30 mayo 2026

¿Y SI EL CIERRE DEL ESTRECHO DE ORMUZ FUESE EL VERDADERO OBJETIVO Y NO UNA CONSECUENCIA DE LA GUERRA EN IRÁN?

Llevamos tres meses de guerra en Irán y el Estrecho de Ormuz sigue cerrado. Desde el inicio de la guerra, los medios de comunicación nos han vendido la idea de que Trump ha calculado mal su estrategia, convirtiendo el conflicto en un verdadero desastre para los intereses de EEUU. Sin embargo, como ya hemos visto tantas veces, es muy probable que nada de lo que nos cuentan los medios de comunicación sea cierto, ya que en una guerra una parte muy importante de lo que verdaderamente se cuece en ella se oculta al gran público por razones obvias. Es por esta razón que podría darse la hipótesis de que todo lo argumentado -incluido el aparente cierre del Estrecho de Ormuz- no fuera un error de cálculo por parte de EEUU, sino una estrategia deliberada, ya que los conflictos bélicos se planifican con antelación atando todos los cabos.

Lo primero que hay que aclarar es que Trump ni pincha ni corta en esta contienda. Él es simplemente un títere; un payaso más a las órdenes del poder global del dinero, verdadero cerebro de la operación. Por consiguiente, decir que Trump y Netanyahu son los arquitectos de esta contienda no es más que basura propagandística para el “populacho”, que necesita de buenos y malos.

¿Te has parado a pensar que subir el precio del petróleo, y mantenerlo alto el mayor tiempo posible, podría ser un objetivo fundamental de la administración Trump? Esto haría aún más rica a la todopoderosa industria energética estadounidense. Ante esta tesitura, no es desatinado pensar que el estrangulamiento del petróleo del Golfo, con el cierre del Estrecho de Ormuz, sería un resultado buscado y no una mala consecuencia de la guerra como se nos quiere hacer creer.

Sí, ya sé que puede parecer descabellado, pero, como siempre, siguiendo el rastro del dinero puede que demos con la verdad, ya que el dinero es un detector de mentiras casi perfecto.

Según un análisis exclusivo de The Guardian, basado en datos de Rystad Energy y estudiados por Global Witness, las 100 mayores empresas del sector petrolero obtuvieron más de 30 millones de dólares por hora en beneficios extraordinarios durante el primer mes de guerra. Por otro lado, la cotización en bolsa del sector energético estadounidense aumentó su valor de mercado en casi 100.000 millones de dólares, y las petroleras de la Unión Europea (UE) están ingresando del orden de 80 millones de euros extra al día por el aumento de los precios del combustible.

Ante las expectativas de que el conflicto se alargue, se estima que los ingresos de las empresas petrolíferas estadounidenses, para este año, superarán los 200.000 millones de dólares. Por cierto, las mismas empresas que hicieron generosas donaciones para la campaña electoral de Donald Trump. ¿Casualidad? Puede, pero demasiado evidente para ser casual.

Los daños colaterales que está provocando el cierre del Estrecho de Ormuz se cuentan por millones de barriles diarios que no reciben los países importadores. China, India, Japón, Corea del Sur o la UE, son algunos de los damnificados de esta contienda.

Sin embargo, a EEUU -ejecutor de este caos aparente- el bloqueo del Estrecho de Ormuz le viene como anillo al dedo. Al crear una incertidumbre insoportable en el suministro del petróleo proveniente del Golfo, busca que los compradores globales le perciban a él como un proveedor seguro y fiable.

EEUU tiene grandes reservas de petróleo procedente del fracking (fracturación hidráulica), que le ha transformado en el mayor productor mundial de petróleo y gas licuado; eso sí, con un coste más elevado de producción. El hecho del cierre del Estrecho de Ormuz, le posiciona con ventaja sobre sus competidores del Golfo, ya que podrá vender más gas natural licuado a precios elevados, especialmente a la UE. Por lo tanto, la guerra contra Irán podría ser parte de un plan para reconfigurar el panorama energético mundial. De ahí la intervención en Venezuela, rica en petróleo, y el intento de hacerse con Groenlandia, rica en recursos naturales.

Si mi hipótesis es acertada, está claro que a EEUU le interesa que el combustible no fluya libremente por el Estrecho de Ormuz, el mayor tiempo posible, porque lo que verdaderamente desea es colocar su gas y petróleo en el mercado. Así que tendremos guerra para rato o, por lo menos, hasta que BlackRock, Vanguard Group, Palantir, Amazón, Google,…. y ese minúsculo grupo de banqueros multimillonarios que lo poseen todo -incluso los gobiernos de las naciones más importantes del mundo- lo decidan. Porque, ¿quién crees que tiene más poder, cualquier presidente de gobierno o los banqueros multimillonarios, BlackRock, Vanguard Group, Google, Amazon,…? la respuesta es clara, ¿verdad? Solo que nosotros o estamos ciegos o no lo queremos ver.

Por otra parte, es curioso que casi todas las guerras que se han librado en los últimos tiempos hayan sido, principalmente, contra países que se oponían a la introducción de bancos centrales privados. Hoy sólo hay tres países cuyo banco central no está bajo el control de los multimillonarios banqueros: Corea del Norte, Irán y Cuba que, por cierto, también está en el punto de mira de EEUU.

Luego tenemos el tema de los fertilizantes, que no es cuestión menor.

Llevamos décadas oyendo decir a los ricos y poderosos que el planeta está superpoblado y que es necesario reducir la población. Con el cierre del Estrecho de Ormuz, el suministro de fertilizantes pone en peligro a las naciones más vulnerables del mundo, ya que los alimentos se cultivan con fertilizantes procedentes del petróleo, se envasan con plástico procedente del petróleo y se transportan en vehículos cuyo combustible sale del petróleo. Así que si se recorta el suministro de petróleo, disminuye la producción de alimentos y se encarece su distribución.

Esto podría provocar una hambruna en muchos países. De hecho, Naciones Unidas ha advertido que, si continúa el cierre del Estrecho de Ormuz por un periodo prolongado, 45 millones de personas de África y Asia corren riesgo de morir de hambre.

Dado que la obsesión de los dueños del mundo es controlar los recursos y las poblaciones, entonces no estaría de más preguntarse: ¿es el cierre del Estrecho de Ormuz un paso más para avanzar en su plan? Evidentemente, podría serlo, ¿por qué no?

En mi modesta opinión, nada, absolutamente nada de lo que establece el relato oficial como cierto lo es. La verborrea y el papel lo aguantan todo, pero la realidad seguro que es otra muy distinta. Probablemente, ni siquiera la que acabo de exponer aquí, ya que es sólo una conjetura más; eso sí, muy atrevida y nada descabellada, pero nada más.

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