10 julio 2026

EN ESPAÑA PAGAMOS MUCHÍSIMOS MÁS IMPUESTOS QUE HACE 50 AÑOS. LA CUESTIÓN ES: ¿VIVIMOS MEJOR AHORA QUE ANTES?

A pesar de pagar muchísimos más impuestos, y por mucho que le pese a la clase política, en España no se vive ahora mejor que hace 50 años. Puede que algunos confundan tener más cosas materiales con calidad de vida, pero no es lo mismo.

En 1975, España tenía una población de 36 millones de habitantes y 700 mil empleados públicos. Hoy en día, la cifra de trabajadores en el sector público supera los 3,6 millones, para administrar a una población que ha crecido hasta los 49 millones. Es decir, los funcionarios se han multiplicado por 5 mientras que la población ni siquiera se ha doblado.

Sin embargo, el aumento del sector público no ha contribuido a incrementar la calidad de vida del ciudadano; al contrario, ha supuesto un aumento espectacular de la burocracia, reduciendo al ciudadano a un mero idiota que tiene que pedir permiso para todo y pagar cada vez más impuestos.

Con la llegada de la “democracia”, España instauró un modelo basado en el multipartidismo y la descentralización (Estado de las Autonomías), dando lugar a un mastodóntico monstruo de 17 cabezas. O lo que es lo mismo, una nación hiperpolitizada y sobrerrepresentada.

Hoy en España tenemos unos 70.000 cargos públicos, más unos 30.000 asesores y cargos de confianza. Y sí, estos administradores de pacotilla son los que nos han llevado a esta situación; a no vivir mejor pagando más impuestos.

En la década de los 70, el sistema fiscal español no era ni la sombra de lo que es ahora. Si hacemos una comparativa de los impuestos que pagábamos hace 50 años con los que pagamos ahora, veremos la diferencia.

Hace 50 años el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) no existía. Esto suponía que los trabajadores asalariados prácticamente no pagaban un impuesto directo sobre sus ingresos, ya que la recaudación dependía de impuestos sobre el consumo y gravámenes de la época franquista. Sin embargo, ahora es el pilar del sistema fiscal español. En 2026, este impuesto cuenta con tipos progresivos que van desde el 9,5% para los primeros tramos hasta el 24,5% para las rentas más altas. Si a esto le sumamos los tramos autonómicos, se llega a un tipo máximo conjunto por encima del 45%.

Hace 50 años tampoco existía el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). En su lugar, el consumo estaba gravado por el Impuesto General sobre el Tráfico de Empresas (ITE) y por el Impuesto de Lujo que gravaba determinados bienes. Actualmente, el IVA se aplica a todos los productos, bienes y servicios. El tipo general es del 21%, aunque hay un tipo reducido del 10% para el transporte y la hostelería y un tipo superreducido del 4% para alimentos básicos o libros.

Obviamente, 50 años atrás el porcentaje destinado a la Seguridad Social era inferior debido a un menor volumen de pensiones y servicios sanitarios públicos. Ahora las cotizaciones sociales son el mayor motor recaudatorio, superando el 37% de los ingresos fiscales del país.

Luego tenemos el Impuesto sobre Patrimonio, que hace 50 años tampoco existía. A día de hoy se aplica a las “grandes” fortunas. No obstante, para los que no contamos con grandes fortunas tenemos el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), que grava la titularidad de las viviendas de todo el mundo, ricos y pobres.

Dicho esto, está claro que el cambio ha sido sustancial. La justificación oficial del incremento de la presión fiscal es que España necesita más dinero para la financiación del Estado del Bienestar. A ver, ¿el Estado de qué? Porque, ¿qué Estado del Bienestar es ese que permite que trabajando seas pobre, no llegues a fin de mes y pagues más impuestos que nunca?

No nos confundamos. El Estado del Bienestar es ese que te garantiza cobertura médica inmediata, esperanza de vida y bienestar emocional. Ese que te ofrece un nivel de ingresos dignos para mantener tu poder adquisitivo. El que te da acceso al conocimiento y la cultura. El que te permite vivir en un entorno limpio con buena calidad de alimentos, aire y agua. El que tiene niveles ínfimos de criminalidad. En definitiva, un Estado donde tus derechos estén garantizados y el gobierno te proteja y no te robe. Porque no se trata de dar ridículas ayudas que no sacan de la pobreza al que las recibe, sino de crear bases sólidas que garanticen la igualdad de oportunidades para todos.

Pero el debate no está en si el gasto público debe ser alto o bajo en función de las necesidades del Estado, sino en si verdaderamente ese gasto es eficiente. Y he aquí que España gasta el 45% de su PIB para obtener unos resultados propios de un país que sólo gasta la mitad. Por lo tanto, algo estamos haciendo rematadamente mal.

La presión fiscal en España ha alcanzado niveles sin precedentes que no se ha traducido en una mejora de vida para la mayoría de sus ciudadanos. Esa es la cruda realidad. España dedica hoy 280.000 millones de euros más al gasto público que hace 50 años. Cada trabajador paga 15.000 euros más que en 1975 para financiar sanidad, educación e infraestructuras. ¿Qué pasa? ¿Es que en la España de 1975 no existían hospitales, carreteras, trenes y educación pública? Pues claro que existían acorde a los tiempos que corrían.

La pregunta es: ¿por qué ahora con más recaudación no mejora el bienestar de la gente? Evidentemente, la respuesta está en la ineficiencia del gasto público y en el modelo económico español, que se sustenta sobre sectores de baja productividad. Actualmente, la productividad por trabajador está prácticamente al mismo nivel que hace 25 años. Del mismo modo, el salario real medio -descontada la inflación- ha seguido una tendencia prácticamente plana. Es decir, que hoy en día los trabajadores no ganan más en términos de poder adquisitivo.

Según el Informe FOESSA, en 1975 había en España alrededor de 3 millones de pobres. En 2026, la cifra ha ascendido a 12,6 millones. Obviamente, si recaudando más dinero hay más pobres, algo no estamos haciendo bien.

Dicho esto, ¿cómo podemos ser tan estúpidos de pensar que un Estado del Bienestar puede estar gestionado por políticos? Los políticos en España son como un grano en el culo. Viven en su mundo de Yupi ajenos a la realidad. Son personas que no han trabajado en su vida, que no tienen la preparación adecuada y no han hecho otra cosa que vivir de la política. Por lo tanto, son los menos capacitados para gestionar un país. Y como sólo saben tapar un agujero con otro agujero, por eso cada vez necesitan más y más dinero, que luego no se traduce en calidad de vida para sus ciudadanos.

Epílogo. Los políticos son una panda de parásitos que no saben nada de nada. Excepto una cosa: saben que gobiernan a una población extremadamente idiota. Y, claro está, sabiendo eso, ¿para qué coños necesitan saber nada más? 

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