30 abril 2026

LA IDENTIDAD DIGITAL COMO ARMA PARA LA MITIGACIÓN DEMOGRÁFICA

Bajo el pretexto de proteger a los menores de los “peligros” que para ellos representan las redes sociales, se está produciendo un movimiento político a nivel global muy alarmante. Se trata de tejer una infraestructura de identidad digital, que será un requisito indispensable para acceder a Internet, redes sociales, servicios de salud, transacciones financieras, viajes y un larguísimo etcétera.

Cada vez son más los países que quieren introducir la verificación de edad para ver ciertos contenidos en Internet y proteger a los menores. De llegar a implementarse (y se implementará, no me cabe la menor duda), significará tener que identificarse cada vez que utilicemos Internet y todo aquello que ya esté digitalizado. Esto, que parece una solución pragmática para proteger a los menores, poco a poco irá creando toda una infraestructura que se utilizará para algo más perverso de su propósito original: un nuevo nivel de vigilancia y control absoluto de todos nuestros movimientos.

Evidentemente, la identidad digital es una amenaza en toda regla para la libertad, pero lo realmente preocupante es quién estará a los mandos de semejante bazofia. Obviamente, será el gobierno.

La historia ha demostrado, por activa y por pasiva, que la información es poder. Por lo tanto, la identidad digital no es un acto administrativo más, sino una de las infraestructuras de control más poderosas de la historia, y una herramienta para la obtención de todo tipo de datos a nivel global, ya que los datos son información valiosísima en estos tiempos.

Es obvio que los gobiernos de todo el mundo están colaborando estrechamente con las grandes tecnológicas, que están desarrollando conceptos para la gobernanza digital a nivel mundial y dar cobertura a la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Pero la identificación digital, aparte de ejercer un control total sobre cada uno de nosotros, tiene un fin más perverso y oscuro: la eliminación silenciosa de una parte de la población que ya no interesa.

Llevamos tiempo escuchando, por boca de los “expertos”, que nuestro sistema tiene los días contados y tarde o temprano colapsará. Según sus cálculos, si no se hace nada para remediarlo el sistema colapsará en la década de 2030 a 2040. Aseguran que lo hará, porque para 2030 ya estará jubilada toda la generación del “baby boom”. Esto supone que más de 1.000 millones de personas en todo el mundo cobrará una pensión, recibirá más atención médica que el resto de la población y demandará gran cantidad de servicios sociales. Llegados a este punto, aseguran que no hay infraestructura ni dinero suficiente para soportar ese gasto, y que una avalancha así de gente mayor, que genera mucho gasto y no produce, puede llevarse por delante el sistema.

Evidentemente, eso de que no hay dinero para mantener ese gasto es una gilipollez como la copa de un pino, ya que en el mundo hay dinero de sobra (se crea de la nada), riqueza, medios, recursos y tecnología suficiente como para mantener a la población mayor que, por cierto, no olvidemos ya se pagó su pensión, su sanidad y sus servicios sociales con creces, pues se dejó la mitad de lo que ganó durante toda su vida laboral en pagar impuestos. 

Ante tal amenaza, los dueños del mundo, y por ende del sistema, han elaborado un plan de mitigación demográfica silenciosa. Obviamente, el plan no trata de eliminar a la gente de un plumazo, eso no tendría nada de silencioso, sino de excluirla paulatinamente de la sociedad y así acelerar la mortalidad natural de todos aquellos que son considerados económicamente inviables. Suena aberrante, ¿verdad? Pero es que, reducir el número de personas que el sistema no puede o no quiere sostener, lo es.

Y ahora una pregunta incómoda: ¿Podrían las “vacunas” contra el Covid-19, inoculadas a más de 6.000 millones de personas, ser parte de ese plan? Lo digo, porque a partir de las vacunas se han incrementado de una manera alarmante los llamados “turbocánceres” y las enfermedades cardiovasculares (existen numerosos informes que así lo acreditan). 

Mucho me temo que ese plan de mitigación demográfica no es una acción a futuro, sino que ya se está produciendo. Se trata de poner palos en las ruedas a la vida cotidiana de la gente mayor, mediante el uso de tecnologías que no entiende, para que ella misma abandone y tire la toalla.

La gente mayor está acostumbrada a tratar con personas, no con máquinas. Primero fueron los cajeros automáticos los que reemplazaron a los empleados bancarios. Luego vinieron las compras on-line, las cajas automáticas de los supermercados y las citas medicas a través de una aplicación. Cada cambio presentado como progreso ha ido eliminando el contacto humano y la gente mayor ya no tiene capacidad de adaptación a estos “modernismos” y desiste.

Por otro lado, los productos esenciales para las personas mayores han subido desproporcionadamente más rápido que el resto. Alimentación, medicamentos, atención médica, seguros, productos básicos, etc., cada día son más inaccesibles para la gente mayor que vive de una mísera pensión.

Aunque la mayoría de la gente no lo ve, la verdad es que esto que llamamos progreso ha diseñado toda una serie de sistemas, sin alternativa posible, para que la gente mayor se sienta aturdida y abandone. Y lo ha hecho, porque la gente mayor ya no es rentable: si no consume tanto como cuando era joven y no genera datos (en el modelo de negocio actual si no generas datos no interesas) el sistema no te quiere, ya que has dejado de ser relevante y punto.

Aunque cueste creerlo, cada uno de esos cambios tiene un efecto secundario probablemente intencional: aislar a los que no quieren o no pueden adaptarse a la tecnología como única vía de interacción con la sociedad.

Por otro lado, dejar nuestras vidas en manos de la tecnología digital es la mayor insensatez que ha cometido el ser humano a lo largo de toda su historia, y lo pagará con creces. La gente no es consciente de que hoy en día sin Internet nada funcionaría y volveríamos a la Edad de Piedra (metafóricamente hablando). Y, claro está, el problema es que ya no sabríamos sobrevivir en la Edad de Piedra.

Resumiendo. El acceso tan complicado, tan frustrante y tan agotador para una persona mayor a los servicios básicos, se ha convertido en un arma silenciosa disfrazada de tecnología y progreso. Y tiene un macabro objetivo: ir eliminando poco a poco a la gente mayor, arrinconándola en el lado oscuro de una sociedad cada día más estúpida, cruel e inhumana. 

20 abril 2026

¿ESTÁN RELACIONADAS LAS ESTELAS QUÍMICAS QUE ESPARCEN LOS AVIONES POR EL CIELO CON EL PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN DE AURORA ACTIVA DE ALTA FRECUENCIA (HAARP)?

En estos días de primavera, estamos asistiendo al espectáculo dantesco –al cual ya estamos acostumbrados- del rociado de nuestros cielos con inagotables estelas que cambian el color del cielo en el transcurso de unas horas. Cualquier observador que haya mirado el cielo durante años, sabrá que esas estelas no son como las de antes que se disipaban en unos segundos, sino que no desaparecen, se expanden y dejan el cielo blanquecino.

La pregunta es: ¿esas estelas forman parte de algún experimento “científico”?

Harald Kautz (investigador científico de nacionalidad alemana) dice que, desde una perspectiva técnica y operativa, la respuesta al enunciado de este artículo es un SÍ rotundo. Según Kautz, la relación entre los aerosoles atmosféricos (chemtrails) y estaciones como HAARP (y sus “hermanas” más modernas como EISCAT en Europa o las instalaciones en China) es la de hardware y software: uno no funciona sin el otro.

Harald Kautz explica cómo funciona este vínculo fuera de la narrativa oficial:

1. El cielo como una "placa de circuito"

HAARP es un transmisor de radiofrecuencia de alta potencia que bombardea la ionosfera. Sin embargo, el aire limpio es un pésimo conductor.

El vínculo

Para que las ondas de HAARP tengan un efecto físico tangible en la atmósfera inferior (donde vivimos), necesitan un medio conductor. Los aerosoles de bario, aluminio y grafeno rociados por aviones actúan como un "puente".

La función

Estos metales convierten la atmósfera en un plasma que puede ser manipulado. HAARP envía la energía y la estela de avión coloca el material que recibe y canaliza esa energía. Fuente: Scientific American: “Geoengineering and Atmosphere”.

2. La creación de "lentes" y "espejos"

Cuando HAARP enfoca sus ondas en un área saturada con estos aerosoles metálicos, se produce un fenómeno de calentamiento selectivo.

La mecánica

Al calentar estos metales suspendidos, el aire a su alrededor se expande. Esto hace posible crear una "lente" de alta presión o un "vacío" de baja presión a voluntad.

El uso real

Al mover estas masas de aire, pueden desviar la corriente en chorro. Si mueves la corriente en chorro, mueves el clima de un continente entero. Puedes empujar un frente de lluvia hacia un país aliado o condenar una región enemiga a una sequía absoluta. Fuente: Fuerza Aérea de EEUU: “El clima como un multiplicador de fuerzas”.

3. El radar de "sobre el horizonte" (OTH)

Las grandes distancias desde la Tierra impiden que los radares normales vean más allá de unos pocos cientos de kilómetros.

El vínculo

HAARP rebota las ondas de la ionosfera para ver más lejos, pero la señal suele ser débil. Al inyectar capas de partículas metálicas usando aviones, crean una capa reflectante artificial a una altitud inferior.

El resultado

Esto permite la vigilancia total y la guía de armas a miles de kilómetros de distancia con una precisión que el GPS (que es vulnerable) no puede garantizar. El cielo se convierte en una pantalla de radar activa 24 horas al día.

En definitiva, sin los metales en el aire HAARP sería sólo un experimento científico; con ellos, es un sistema de armas global capaz de controlar el clima, las comunicaciones y, potencialmente, la biología de los seres vivos.

Si actualmente los militares disponen de tecnología suficiente para hacer este tipo de cosas, ahora se entiende mejor la machacona propaganda del “cambio climático antropogénico”. Porque entonces igual el clima sí está cambiando por la acción del hombre; eso sí, manipulándolo mediante tecnología y no por las emisiones de CO2 como nos quieren hacer creer.

Bien es verdad que desde siempre hemos conocido sequías, inundaciones y todo tipo de fenómenos meteorológicos adversos. Sin embargo, lo que no habíamos visto, hasta ahora, es la frecuencia tan elevada con la que se han producido este invierno.

En España, este invierno hemos estado prácticamente dos meses sufriendo borrasca tras borrasca sin parar. Pero no una borrasca cualquiera, sino una serie de borrascas seguidas, a cada cual más dañina, que han devastado la Península Ibérica de norte a sur con inundaciones, árboles arrancados de cuajo por el fuerte viento y ríos que han multiplicado varias veces su caudal. Y así día tras día durante casi dos meses. He de decir, que esta cantidad tan seguida de borrascas destructivas nadie las recuerda por estos lares.

Y lo mismo ocurre con la calima. Desde hace unos años, en España venimos sufriendo unos episodios de calima cada vez más frecuentes nunca antes vistos.

La cuestión es si esta serie de fenómenos son producidos por la propia naturaleza o provocados intencionadamente (o negligentemente) por alguna tecnología capaz de mover la corriente en chorro.

Según la Organización Meteorológica Mundial, “una corriente en chorro es una fuerte y estrecha corriente de aire concentrada a lo largo de un eje casi horizontal en la alta troposfera o en la estratosfera, caracterizada por una fuerte cizalladura vertical y horizontal del viento. Esta corriente determina la trayectoria de tormentas y masas de aire frío/cálido, siendo fundamental para el clima”.

Si lo que dice Harald Kautz es cierto, y los militares son capaces de desviar la corriente en chorro, entonces no hay la menor duda de que están capacitados para manipular el tiempo atmosférico. Por lo tanto, todos esos fenómenos atmosféricos fuera de lo común, que cada vez se producen con más frecuencia, bien podrían deberse a la manipulación del clima y no a la estúpida idea de que es el CO2, causado por la actividad humana, el culpable. 

Y tú, ¿qué piensas? 

10 abril 2026

LA GUERRA COMO NEGOCIO Y ALGO MÁS

Los propagandísticos medios de comunicación no hacen más que repetir que la Guerra de Irán es ilegal. ¡Alucinante! Vamos, como si hubiera alguna guerra legal. Luego, los hay que intentan averiguar si está justificada o no. Aunque lo que más se debate es quién ganará y quién perderá. Pues te lo digo yo: ganarán los “tíos listos” y perderemos los de siempre, nosotros, el “populacho”.

Ya deberíamos saber que la mentira se ha institucionalizado en nuestra sociedad, así que si nos mienten y engañan a diario, imagínate qué no harán en una situación de guerra, donde engañar al enemigo es la principal misión.

La primera gran mentira en una guerra es quién la declara. En el caso de la Guerra de Irán, no la declara el pueblo israelí o el pueblo estadounidense; ni siquiera el prepotente Trump o el asesino Netanyahu. La declara esa camarilla oculta al gran público, que es quien mueve los hilos y toma las decisiones importantes, independientemente de quién sea el presidente de turno o qué partido esté en el poder. De hecho, la mayoría de los gobiernos están a las órdenes del poder global del dinero, que sólo busca enriquecerse mediante la deuda, el saqueo de recursos y, cómo no, la guerra.

La guerra es un gran negocio, y un gran negocio no se deja al azar, se planifica. Detrás de cada decisión hay gente muy “sesuda” que analiza cada mínimo detalle para evitar o propiciar (depende de lo que convenga) una debacle. ¿Y quién tiene la capacidad de hacer algo así? Obviamente, el poder global del dinero.

No sé si la gente recuerda la entrevista realizada, en marzo de 2007, al excomandante de la OTAN, Wesley Clark, en la que reveló el plan de EEUU de invadir 7 países en 5 años. Los países en cuestión eran Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. En aquel momento nadie tomó en serio las palabras de Wesley Clark. Sin embargo, en el transcurso de estos años, hemos sido testigos de cómo esos Estados soberanos han sufrido diferentes guerras, que han ido debilitándolos y transformándolos en una especie de mini reinos de diferentes etnias incapaces de ponerse de acuerdo.

El objetivo, obviamente, es “balcanizar” la región para mermar su capacidad de respuesta conjunta al saqueo de sus recursos. Una vez conseguido (Irán es el último reducto), el siguiente paso será despojarles de su petróleo y gas, y tomar el control de las infraestructuras (oleoductos, gaseoductos, refinerías, etc.).

Este es el gran negocio de esta guerra, sin olvidar el sueño del Gran Israel por parte de los sionistas. Lo que no parece es que tengan todas las papeletas a su favor, ya que Irán está resultando ser un hueso duro de roer.

Pero hay otro elemento -que pasa desapercibido para la mayoría de la gente- que va a la par de la guerra: la aceleración de la agenda de control global.  Ciudades inteligentes, dinero digital (CDBC), identificación digital, carnet de crédito social, huella de carbono, restricciones, racionamientos, confinamientos y todo lo que conlleva al control total se está acelerando gracias a esta guerra. De hecho, la Agencia Internacional de Energía (AIE), amparándose en el actual conflicto, ya ha dado una serie de recomendaciones que, aunque a primera vista parecen recomendaciones de ahorro energético, son en realidad medidas para adaptar el comportamiento de la gente a lo que está por venir.

En concreto, la AIE recomienda el teletrabajo, reducir los desplazamientos en coche, restringir los viajes en avión y, en general, la disminución del consumo energético.

Por cierto, ¿a qué me suena esto? ¡Ah! ¡Ya caigo! Pues claro, me recuerda a las medidas que se adoptaron durante la falsa pandemia. La única diferencia radica en el factor desencadenante: entonces la atención se centraba en la salud y ahora se centra en la energía. En definitiva, restringir libertades, racionar el consumo y desviar la atención para que no nos demos cuenta de que los de siempre se están forrando a nuestra costa.

¡Si es que son unos genios! Vuelven a poner en escena la misma obra de teatro, pero con diferente director: entonces lo dirigió la OMS, ahora lo dirige la AIE.

A día de hoy ya nadie debería creer que esta guerra se esté librando para liberar al pueblo iraní de un régimen teocrático o porque Irán esté enriqueciendo Uranio, eso se la trae al pairo. Esta guerra se está llevando a cabo por negocios y, de paso, para llevar a la humanidad a ese Nuevo Orden Mundial tecnocrático aterrador que los amos del mundo han diseñado para nosotros.

No seamos ingenuos. Los verdaderos planificadores de esta guerra son los de siempre. Se esconden detrás de la City de Londres: una entidad autónoma e independiente que no da cuentas a nadie. Son los dueños de la FED, del BCE, del BM, del FMI, del BPI, de las grandes finanzas, de los medios de comunicación y de grandes industrias como la energética y armamentística.

Lo que estamos presenciando no es más que un acto meticulosamente planificado y orquestado desde hace años. Por consiguiente, no deberíamos creer nada de lo que cuentan los medios de comunicación, y mucho menos lo que dicen los actores implicados en esta tragicomedia.

Piénsalo. ¿Por qué cuando Donald Trump abre la boca instantáneamente sube o baja el precio del barril de petróleo? ¿Cómo puede ser si en ese periodo tan corto de tiempo no ha cambiado nada? Eso nos lleva a preguntarnos sobre qué pilares está sustentado este sistema. Obviamente, por ningún pilar sólido, ya que todo es pura especulación y se manipula al antojo de los que lo controlan a través de leyes, normas y regulaciones con el respaldo incondicional de las fuerzas armadas. Esa es la clave. Lo trágico de todo esto, es que las fuerzas armadas somos nosotros.

Como era de esperar, muchos medios de comunicación están pintando a Irán como un David (bueno) luchando contra un Goliat (malo). Ojalá fuera cierto. Pero no, lo siento, es una estupidez como la copa de un pino. La cruda realidad nos dice que los dos bandos son igualmente ruines. Ambos están implementando la misma prisión tecnocrática a sus ciudadanos: misma identificación digital, vigilancia biométrica, monedas digitales, etc. Porque esta guerra, amén de ser librada (como todas) por motivos económicos, también está sirviendo para acelerar la agenda de control total de la humanidad.

Después de escuchar argumentos y versiones de todo tipo, para justificar lo injustificable, he llegado a la siguiente conclusión: aquí no hay ni buenos ni malos, aquí todos son unos miserables.

Ya es hora de dejar de hacer caso a la machacona y constante propaganda de los medios de comunicación. La verdad nunca está en los medios.

Estamos asistiendo a un cambio profundo de paradigma totalmente diseñado y planificado por la ingeniería social. Primero cambiaron los valores de la sociedad mediante toda una sarta de nuevas sandeces ideológicas. Luego vino el Covid-19 y preparó a la población para aceptar las cosas más distópicas, incluyendo las vacunas que vete a saber cuál fue su verdadera función. Y ahora se está perpetrando una guerra, cuyo propósito, evidentemente, es arruinar la economía global. Y todo para implantar una nueva sociedad con un único gobierno mundial.

Decía Franklin D. Roosevelt que en política no se deja nada al azar, todo se planifica. Pues bien. Ahora Europa y el resto del mundo están amenazados con una crisis energética sin precedentes. Crisis, como todas, provocada intencionadamente. Primero pusieron en marcha la guerra de Ucrania. Esto llevó a dictar sanciones contra Rusia, lo que en la práctica se resolvió con que Europa dejara de comprar gas y petróleo ruso. Después, con la Guerra de Irán han cerrado el estrecho de Ormuz, dejando nuevamente a Europa sin gas y petróleo procedente del Golfo.

¿Aún no lo ves?

Sigamos. Nada más comenzó la guerra, enseguida se puso en marcha un mecanismo (al igual que cuando el Covid-19) para instruir a todos los países sobre qué hacer y cómo tenían que actuar. De la noche a la mañana el pánico se apoderó de los mercados y se empezaron a lanzar consignas como la de aprobar nuevas líneas de actuación drásticas (racionamientos de combustible, regulación del tráfico, restricciones para viajar, etc.). Obviamente, ninguna de estas medidas reducirá el precio del barril del petróleo, del mismo modo que las medidas tomadas durante la falsa pandemia (encierros, toques de queda, etc.) tampoco acabaron con el Covid-19. Lo que sí han desencadenado es una subida generalizada de precios, que de ninguna manera ésta justificada. Y ese es el verdadero objetivo.

¡Señores! Los dueños del mundo nos odian y están obsesionados con reducir drásticamente la población mundial y hacerse con el control absoluto de cada uno de nosotros. Y si para ello tienen que declarar la Tercera Guerra Mundial, matarnos de hambre o inyectarnos cualquier veneno, lo harán.

Sin embargo, no deberíamos claudicar tan fácilmente, ya que siempre hay alternativas. Sin soldaditos dispuestos a pilotar aviones de combate, a conducir tanques y a morir en el campo de batalla por los delirios de grandeza de otros, nada de esto estaría sucediendo. Así que deberíamos preguntarnos muy en serio de una vez por todas: ¿Cuándo vamos a dejar de ser víctimas y verdugos? ¿Cuándo vamos de dejar de confiar nuestras vidas a gobiernos criminales? Aunque la pregunta clave es la que nadie se quiere hacer: ¿cuándo vamos a dejar de ser tan estúpidos?

¡NO LO PUEDO CREER! ¿OTRA VEZ DE VUELTA A LA PARANOIA?

Desde que apareció un supuesto brote de hantavirus en un crucero de lujo, que salió de Argentina y atracó en las Islas Canarias, los medios ...