España apuesta por, según el Gobierno, “garantizar los derechos” de aproximadamente
medio millón de personas que viven y trabajan en nuestro país de forma irregular.
De hecho, la Ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz,
anunció un Real Decreto con el que se va a regularizar a medio millón de
personas que han entrado, trabajado y permanecido en el país de forma ilegal. Obviamente,
si esto no es un “efecto llamada” de manual, ¿entonces qué es?
Hasta hoy, la inmigración nunca ha sido una preocupación para los
españoles, pero con la llegada masiva de inmigrantes ilegales comienza a
entreverse cierto grado de malestar entre la población. De por sí, hay una
parte muy importante que empieza a ver a los extranjeros como una amenaza. Por
cierto, esto no les convierte en fascistas ni racistas, sino en gente
preocupada por las consecuencias que pueda tener una inmigración descontrolada
y desorbitada.
No es nada infame que tanto a los españoles como al resto de ciudadanos
de los diferentes países del mundo les guste que la inmigración esté
controlada. Esto no quita que tengamos sentimientos de empatía y solidaridad
hacia las personas que tienen que emigrar de sus países de origen por los
motivos que sean.
La inmigración ha aumentado de una manera espectacular en muy poco
tiempo en España, y como todo fenómeno social que crece rápidamente genera
dudas, desconfianza y una sensación de inseguridad por la propia experiencia vivida
diariamente. No obstante, el Gobierno insiste en que la inmigración es
beneficiosa y necesaria. Y yo pregunto, ¿beneficiosa y necesaria para quién?
Seamos serios. La decisión tomada por el Gobierno de España obedece a
sus propios intereses políticos y nada tiene que ver con los derechos de los
inmigrantes. Al contrario, se pretende regularlos para usarlos como lo que son:
mano de obra barata para abastecer a las empresas de trabajadores y futuros
votantes que desequilibrarán la balanza electoral en el sentido que más
convenga. Porque aunque hoy en día para poder votar se necesita la nacionalidad
española, y no sólo un permiso de residencia, no hay más que cambiar la ley y
listo. Por cierto, no sería la primera vez ni será la última.
No seamos ingenuos. El Gobierno (este y el que sea) no es más que un
simple lacayo del poder global del dinero, y si promueve esta regularización no
es más que para dar “carnaza” fresca a los insaciables amasadores de dinero,
que siguen explotando a las clases más desfavorecidas vengan de donde vengan.
Esta inmigración masiva sirve, además, para que los salarios sigan a la baja,
ya que los trabajadores autóctonos se ven afectados por la cuantía de
inmigrantes que compiten en el mundo laboral, al saturar el mercado de mano de
obra barata.
Por cierto. ¿Alguien ha oído quejarse a la patronal por la medida?
Evidentemente no. ¡Nos ha jodido! Mano de obra barata y esclava que proporciona
muchísimos más beneficios. ¿Ves ahora para quién es beneficiosa y necesaria?
Los inmigrantes no están aquí porque se les haya ocurrido a ellos
solitos emigrar a otro país, sino porque han sido influenciados y seducidos,
entre otras cosas, por el “efecto llamada”. Lo mismo ocurre con la entrada
masiva de inmigrantes ilegales. Si entran, es porque alguien les deja entrar,
ya que los Estados tienen unos medios increíbles tanto para evitar la migración
en el país de origen como para impedirla en el país destino.
La situación en España a día de hoy es la siguiente: hay más defunciones
que nacimientos, nuestros mejores cerebros se van y, simultáneamente, llega un
flujo masivo de inmigración extranjera poco cualificada. Y todo ello está
ocurriendo a una velocidad de vértigo, desbordando por completo la capacidad de
asumir tal avalancha. ¿Crees que algo así no tendrá consecuencias?
Esta inmigración desmedida -que no viene a pagar nuestras pensiones (en
mi vida he escuchado semejante gilipollez)- está generando un conflicto que no
es coyuntural, sino estructural. Al tratarse de un crecimiento demográfico masivo,
rápido y descontrolado es difícilmente asimilable, por lo que la regularización
lejos de solucionar el conflicto lo consolidará.
El Gobierno de España justifica la medida diciendo que lo hace por
motivos humanitarios, ignorando sus efectos y consecuencias. Pero de
humanitarios, nada de nada; es puro negocio y estrategia política, ya que las
implicaciones no se limitan tan solo al conflicto estructural, sino que la
regularización tendrá un impacto directo sobre el mapa electoral. Evidentemente,
esto no se producirá de forma inmediata, pero sí progresivamente. De hecho, lo
anunció Irene Montero en un mitin de Podemos. Según ella, harán todo lo posible
por nacionalizar al mayor número de inmigrantes para reemplazar a todos los fachas
que hay en España. Y si esto no fuera suficiente, cambiarán la ley para que
cualquier inmigrante que resida en España pueda votar.
Obviamente, de producirse una incursión como esta significará que se
incorporarán al censo electoral personas que no tienen ninguna vinculación
patriótica, histórica o cultural con España. A esto se refería Irene Montero cuando
aludió explícitamente a la “teoría del reemplazo”, que consiste en reemplazar españoles
(todos los que no piensan como Irene Montero que, según ella, son fascistas)
por inmigrantes de toda clase y condición.
Por otra parte, regularizar a medio millón de personas sin darles una
cobertura de servicios adecuada (vivienda, educación, sanidad,…) es simplemente
pan para hoy y hambre para mañana, por no hablar de las consecuencias que
tendrá para los ciudadanos autóctonos como, por ejemplo, conseguir una vivienda
en alquiler a un precio asequible.
Y ahora la pregunta del millón. Si Europa está implementando nuevas
políticas para poner fin a la regulación masiva de inmigrantes, ¿por qué España
está haciendo precisamente todo lo contrario? De hecho, la UE se queja de que
si España sigue por ese camino se convertirá en un coladero de inmigrantes que
podrán circular libremente por el espacio Schengen. La respuesta a esta
pregunta es clara: porque es una estrategia de Pedro Sánchez para ganar las
próximas Elecciones Generales. Evidentemente, en esa estrategia los inmigrantes
regularizados y nacionalizados tendrán un papel fundamental. Y si no, al
tiempo.
En fin. De eso va toda esta historia. Porque cuando el psicópata de nuestro Presidente vende su país por un puñado de votos, lo hace para mantenerse en el poder a toda costa y no por motivos humanitarios, económicos o solidarios. Y conociendo al personaje, y a los palmeros que le acompañan, no me cabe la menor duda que utilizará la inmigración en su propio beneficio, lo mismo que lleva utilizando a independentistas, simpatizantes de terroristas y otras “malas hierbas” para atrincherarse en la Moncloa. Esta es la realidad. Lo otro, lo que cuenta el Gobierno, la versión para los ingenuos que comulgan con ruedas de molino.