30 diciembre 2025

LA MEDICINA COMO CIENCIA, NEGOCIO Y ALGO MÁS

Como todos los años por estas fechas, los medios de comunicación vuelven a utilizar todo su poder propagandístico para amedrentar a la población con la llegada de la incombustible gripe (bueno, excepto en el año del Covid que desapareció por arte de magia).

Este año, la Junta de Andalucía ha habilitado unos “vacunódromos” en los centros comerciales para que la gente se pinche a discreción. Es decir, que cualquiera que pase por allí puede recibir un “medicamento” -que no ha sido recetado por ningún facultativo y sin el consentimiento informado- sólo porque se lo ha dicho la televisión. ¿De verdad esto es serio?

En la actualidad, la devoción incondicional a los médicos y a la medicina, en general, no es discutible y menos en los tiempos que corren. Lo vimos durante la falsa pandemia, donde cualquiera que tuviera una opinión diferente a la establecida por la OMS -aunque fuera un Premio Nobel y lo demostrara con datos- era denostado, tachado de negacioncita y condenado al ostracismo.

Sin embargo, durante siglos hemos visto como la medicina oficial tradicional ha defendido intervenciones que, lejos de sanar, han causado sufrimiento inútil, discapacidad parcial o total y, lamentablemente, la muerte de muchos pacientes. Desde las lobotomías practicadas para tratar trastornos psiquiátricos hasta la inhalación de mercurio para curar la sífilis, la historia de la medicina está plagada de tratamientos peligrosos que antaño se consideraron grandes avances y que hoy en día han sido reconocidos como “erróneos”, por decirlo de una manera suave.

Por desgracia, la lista de “errores médicos” mortales ha sido, y sigue siendo aún en nuestros días, larga y preocupante. Las sangrías practicadas a los pacientes para drenar la “sangre mala”, la recomendación del consumo de cigarrillos como remedio para curar el asma o las sesiones de quimioterapia de hoy en día para tratar el cáncer no fueron ni son tratamientos exitosos contrastados, sino aberraciones médicas sin más. Pero como estos tratamientos son abalados por la “sacrosanta medicina” los aceptamos sin rechistar, entre otras cosas, porque no nos ofrecen otras alternativas.

Seamos rigurosos. La medicina convencional no cura prácticamente nada. Esto no lo digo yo, lo dice algún que otro médico valiente como el Dr. Mario Alonso Puig, cirujano cardiovascular: “En medicina solucionamos pocas cosas. A los médicos no nos gusta reconocerlo, y no es agradable, pero resolver resolvemos pocas cosas. Lo que la medicina contemporánea hace es cronificar las enfermedades, pero curar, lo que realmente se dice curar, es decir, el concepto hipocrático de curar una enfermedad: las infecciosas y la cirugía. Lo demás, lo que vemos en los hospitales cada día en todas las especialidades, básicamente son enfermedades crónicas en las que el médico no ha curado a un solo paciente en 40 años de actividad médica profesional. En cardiología, reumatología o endocrinología lo único que hacemos es cronificar la vida de las personas o alargarla con buena calidad –eso está bien- pero no curamos”.

Los “errores” cometidos por la medicina durante lustros no fueron experimentos fallidos sin más, sino la aplicación de protocolos avalados por instituciones y universidades prestigiosas. Pero, ¡oh, sorpresa! Resulta que todos estos protocolos tuvieron un mismo denominador común: el incentivo financiero. Por cierto, incentivo financiero que ha prevalecido hasta nuestros días, anteponiéndose a la ética y a la evidencia científica.

No es ningún secreto que la industria farmacéutica oculta gran parte de los riesgos de los medicamentos, ya que en la mayoría de los casos no se realizan los ensayos suficientes o se ignoran los resultados adversos. También es una realidad que se soborna a los reguladores y se unta a los médicos. Por consiguiente, una medicina anclada en el lucro no es muy de fiar que digamos, ¿no crees?

Todos sabemos que no hay dos personas iguales en todo el mundo, y lo mismo sucede con cada organismo. Por lo tanto, bajo mi punto de vista (que bien puede estar equivocado), aplicar el mismo “brebaje” para todos -como en el caso de las vacunas- no sé si puede ser una irresponsabilidad mayúscula por parte de la profesión médica, pero lo que sí es un inmenso negocio que, por desgracia, está anteponiendo el lucro a la salud del paciente.

La medicina no es una ciencia exacta, sino empírica, lo que implica que no es infalible. Esto supone que cualquier tratamiento estandarizado de hoy puede convertirse en un escándalo mayúsculo el día de mañana, como lleva ocurriendo desde los orígenes de la medicina moderna. Por lo tanto, si las mismas instituciones que antaño avalaron tratamientos erróneos ahora promueven quimioterapias, antidepresivos y vacunas de ARNm, ¿no deberíamos considerarlo antes de aceptarlo sin más? 

Lo que pasó hace cinco años ha abierto los ojos a muchas personas, que vieron cómo se aplicaron unos protocolos que se contradecían un día sí y el otro también. Esto ha generado desconfianza hacia el colectivo médico, hacia las agencias reguladoras de medicamentos y, sobre todo, hacia el Ministerio de Sanidad, que fue en última instancia el que ordenó su aplicación. Por cierto, conviene recordar que durante la falsa pandemia el, por entonces, Ministro de Sanidad, Salvador Illa, arengó y coaccionó a la población para que se vacunara contra el Covid-19. Posteriormente, reconoció que él no se había vacunado. ¡Increíble! ¿Verdad? Pues bien. En recompensa a lo “aportado a la causa”, este señor es hoy el Presidente de la Generalitat de Cataluña.

Hay una cosa incuestionable: cuando los gobiernos corruptos -a las órdenes de la todopoderosa industria farmacéutica- dictan los medicamentos que debemos tomar, es seguro que no se trata de priorizar la verdadera curación, sino de lucro y/o alguna que otra cosa más oscura y diabólica.

No sé si será casualidad, pero día tras día nuestros políticos, economistas y medios de comunicación nos bombardean constantemente con propaganda como esta: “La economía no puede soportar la cantidad de jubilados del baby boom”. “El sistema de pensiones es insostenible”. Los ancianos son un colectivo improductivo que sólo genera gastos a la sociedad”.

Evidentemente, un anciano que recibe este tipo de mensaje se asusta, y un anciano asustado es una bomba de relojería a punto de explotar. Si a eso le sumamos que todos los años por estas fechas el gobierno vuelve a colocar la mascarilla obligatoria en hospitales y centros de salud, el miedo está asegurado. De hecho, los ancianos (y algunos no tan ancianos) andan con la mascarilla por la calle como pollos sin cabeza y acuden a los “vacunódromos” incesantemente a recibir su dosis de no sé qué “producto mágico” que le va a proteger, pero que en realidad no le protege de nada pues sigue enfermando igual.

Utilicemos el sentido común. Resulta que si alguien tiene un problema de salud, como, por ejemplo una arritmia cardiaca, debe esperar semanas o meses hasta que consigue una cita con el cardiólogo. Si este decide que le tiene que operar, ingresará en una larga lista de espera -que suele ser de varios meses- hasta la realización de la intervención. Sin embargo, cíclicamente las Consejerías de Sanidad de las diferentes Comunidades Autónomas envían un mensaje al teléfono móvil de cada ciudadano mayor de 60 años, comunicándole que puede acudir -sin cita previa- a su Centro de Salud para dispensarle un “tratamiento” inmediato (vacuna). Dicho “tratamiento” es para combatir una enfermedad que no tiene ni sabe siquiera si la va a tener. O sea, que cuando estamos realmente enfermos no nos hacen ni puñetero caso, pero se preocupan mucho por nuestra salud cuando estamos sanos. Conclusión, es bastante estúpido creer que esta gente se preocupa verdaderamente por nuestra salud, ¿no crees?

La vacuna de la gripe fue desarrollada por Thomas Francis Jr. y aprobada en 1945 en Estados Unidos para uso militar (por cierto, todo lo que tenga que ver con los militares debería ponernos en guardia). Luego se extendió a la población civil. Pero a partir de 1947, se “descubrió” que el virus de la gripe “cambia” constantemente, y se decidió que para que la vacuna fuera efectiva debería actualizarse anualmente. Y he aquí que desde entonces la gente no hace más que vacunarse y, sin embargo, cada año hay más y más gripe. La pregunta es: si el virus de la gripe “cambia” cada año ¿son verdaderamente efectivas las vacunas para atacar un virus mutante? Y la más preocupante: ¿por qué ese interés en vacunar, vacunar y volver a vacunar?

Seamos realistas. En estos tiempos distópicos la medicina ha dejado de ser ciencia para pasar a ser una pseudociencia. Ha convertido la enfermedad en un gigantesco negocio. Y lo más preocupante: está siendo utilizada por el poder como herramienta de control, manipulación y algo más oscuro y diabólico que no sabemos pero intuimos.

¿Recuerdas el vídeo que más se vio en redes sociales, durante la falsa pandemia, donde una mujer médico iba decidiendo en un hospital quien vivía y quien moría? ¡Cuidado con lo que estamos aceptando!

En la actualidad, vacunas de ARNm, tratamientos a base de quimioterapia y todo tipo de medicamentos son experimentados con nosotros en aras a procurar mejorar la salud en el mundo. Sin embargo, a pesar de todos los adelantos y esfuerzos realizados en este sentido la población de hoy en día es la más enferma de la historia de la humanidad. Entonces, ¿cómo se come esto?

Es evidente que medicina, lucro y poder no ligan bien. Por lo tanto, la medicina nunca será de fiar mientras no sea totalmente independiente. Esto no quita que sigamos acudiendo a la medicina para resolver nuestros problemas de salud, pero deberíamos ser más críticos y luchar por una medicina independiente.

20 diciembre 2025

INTELIGENCIA ARTIFICIAL: UN MONSTRUO CREADO PARA CULMINAR LA TOMA DE CONTROL DE LA HUMANIDAD

A raíz de las distópicas sandeces aceptadas mayoritariamente por la población mundial durante la falsa pandemia, se ha ido confeccionando todo un entramado de medidas de control, las cuales traerán, no tardando mucho, la esclavitud total de la humanidad. Y aunque la mayoría de la gente ni siquiera es consciente de ello, estas medidas ya han sido votadas, aprobadas y puestas en marcha en prácticamente todos los países del mundo. Sólo es cuestión de tiempo para que veamos su verdadera intención.

Con la llegada de la inteligencia artificial (IA) el proceso se ha acelerado de una manera exponencial. Y es que nos han convencido de que la IA hará un mundo mejor. Sin embargo, la IA –que bien podría ayudar a la humanidad en tareas burocráticas rutinarias- no es más que un lavado de cerebro y adoctrinamiento propagandístico, cuyo objetivo es convertir a los humanos en inútiles.

La IA está sustituyendo el talento natural por el “copia y pega”, además de ser una herramienta de control extremadamente eficiente. Aquí reside su verdadero valor para los oligarcas, que han visto en ella el “santo grial” para llevar a cabo su agenda de despoblación, control y esclavización total.

La UE acaba de lanzar la identidad digital y el euro digital para que los ciudadanos europeos puedan identificarse, compartir datos y hacer transacciones de forma rápida y segura (eso afirman). Pero tanto la identidad digital como el euro digital programable son dos caras de la misma falsa moneda: una identifica y controla, la otra permite o prohíbe existir económicamente.

Oficialmente, tanto la identificación digital como el euro digital se nos venden como nuevas herramientas tecnológicas que simplificarán y harán más cómoda y segura la vida de los ciudadanos. Sin embargo, la realidad es que estas herramientas fusionarán todas las facetas de nuestra existencia: nuestra salud, dinero, crédito social, viajes, huella de carbono personal, vacunas, situación fiscal, etc. Obviamente, a partir de que estas nuevas tecnologías entren en funcionamiento todo se volverá controlable y programable.

Si esto se llegara a implementar -y se implementará, no me cabe la menor duda- un simple exceso en cualquiera de las infinitas restricciones que tendremos que soportar (sanitarias, climáticas, alimentarias,…) bastaría para bloquear cualquier transacción económica que quisiéramos hacer en ese momento. Si, por ejemplo, nos hemos excedido en la cuota de CO₂ que tenemos asignada para cada mes o hemos generado más residuos del cupo que tenemos establecido, podría ser que al ir a cargar el coche eléctrico la máquina expendedora rechazara la operación. En definitiva, todo un nuevo control social totalitario -adornado de comodidad- del que no podremos escapar.

Mientras la gente está distraída con toda una sarta de sandeces, a cada cual más estúpida, está pasando por alto el tema más crucial de nuestras vidas: la usurpación de todo cuanto confiere a nuestra existencia.

La identidad digital dará paso al confinamiento algorítmico y al encarcelamiento tecnocrático digital. Esto supone el fin de la libertad, la propiedad privada y muy posiblemente el fin de la humanidad tal como la conocemos. Por consiguiente, nos convertiremos en esclavos a perpetuidad de una clase dominante tecnocrática miserable.

No nos equivoquemos, esto no es progreso, sino un cambio radical para mantener a raya a la sociedad. Lo que estamos viviendo no es más que la culminación inminente de un plan llevado a cabo por las élites durante generaciones para la dominación global, y la tecnología se lo ha puesto a huevo.

Desde la aparición de la tecnología la humanidad está siendo controlada por un sinfín de nuevas herramientas cada vez más sofisticadas. Pero permitir la identificación digital, el dinero digital y la digitalización de todo lo que nos rodea representa el mayor riesgo al que nos enfrentamos. Si lo consiguen, todo lo demás resultará irrelevante, ya que el control total estará asegurado y no habrá vuelta atrás.

Esto no es una teoría de la conspiración, sino una conspiración real en toda regla contra la humanidad. La única solución reside en que emerja una masa crítica suficiente de personas que tomen conciencia de no someterse ni obedecer. Sólo de esta manera los gobiernos y la clase dominante dejarían de oprimir a las masas. Evidentemente, esto no implica la participación de todos, pero sí el de un número suficiente de personas valientes que lleven a cabo la acción unánime de desobedecer. Porque si esto se llegara a producir, ten por seguro que inmediatamente después este movimiento sería secundado por las masas.

¿Difícil? Pues claro que sí, ya que deshacerse de la manipulación, las ideologías y la propaganda que durante siglos hemos sufrido no parece tarea fácil. Sin embargo, debo decir que nunca ha habido un despertar de la gente como ahora. Creo que esa masa crítica de personas despiertas ya existe y es suficiente. Sólo necesitan salir de su zona de confort y el coraje necesario para pasar a la acción, porque el tiempo se acaba.

Se trata de que esa masa crítica de personas valientes (cientos de millones) empiece a ignorar, desobedecer y no acatar ningún mandato o ley del gobierno que atente contra la integridad de las personas y la verdadera libertad. ¡Nada de identificación digital! ¡Nada de dinero digital! ¡Nada de agenda verde! ¡Nada de vacunas obligatorias! ¡Nada de mandatos climáticos! ¡Nada de tiranías sanitarias! ¡Nada de estúpidas guerras! ¡Nada de armas de destrucción masiva! ¡Nada de votar a partidos políticos!... Si esta resistencia fuera capaz de mantener su postura el tiempo necesario se lograría parar esta locura.

Luego, claro está, si no queremos volver al punto de partida deberíamos deshacernos del Estado y del sistema monetario y financiero de los bancos, cosa crucial para cambiar de paradigma. Esto no tiene por qué implicar renunciar a las cosas que funcionan. Pero no abolir el Estado por completo, con todo su poder, significaría volver a claudicar por cobardía, ignorancia o indiferencia.

Todos aquellos que pasan de estos temas no son conscientes de que estamos a punto de quedarnos sin nada. No saben que si no reaccionamos ahora el futuro que nos espera será convertirnos en humanoides totalmente dependientes de la tecnología. Y no es que la tecnología sea mala, al contrario, es una herramienta muy útil para el hombre. Pero digitalizarlo todo es un peligro para nuestra autonomía. La decisión es nuestra y sólo nuestra: vivir en libertad, o vivir en una cárcel digital sin rejas de la que no podremos escapar.

Pero ahora intenta explícaselo tú a toda esa gente que anda enganchada a la IA, que ya no sabe ni quiere vivir sin ella.

10 diciembre 2025

LA SUPUESTA SOBERANÍA DEL PUEBLO RADICA ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE EN VOTAR Y MANIFESTARSE: ESE ES TODO SU PODER

Desde el origen de las primeras civilizaciones, las masas pretenden librarse del dominio que ejercen los “tíos listos” sobre ellas repitiendo una y otra vez los mismos patrones y obteniendo los mismos nefastos resultados: acentuar aún más su esclavitud.

La respuesta de las masas ante la tiranía es a todas luces irracional, ya que si te quejas de tu esclavitud al amo no esperarás que sea el amo el que te libere de la esclavitud a la que él mismo te somete. O dicho de otra manera, si el amo vive de tu esclavitud, ¿cómo puedes ser tan ingenuo de creer que va a ser él quien te libere de ella?

Durante los últimos 14 años, he tratado de transmitir -en este blog y en el anteriormente censurado- la idea de que no se puede salir del estado de opresión a la que nos tiene sometido el gobierno solicitándoselo al mismo gobierno. Y aunque entiendo que el gobierno es sólo un simple títere a las órdenes de los verdaderos amos del mundo, sin embargo, es el encargado de mantener a raya al proletariado.

Hay un hecho incontestable: la total sumisión de la humanidad ante el poder, aceptando incondicionalmente la esclavitud como su destino final, es una realidad de hoy, de ayer y de siempre.

Hoy en día el principal problema en el mundo es la obediencia. Sí, has leído bien, ese es nuestro mayor problema. En todos los países del mundo la gente es obediente. Es obediente frente a la injusticia, el abuso de poder, el hambre o la estupidez. Las cárceles están llenas de “pequeños ladrones y asesinos” (digámoslo así, sin querer restarle importancia) mientras los grandes ladrones y asesinos de masas no sólo no están en la cárcel, sino que gobiernan el mundo. La obediencia es de tal calado, que millones de personas se dejan la vida en guerras que ni les van ni les vienen por obedecer los dictados de sus gobiernos.

El lavado de cerebro llevado a cabo de las sucesivas generaciones, unido al adoctrinamiento ejercido en las aulas y la propaganda emitida por los medios de comunicación han dado sus frutos. El resultado: un embrutecimiento generalizado de las masas, para que nunca se revelen contra la élite y todos los intentos de rebelión sean parados por el gobierno.

Según el artículo 1.2 de la Constitución Española, la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. Sin embargo, hoy en día el supuesto poder del pueblo se reduce a dos acciones que son totalmente absurdas: votar y manifestarse. De hecho, votar implica “elegir” a un nuevo amo cada cuatro años, y manifestarse, la manera más estúpida de concentrar todo nuestro desacuerdo en un punto y acción determinada, donde, evidentemente, el poder puede controlarlo y desactivarlo. Por consiguiente, votando y manifestándonos no cambiamos nada, sólo cambiamos de amo esperando ingenuamente un resultado diferente.

Es por esta razón por la que el globalismo tiene prácticamente todas las papeletas para triunfar, ya que esperar que la gente despierte del letargo en el que lleva sumida desde tiempos inmemoriales es de una ingenuidad supina, dada su contrastada complicidad con el sistema.

Generalmente, el descontento de la gente con sus gobernantes suele ser manifiesto por razones obvias (el gobierno siempre oprime al pueblo). Sin embargo, una y otra vez pretende “derrocar” al gobierno de turno reemplazándolo por otro idéntico -con déspotas diferentes- sin cambiar un ápice el régimen oligárquico. Por lo que reemplazar a unos gobernantes por otros, con la esperanza de mejorar nuestras expectativas, es a todas luces una insensatez y una estupidez como la copa de un pino.

Vamos a ver. ¿Por qué crees que la mayoría de las democracias occidentales están ancladas en el bipartidismo? Pues, sencillamente, porque el bipartidismo es un único partido. En España PP y PSOE, en EEUU demócratas y republicanos o en Reino Unido laboristas y conservadores son el mismo partido, eso sí, con diferente nombre e ideología para engañar al “populacho”. La supuesta polarización “izquierda” vs “derecha” no es más que una maniobra política para la división permanente de la sociedad y hacer más fácil el trabajo de los políticos.

Querer acabar con el sistema haciendo siempre lo mismo es perder el tiempo. Porque reemplazar un gobierno criminal por otro del mismo pelaje no conduce a nada. Si verdaderamente quisiéramos acabar de una vez por todas con el sistema tendríamos que empezar por eliminar todos los gobiernos.

Sólo si una mayoría lo suficientemente grande decidiera no obedecer, y rechazar por completo el cumplimiento de cualquier mandato gubernamental, se obtendría la libertad ante la tiranía de los gobiernos y los oligarcas que los sustentan.

No hace falta ser muy despierto para saber quiénes nos están exprimiendo hasta la extenuación. No, no son alienígenas ni tampoco seres con poderes sobrenaturales. Nuestros dueños son de carne y hueso. Se sientan en los consejos de administración de los grandes bancos y las grandes corporaciones. Son los que dan las órdenes a los gobiernos peleles, que ellos mismos han colocado, para que emitan decretos y promulguen leyes a su favor y no al nuestro, arrebatándonos el fruto de nuestro trabajo y nuestras libertades.

Sólo cuando descubramos -probablemente con sorpresa y amargura- cuán engañados estamos y cuán vanas son todas esas doctrinas, creencias e ideologías que otros nos imponen, tendremos alguna posibilidad de dejar de ser esclavos. Se trata de deshacernos de todo ese ruido, que no es más que un engañabobos, y descubrir que nos bastamos nosotros solitos para decidir cómo queremos vivir.

Nuestros dueños han conseguido que la inmensa mayoría de las personas de este hermoso planeta vivamos permanentemente asustadas, enfadadas o atormentadas. Desde la más tierna infancia somos víctimas del miedo, la ansiedad, la ira, la envidia, la desesperación o la paranoia que el sistema nos infunde. Pero no sólo somos víctimas a veces, sino constantemente. O como diría José Mota: “no pa un rato, sino pa siempre”. Esto hace que un número muy elevado de personas acuda a las urnas o a las manifestaciones con la ingenua creencia de que puede cambiar las cosas.

Es evidente que sólo los ingenuos todavía no se han dado cuenta de que votar no sirve para nada y que la agitación social, la protesta y las manifestaciones tampoco sirven para nada. Y es que en lo que respecta al gobierno y al Estado, nada debe creerse ni debe aceptarse sin más. Todo debe ser cuestionado y mayormente desobedecido. Pero me temo que eso es solamente una ilusión. 

DE DÓNDE VENIMOS Y HACIA DÓNDE VAMOS

El ser humano es un ser limitado: tiene un principio (nacimiento) y un final (la muerte). Lo mismo le ocurre como especie: tuvo un origen y ...