31 agosto 2026

NO HAY UN SER MÁS ESTÚPIDO SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA QUE UN SOLDADITO

Si el “populacho”, la plebe, la masa (llámalo como quieras) se negara a luchar en cualquier guerra, ninguna guerra podría llevarse a cabo. Obviamente, no soy ningún ingenuo y no creo que el “populacho” llegue algún día a actuar de forma tan sensata, pero si lo hiciera la guerra desaparecería de nuestras vidas para siempre. Y desaparecería, porque no creo que la élite dominante y sus vasallos políticos marioneta fueran a coger un fusil para matarse entre ellos. Por lo tanto, sin soldaditos jamás habría ninguna guerra.

El soldadito no nace, se hace. El culto masivo al nacionalismo, inculcado a las masas desde la más tierna infancia, sirve para engañar a los ingenuos que creen que luchan para defender su patria, cuando en realidad no es su patria, sino un territorio que tiene dueño, y ese dueño no somos nosotros. Así que esos soldaditos -tan patriotas ellos- están dejándose matar por los intereses de otros, no por los suyos. Por cierto, son los mismos soldaditos ingenuos que aún no se han enterado de que ninguna sociedad ha sido libre, y nunca lo será, mientras existan soldaditos a las órdenes del poder.

La esencia de la guerra no es otra que la de mantener el poder y la riqueza de la élite dominante sobre todos los demás. De hecho, la guerra en sí es una trágica tomadura de pelo. Siempre es causada por la codicia de una insignificante minoría, pero consigue involucrar a las masas de idiotas de naciones enteras. Las guerras son provocadas y perpetradas únicamente por quien ostenta el poder, utilizando al “populacho” como carne de cañón. Por consiguiente, cualquier guerra es terrible e innecesaria para los intereses del “populacho”.

¿Alguna vez en la historia de la humanidad la guerra ha solucionado algo? Desde luego que no. La guerra sólo genera odio y maldad. Lo mires desde el punto de vista que lo mires es una locura. La guerra no trae la paz, sino que genera más odio y más guerras. Si verdaderamente generase la paz, hace tiempo que no habría ninguna guerra. Pero no es así, sino todo lo contrario. Ignorar esta realidad es la causa de que los soldaditos sigan colaborando en estas masacres que acrecientan la tiranía y el robo de la riqueza de todos nosotros.

No seamos ingenuos. La guerra siempre es contra nosotros, sobre todo contra los niños inocentes y los ancianos vulnerables. Por mucho que se repita que en las guerras de ahora no se atacan objetivos civiles, no es verdad. Porque, ¿qué es una central eléctrica o una planta desalinizadora? ¿Qué es un puente, un viaducto o un gaseoducto? Destruir estos objetivos sólo tiene un fin: elevar la tasa de mortalidad por el colapso de las infraestructuras necesarias para la vida de la población.

Pero los soldaditos, ingenuos y obedientes, dicen que matan a sus semejantes porque reciben órdenes de sus superiores, no por voluntad propia. Ellos no se cuestionan nada, obedecen y punto. Y todo para que los ricos se hagan cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Esta es la cruda realidad que no ven o no quieren ver. Sin embargo, esa obediencia no les exime de ser tan culpables como los que dan las órdenes.

En el mundo de hoy la guerra sigue estando presente por todas partes. Hoy en día el Presidente de EEUU, Donald Trump, y el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, son los responsables de casi todas las guerras actuales en el mundo, incluyendo, por supuesto, la de Irán y Ucrania. Obviamente, ellos no están al mando, sino que son simples marionetas del verdadero poder, haciendo todo aquello que se les ha encomendado.

Pero mientras lanzan sus bombas a diestro y siniestro, mientras amenazan con aniquilar culturas enteras, mientras cortan el suministro energético a los ciudadanos indefensos y mientras provocan hambrunas, inflación y devastación por doquier, hay algo que personalmente me indigna: ¿dónde está la respuesta de la sociedad civil? Como siempre, en ninguna parte.

La sociedad civil debe, de una vez por todas, dejar de aportar el recurso principal indispensable para poder llevar a cabo cualquier guerra: los soldaditos. Porque nunca nos libraremos de nuestras cadenas mientras haya soldaditos dispuestos a asesinar a sus semejantes y a dejarse matar por defender los intereses de los oligarcas.

Las guerras de hoy en día no siempre enfrentan directamente a un ejército contra otro, sin embargo, hacen el mismo daño o superior. Hoy tenemos operaciones de falsa bandera para crear conflictos y cambiar de régimen a voluntad. Tenemos la guerra económica, donde se manipulan los mercados. La guerra biológica, de la que apenas sabemos nada. La climática, donde se llega a provocar todo tipo de catástrofes (sequías, inundaciones, incendios,…). Y la última tendencia: la guerra tecnológico-digital, que acabará haciéndonos prisioneros a todos.

Por supuesto, esto no es sólo lo que está sucediendo. A esto tenemos que sumarle la corrupción y la maldad cada vez mayor de la élite dominante, que supera con creces lo que la imaginación de la mayoría pueda elucubrar. Y aunque, ciertamente, en las guerras siempre ha habido matanza de inocentes, ahora mismo el alcance y la velocidad de esta locura no tiene parangón (Gaza, Ucrania, Irán,…). Pero lo más preocupante, es que las cosas no sólo no tienen el menor atisbo de mejorar, sino de empeorar, independientemente de la escoria que esté al mando.

Piénsalo. Si los soldaditos dejaran de alistarse en el ejército, o incumplieran la obligatoriedad de hacerlo, en los países donde se requiere, la vida cambiaría drásticamente para mejor. Porque si verdaderamente el pueblo llegara algún día a negarse a formar parte de ningún ejército (todos los ejércitos son genocidas y han sido adiestrados para asesinar) el panorama político se transformaría debilitando la estructura de poder. Porque sin el respaldo del ejército el poder no es nada. Obviamente, no espero que este mensaje cale en una ciudadanía cada vez más estúpida, obediente y acomodada. Además, ya da igual, dado que pronto los soldaditos serán sustituidos por robots dirigidos por IA.

Para terminar quiero ratificar el título de este artículo a sabiendas de que voy a herir susceptibilidades: sí, no hay un ser más estúpido en la faz de la tierra que un soldadito. Y aunque la mayoría de soldaditos digan que se alistan en el ejército para ganarse la vida (asesinando), no tiene justificación alguna. Para eso mejor enrolarse en la mafia: el trabajo es el mismo, pero paga mejor. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

NO HAY UN SER MÁS ESTÚPIDO SOBRE LA FAZ DE LA TIERRA QUE UN SOLDADITO

Si el “populacho”, la plebe, la masa (llámalo como quieras) se negara a luchar en cualquier guerra, ninguna guerra podría llevarse a cabo. O...