Hoy en día la censura, la eliminación de la privacidad y la vigilancia
ya no dejan lugar a dudas de que estamos ante un régimen tiránico sin parangón.
La pregunta es: ¿cómo puede la gente tolerar semejante despotismo? Muy
sencillo, porque la gente ha perdido la capacidad de pensar, razonar y
reaccionar.
Básicamente, todo lo que proviene de los medios de comunicación tradicionales
y de gran parte de los medios alternativos es pura bazofia y mentira. Y es
mentira, porque el mundo en que vivimos es una gran mentira.
La primera gran mentira es el sistema financiero: la estafa mayor creada.
Está en manos de “trileros” (léase banqueros) que lo han diseñado para ser
predecible, previsible y manipulable. De hecho, los mercados están cien por
cien amañados para robar la riqueza de la gente. Y si con los mercados amañados
no fuera suficiente, entonces aplican la flexibilización cuantitativa: el mayor
robo al poder adquisitivo de nuestro dinero mediante la inflación.
La otra gran mentira es la democracia. La ilusión derecha vs izquierda
no es más que una quimera para dividir a la sociedad, ya que tanto la derecha
como la izquierda obedecen a los mismos amos, desempeñando cada una de ellas el
papel que le ha sido asignado en el teatro político.
Luego está el sistema educativo con el que adoctrinar a la población.
La educación que recibimos ha sido diseñada para crear gente mediocre, y las
universidades, salvo raras excepciones, aunque a muchos les cueste creerlo también
crean gente mediocre, ya que son las encargadas de transmitir los dogmas de la
élite.
Para terminar esta pequeña disección de la sociedad en que vivimos
tenemos que hablar de la ciencia. Hoy en día no se puede poner en duda nada que
empiece por: “un estudio científico asegura que…..”. Y es que la ciencia está
tan corrompida como el resto del sistema: la ciencia, como todo, necesita financiación,
y en un mundo donde el dinero lo es todo quien paga manda.
Este es el mudo que un puñado de malvados psicópatas sin escrúpulos ha
creado para nosotros. Es tan notorio, que incluso la revelación más importante
de los archivos de Epstein no son los escándalos pedófilos, que lo son, sino la
prueba irrefutable de la existencia de una élite que dirige los designios del
mundo actuando con total impunidad.
Cuando expones cosas como estas la mayoría de la gente te toma por
loco; es decir, alguien al que se la ha ido la “olla” y sólo ve conspiraciones
por todas partes. Es increíble, la gente lo sufre a diario y, sin embargo, o
bien no se entera o no se quiere enterar y mira para otro lado.
He de hacer una confesión. Antes yo sentía cierta comprensión por toda
esa gente engañada, pero ya no. Después de ver lo que ocurrió en 2020 no me
merecen ninguna compasión. De hecho, he comprobado que su cobardía, su
pasividad y su estupidez no son tan inofensivas, y me he dado cuenta de que son
personas muy peligrosas para la libertad y el bienestar de la humanidad. De
hecho, son ellos los que con su voto mantienen este corrupto sistema.
Conviene recordar que esta gente propició que nos encerrasen durante
tres largos meses, que tuviéramos que llevar una mascarilla durante dos años,
que muchos perdieran su negocio para siempre y que el mundo cambiara
radicalmente desde entonces. Aunque el colmo de la estupidez fue cuando aceptó
una “vacuna”, sin el consentimiento informado, que no había sido probada ni
recetada por ningún facultativo. Esa “vacuna milagrosa” -que nos iba a librar a
todos de una “enfermedad mortal”- la tomaron más de 6.000 millones de personas
en todo el mundo, causando a muchas de ellas la muerte o, en el menor de los
males, enfermedades cardiovasculares, problemas autoinmunes, coágulos de sangre
o los llamados “turbocánceres” que siguen apareciendo por todas partes a día de
hoy. Pero lo más estúpido de todo es que la gente se sigue vacunando contra el
Covid-19. Es patético: han visto lo que ha pasando y no han aprendido nada.
La pregunta es: ¿cómo pueden estar engañadas tantas personas a la vez y
durante tanto tiempo? Y otra más: ¿cómo es posible que miles de millones de
personas sean tan estúpidas? Creo que, amén del adoctrinamiento, la respuesta está
en el miedo: el miedo impulsa a la gente a actuar de forma irresponsable, y la
mayor irresponsabilidad es votar para legitimar este corrupto sistema.
Votar cada cuatro años por un nuevo amo (o el mismo) es admitir ser
esclavo del Estado. Esto favorece el control de las masas proletarias por parte
del sindicato del crimen organizado llamado gobierno. Porque en un mundo donde
los gobiernos de todos los países actúan del mismo modo dictatorial -con sus
leyes, represiones y prohibiciones- está claro que son una trampa para
estúpidos.
Es evidente que quien controla nuestro pensamiento nos controla
totalmente. Por esta razón todos los países del mundo emplean las mismas técnicas
en los centros de adoctrinamiento llamados escuelas, donde se lava el cerebro y
se embrutece a la población. Luego, mediante la constante y machacona exposición
de una narrativa propagandística basada en mentiras, nos convierten en una
panda de idiotas, sumisos, dóciles y totalmente obedientes. Tal es así, que nos
dejamos matar en guerras, que ni nos van ni nos vienen, simplemente para
enriquecer a otros. ¡A ver! ¿Qué coños se le ha perdido al ciudadano medio
estadounidense en Irán? ¿Qué se le ha perdido al ciudadano medio Ruso en
Ucrania? Nada, obviamente. Entonces, ¿por qué ponen en peligro sus vidas por
defender los intereses de otros? Sin soldaditos no hay guerras que valgan.
La incultura genera ignorancia y la ignorancia indiferencia. En este
contexto la mente deja de funcionar y el pensamiento se detiene. Y cuando se
consigue esto -y ya se ha conseguido con creces- la única realidad que percibe
la población engañada es la que le proporciona el gobierno de turno y sus
mamporreros medios de comunicación. De hecho, las narrativas instrumentalizadas
inculcadas a las masas son propaganda destinada a inundar sus mentes con
relatos que convierten mentiras infumables en verdades absolutas; ya sabes: “una
mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Pondré un ejemplo: una
persona nace varón (cromosomas XY) o hembra (cromosomas XX). Por lo tanto, las
personas “trans” no cambian de sexo por mucho que se disfracen del sexo opuesto
y lo repitan mil veces.
Lamentablemente, cuando la gran mayoría de la población sucumbe a este tipo de manipulación es porque está absolutamente anestesiada, y una sociedad anestesiada es incapaz de reaccionar ante nada.
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