Los políticos son lo peorcito de la sociedad, no me cabe la menor duda. Lo digo, porque el sueño de cualquier político es el de gobernar y ejercer el poder sobre otros, lo que significa que todo político es un ser miserable, inmoral y enemigo de la libertad.
Soy consciente de que la gran mayoría (todo los que votan) no estarán
de acuerdo con mi percepción. Sin embargo, hay una explicación: porque creen
que otras personas tienen derecho a ejercer poder sobre ellos y sobre el resto
de la humanidad. Y como creen en ello, eligen periódicamente a esa camarilla de
políticos déspotas, corruptos y ladrones para que rijan sus vidas. Esto me
lleva a preguntarme: si todo gobierno basa su poder en estúpidas leyes
represoras contra el “populacho”, ¿por qué los eligen? ¿Por ignorancia? ¿Por
estupidez? Probablemente por ambas cosas.
¿Cómo puede una persona supuestamente inteligente y sensata creer que
un político va a mirar por él? La respuesta está en que la gente ha sido
sometida a un lavado de cerebro descomunal, haciéndole creer que este es el
único sistema viable sin alternativa posible. Además, es intimidada
constantemente para que viva con miedo: miedo a una crisis económica, sanitaria,
climática e incluso miedo a discrepar o pensar diferente. De hecho, la gente
está completamente asustada porque tiene miedo a perder lo que tiene. ¿Pero qué
tiene? Nada, puesto que desde que nacemos somos explotados y esclavizados por
el sistema.
Los políticos nos han mentido y nos seguirán mintiendo para conservar
su poder sobre nosotros. Constantemente utilizan todo tipo de operaciones psicológicas
para mantenernos amedrentados y distraídos de la realidad. La inmensa mayoría
de los relatos que nos exponen son mentira. Y si son verdad, los manipulan ideológica
y sentimentalmente para llevarlo al terreno que más les conviene. De hecho,
jamás han solucionado nada. Lo único que hacen es dividirnos y sembrar de odio
la sociedad, eso se les da muy bien. Sólo tienes que ver una sesión del
Parlamento: se insultan sistemáticamente y nuestros problemas sin resolver.
No existe un mundo libre y democrático. Nuestra vida no mejora en
absoluto cuando quitamos a unos políticos para poner a otros. Todos los
políticos, absolutamente todos, son marionetas a las órdenes del poder global
del dinero. Por lo tanto, trabajan para ellos, no para nosotros. ¿Tan difícil es
de entender?
No sé cómo la gente no es consciente de esta realidad. ¡Pero si lo
estamos viendo un día sí y otro también! ¡Señores! ¡Que les importamos una
mierda! ¿O es que ya hemos olvidado lo que nos hicieron hace seis años? Eso por
no hablar de las guerras: ellos las declaran y nosotros ponemos los muertos.
La censura, la identificación digital, el lenguaje inclusivo, las CBDC,
la vigilancia masiva biométrica, el Wokismo, el cambio climático antropogénico,
el crédito social, la IA y un sinfín de gilipolleces, a cada cual más
esclavizante, avanzan a pasos agigantados sin la menor resistencia.
Ahora pregúntate: ¿cuántos políticos están haciendo algo para detener
esta locura? ¿Cuántos se oponen de verdad a este sistema corrupto y depredador?
¿Cuántos están intentando desmantelar esta agenda de control? ¿Cuántos apuestan
realmente por la verdadera libertad? La respuesta es simple: ninguno.
A los políticos no les importamos en absoluto, sólo les preocupa ser
elegidos y reelegidos con el fin de medrar económica y socialmente. Esa es la
realidad.
Por otro lado, las soluciones políticas simplemente no existen. La
realidad es que los políticos nunca han solventado nada. Si alguna vez alguien
lo ha hecho, ha sido alguno de sus asesores. Entonces, ¿para qué queremos a los
políticos? ¿Por qué están ahí? Pues ya te lo digo yo: para lidiar con el
“populacho” y mantener a los verdaderos amos del mundo fuera de nuestro alcance.
Veamos una analogía con la Fiesta Nacional Taurina.
Nosotros, el “populacho”, somos el toro (noble, grande, poderoso, pero
ingenuo). El torero, (el que manda en el ruedo y lleva a cabo la lidia del toro)
es el poder global del dinero. Y el capote y la muleta, (los engaños que
utiliza el torero para someter al toro) son los políticos.
El toro, noble y bravo, entra al engaño las veces que le demanda el
torero (nosotros a través de los políticos somos sometidos al juego del poder global
del dinero). Durante la faena, el torero va cambiando de engaño -capote o
muleta- según el tercio que corresponda en la lidia (el poder global del dinero
utiliza políticos de derecha o izquierda en función de su conveniencia). Al
final de la lidia, cuando el torero enarbola el estoque que pondrá fin a la
vida del animal, fija al toro en la muleta mientras le introduce una estocada
de muerte (nosotros estamos distraídos con las sandeces de los políticos mientras
el poder global del dinero nos conduce hacia donde quiere).
Sí, ya sé que a veces el torero es cogido por el toro ocasionándole la
muerte. Y aquí es a donde quiero llegar, ya que esto se produce cuando se
enfrentan cara a cara toro y torero -sin el engaño de por medio- circunstancia
donde el torero es más vulnerable y tiene todas las de perder.
Pues eso mismo pasaría si quitásemos de la ecuación a los políticos;
nos quedaríamos cara a cara “populacho” y poder global del dinero, que sin el
escudo protector de los políticos permanecería al descubierto y sería
vulnerable.
Esta analogía viene que ni pintada para entender la situación actual.
No, no son el malvado Trump y el asesino Netanyahu los que han
declarado la guerra a Irán. Ellos son sólo un par de políticos tarados mentales
utilizados por el poder global del dinero como brazo ejecutor. Evidentemente,
quien ha declarado la guerra a Irán ha sido el poder global del dinero, que con
esta operación nos ha declarado la guerra a todos.
Tampoco es Pedro Sánchez el pretendido pacifista que quiere salvar a la
humanidad. El eslogan “no a la guerra”, no lo enarbola porque le importe la paz
en Oriente Medio, sino para obtener réditos políticos, como acabamos de ver en
las elecciones autonómicas de Castilla y León donde, por cierto, le ha dado muy
buenos resultados: el PSOE esperaba otra debacle, como en Aragón y Extremadura,
y, sin embargo, ha ganado dos escaños más que en las anteriores elecciones. Por
consiguiente, seguro que lo vuelve a utilizar en Andalucía y en las Generales.
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