Según el último barómetro del Real Instituto Elcano, más del 60% de los
españoles ven a Marruecos como una amenaza real para España.
Desde su independencia, en 1956, Marruecos ha estado amenazando
sistemáticamente la unidad, soberanía e integridad territorial Española. Por lo
tanto, es imprescindible reconocer dicha amenaza, a fin de poder hacerle frente
como es debido. Y esto ha de hacerse más pronto que tarde, o tendremos serios
problemas antes de lo que pensamos.
A día de hoy, la diferencia entre Marruecos y España, tanto a nivel
económico como militar, es abrumadoramente favorable a España. Pero esto puede
cambiar, dado el interés que EEUU e Israel han tomando por Marruecos, poniendo
en marcha una cooperación en materia militar, tecnológica y de inteligencia.
Veamos. Económicamente, el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita de
España es de 34.500 €, mientras que el de Marruecos se sitúa en torno a los
4.000 €. El PIB Anual de España es de 1,68 billones de euros, frente a los
148.000 millones de euros de Marruecos. Y, por último, el Salario Mínimo
Interprofesional (SMI) en España se sitúa en 1.425 € mensuales y el de
Marruecos en 285 €.
Militarmente, España supera ampliamente a Marruecos. Además, España
posee tecnología avanzada y mayor poder naval. Sin embargo, Marruecos cuenta
con un mayor volumen de efectivos y material terrestre pesado. El presupuesto
de defensa de España llega a los 35.000 millones de euros, con unos 117.000
efectivos activos. El de Marruecos es de 22.000 millones de dólares (una cantidad
extraordinaria para una economía con tantas necesidades por cubrir), con unos
200.000 efectivos activos. En el Ranking Global, según datos del Global
Firepower, España ocupa el puesto 18 mundial y Marruecos el 56.
Si nos atenemos a los hechos, es cierto que Marruecos se está
convirtiendo en una potencia militar en el Magreb. De hecho, en estos últimos
años Rabat está llevando a cabo una seria apuesta por mejorar sus capacidades militares,
en todos los terrenos, con la adquisición de cazas F-16, helicópteros Apache,
carros de combate M1 Abrams, sistema de defensa antiaérea Patriot, misiles
aire-aire AMRAAM de Raytheon AIM-120, drones MQ-9 Reaper, sin descartar una
futura adquisición de los muy avanzados cazas F-35.
La pregunta es: ¿ese rearme es una amenaza para España? La mayoría de
los analistas piensan que no, que es para protegerse de Argelia. Pero yo no lo
tengo tan claro, y creo que nuestro Gobierno y nuestras fuerzas armadas tampoco
deberían descartarlo.
Aunque, según los expertos, Ceuta y Melilla son militarmente
indefendibles ante un ataque de Marruecos, sin embargo, esto no es razón para
tener una frontera de chichinabo, a la que se puede acceder sin la menor
resistencia.
Marruecos, objetivamente hablando, lleva tiempo ejerciendo una política
de intimidación permanente contra España. Llevó a cabo una guerra de agresión en
la Guerra de Ifni (1957-58), una guerra de agresión contra el Sáhara Occidental
con la Marcha Verde (1975) y está llevando una agresión permanente con las mareas
humanas que lanza sobre Ceuta, Melilla y Canarias. ¿Y cuál ha sido la respuesta
de España? La de siempre: no hacer nada o mirar para otro lado.
Las concesiones de Sánchez a Marruecos (no sabemos si por el espionaje
de Pegasus u otras razones “monetarias”) ha hecho que Marruecos siga con su
plan de reclamar la soberanía de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. España
(mejor dicho, Sánchez) al asumir en 2022 la postura de Rabat sobre el Sahara
Occidental ha dado pie al país vecino a venirse arriba y reclamar todo cuanto
se le antoja.
Obviamente, el fortalecimiento internacional de Marruecos no significa
necesariamente que Rabat vaya a acometer un conflicto por las ciudades
autónomas de Ceuta y Melilla. Pero sí cambia el escenario en el que España debe
gestionar su relación con su vecino del sur.
A día de hoy, Marruecos afronta la actual crisis de Ceuta desde una
posición internacional mucho más consolidada que la que tenía hace años. De
hecho, Rabat ha conseguido sumar apoyos de países europeos y americanos a su
propuesta de autonomía sobre el Sáhara Occidental, como los de EEUU, Francia o
Reino Unido. Y ahí reside la clave de este nuevo escenario: Marruecos tiene más
aliados y se siente más respaldado a la hora de reclamar sus absurdas
reivindicaciones.
Esta enésima invasión (que no crisis migratoria) ha puesto de manifiesto
que nuestro vecino del sur no es nada fiable, por lo tanto, nuestras relaciones
con él deben replantearse. Es un hecho que la política de concesiones
y de evitar confrontaciones con Marruecos ha sido un verdadero fracaso. Del
mismo modo, también fue un gravísimo error modificar la posición española sobre
el Sáhara Occidental. Fracasos y errores que ahora estamos pagando.
Lo sucedido a finales de julio en Ceuta debe ser un punto de inflexión
para regresar a unas posiciones previas y replantearnos, de una vez por todas,
la relación de vecindad con Marruecos.
El problema es que hoy en día no se puede confiar en los acuerdos a los
que puedan llegar un régimen dictatorial, como el de Mohamed VI, y un Gobierno
corrupto (el de Pedro Sánchez), sin olvidarnos de los actores más poderosos que
siempre actúan entre bastidores y son los que al final tienen la última palabra.
Eso si no se ha pactado ya una cosoberanía, y todo lo que estamos viendo no es más
que una pantomima para que la ciudadanía vaya poco a poco asimilándolo.
Mientras tanto, el problema de Ceuta sigue enquistado no tiene indicios
de mejorar.
Todo el mundo es consciente de que a esta situación se ha llegado
porque el Gobierno Español lo ha querido así. Porque ni leyes que prohíben las
devoluciones en caliente ni gaitas: las leyes se pueden cambiar.
Por otra parte, diez mil personas necesitan comer y beber todos los
días. Si llevan más de 40 días en Ceuta es porque alguien les está alimentando.
Simplemente con que el Gobierno hubiese dicho (mintiendo, naturalmente –no
sería la primera vez-) que no tiene capacidad para acometer la manutención de
semejante número de personas, los invasores, ellos solitos, en 48 horas se hubiesen
vuelto por donde han venido.
Pero, claro, decir algo así te convierte en un fascista, racista,
xenófobo y todas las etiquetas que te quieran colocar todos esos que se creen
moralmente superiores a los demás, siempre hablando de derechos humanos. Y yo
pregunto: ¿dónde están los derechos de los ceutíes? ¿Por qué nadie los
defiende?
Acabamos de ver como el partido Alternativa por Alemania (AfD) -catalogado
por todos los progres y medios de comunicación afines como de extrema derecha-
ha ganado por goleada (44,5% de los votos) en Sajonia.
Veamos. Este partido lleva en su programa que no quiere más inmigrantes
ilegales; que no va a seguir financiando a Ucrania en una guerra que ni le va
ni le viene; que quiere retomar las relaciones con Rusia para que vuelva a
venderle gas y petróleo barato; que apuesta por volver a la energía nuclear
para asegurar energéticamente su industria y que está harto de las políticas
verdes de la UE que no le ha traído a Alemania más que problemas y, por
consiguiente, creen que estarían mejor fuera de ella.
Pues este programa lo tilda la progresía de fascismo. Incluso se
atreven a decir que los de AfD son peores que Hitler. Lo más grotesco, es que
están insultando a un número muy elevado de alemanes a los cuales no les tiene
ningún respeto. Porque si han votado a AfD, será porque están de acuerdo con su
programa. ¿Qué pasa? ¿Es que ahora todo aquel no tenga una ideología de
izquierdas es un fascista y no nos habíamos enterado?
Volviendo a Ceuta, nuestro Gobierno vuelve a jugar con el lenguaje.
Esto no es para nada una crisis migratoria. Es una invasión en toda regla, tal y
como reconoció el propio Sánchez el primer día. Y al invasor no se le alimenta
ni se le da cobijo, se le expulsa y punto.
Pero ahora explícaselo tú a toda esa gente que se deja comer el coco
por una panda de políticos sátrapas salvapatrias, a los cuales los ceutíes y
todos los demás les importamos una mierda.
A la pregunta de si Marruecos es una amenaza para España la respuesta
es que de momento no, pero no me cabe la menor duda de que, en un futuro no muy
lejano, lo será.
Espero equivocarme. Pero para eso tendrían que cambiar mucho las cosas.
