo más lamentable de todo este asunto es que la gente no se da cuenta de que está siendo programada.

Piénsalo. Si analizas el mundo que te rodea, enseguida te darás cuenta de que este sistema está diseñado para que siempre tengamos problemas. Sin embargo, no existen tales problemas ni los hubo nunca. Es el sistema el que los crea para luego ofrecernos sus soluciones, que suelen terminar en restricciones.

La inmensa mayoría de las personas no son conscientes de que las ideas que nos inculcan incesantemente durante nuestra infancia y adolescencia son cuidadosamente seleccionadas para hacernos mediocres y que nunca podamos sobresalir. De hecho, nuestra mente está programada para el fracaso. Por eso más del 90% de la población mundial no destaca, es mediocre, imbécil y sumisa. Y lo es, no por voluntad propia, sino porque fue programada para serlo. 

Hoy en día los esclavos modernos ya no están encadenados con grilletes. Sus grilletes ahora son la manipulación, el lavado de cerebro, la desinformación y, sobre todo, el entretenimiento.

Acabamos de ver como el mundo entero ha estado pendiente, durante 39 días, de unos tíos vestidos de corto dando patadas a un jodido balón. Incluso en algunos países la actividad a la hora de los partidos se detenía prácticamente por completo. Obviamente, la gente no sabe que el fútbol es la herramienta por excelencia para la manipulación de masas. Tal es así, que cuando España ganó la final más de un millón de personas (según fuentes oficiales) salieron a las calles de Madrid a gritar con orgullo “yo soy español”. Sin embargo, ¿dónde estaban esos españoles -orgullosos de ser españoles- cuando una multitud de marroquíes invadió ilegalmente su patria? Pues ahí lo tienes: fueron programados para lo primero, pero no para lo segundo, (o sí).

Mientras todo esto ocurre, la implementación del Estado de vigilancia y control continúa su avance imparable. A través del teléfono móvil, el televisor, las redes sociales, el dinero digital, las cámaras instaladas por todos lados y, sobre todo, la IA, los ciudadanos vamos perdiendo libertad a pasos agigantados.

La construcción de una red tecnológica inexpugnable de control y vigilancia total de la humanidad (24 x 7) está a punto de estar totalmente instalada en la sociedad: un campo de concentración tecnológico, donde ejercer el control mental de la población será coser y cantar.

Obviamente, quienes tienen el control mental sobre nosotros saben cómo utilizarlo. Es así como unos cuantos “tíos listos” son capaces de doblegar a su antojo a 8.000 millones de tontos. De otra forma sería imposible. 

UN MUNDO DONDE LA MONEDA DE CAMBIO FUESE EL TIEMPO

En un mundo sin dinero fiduciario (dinero inventado que no está respaldado por nada), donde el tiempo fuese la moneda de cambio, la economía...