20 junio 2026

UNA SOCIEDAD REPLETA DE IDIOTAS GOBERNADA POR OTROS IDIOTAS

Una camarilla de parásitos acaparadores tiene totalmente engañada a la gente para que acepte mayoritariamente vivir una vida de penalidades y sumisión. Es una élite dominante que ha sabido cómo manipular a las masas. Para ello sólo ha tenido que apartarlas del conocimiento. Y, claro está, esto les ha dado un poder extraordinario y una riqueza inconmesurable.

El embrutecimiento de las masas, a través de los centros de adoctrinamiento llamados escuelas, ha conducido a la población a la ignorancia, a la incapacidad de pensar por sí misma y, sobre todo, a tener miedo, mucho miedo. Es de esta manera cómo la élite dominante manipula fácilmente las emociones de la gente corriente, haciéndole comulgar con ruedas de molino.

Decía Edward Bernays (1891-1995), sobrino de la mujer de Sigmund Freud y experto en relaciones públicas y propaganda, que quienes manipulan consciente e inteligentemente los hábitos y opiniones de las masas constituyen el verdadero poder en la sombra. Si por aquel entonces sólo contaban con prensa escrita y alguna que otra emisora de radio, imagínate lo atónito que se quedaría Bernays si viera las increíbles herramientas de que dispone la élite dominante actualmente. Obviamente, con estas herramientas convencer de cualquier cosa (virus voladores, calentamiento global, ideología de género,…) a una población cada vez más miedosa e ignorante es hoy día pan comido.

Se supone que vivimos los mejores y más avanzados tiempos de nuestra historia. Entonces, ¿cómo es posible que de nuestro sistema educativo salgan jóvenes cada vez más ignorantes? Pues porque el sistema educativo está diseñado precisamente para eso, para crear idiotas.

Una persona idiota no tiene ningún criterio y es fácilmente manipulable. De hecho, los idiotas son engañados constantemente por los que se autoproclaman “expertos”. Estos supuestos “expertos” no son más que vulgares embaucadores paniaguados de causas concretas. Lo que sucede, es que la élite ha dado a estas personas demasiado poder e influencia para difundir narrativas y manipular a la opinión pública.

El engaño de la falsa pandemia refleja a la perfección cómo se manipuló a la gente precisamente por su miedo e ignorancia. Tal es así, que aún a día de hoy la gente se niega a reconocer que fue engañada por el Gobierno y toda esa caterva de supuestos “expertos” paniaguados. Para ello sólo les faltó una intensa campaña de marketing y la implementación del miedo las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Esto condicionó a la gente para que se dejase inyectar una terapia génica tóxica, que a día de hoy sigue causando estragos. Tal es el grado de estupidez e ignorancia de la gente, que a pesar de las pruebas científicas reales de que las inyecciones mataron y ocasionaron graves problemas de salud de todo tipo, la mayoría prefiere seguir engañada antes de afrontar su disonancia cognitiva.

Sí, ya sé que lo que voy a decir suena muy mal. Vivimos en una sociedad repleta de idiotas (creo que es la mayor verdad que he dicho en mi vida). Pero lo peor de todo es que los idiotas no saben que son idiotas. Porque pasar 40 años de tu vida trabajando para enriquecer a otros; consumir en tu tiempo libre productos que siguen enriqueciendo a otros; votar a tu amo azul o rojo en función de la ideología insertada en tu cerebro y tener que tomar pastillas para dormir porque la mierda de vida que llevas no te gusta es de lo más idiota.

Los idiotas pululan a sus anchas a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo. Entre los más destacados figuran los políticos. En España Gabriel Rufián, Yolanda Díaz, Santiago Abascal, Alberto Núñez Feijoó y la gran mayoría de los diputados que conforman el Congreso de los Diputados son idiotas y mediocres. Así que si los que hemos elegido como nuestros representantes, porque se supone que son los más “listos” de la clase, son una panda de idiotas, imagínate cómo será el resto; es decir, los que les votan.

Vivimos en un mundo donde estamos a merced de los idiotas. De hecho, sin los idiotas nunca se hubiera podido llevar a cabo la operación psicológica más grande en la historia de la humanidad: la falsa pandemia.

Pero el “populacho” no siempre fue idiota. Bien es verdad que ha sido ignorante o analfabeto, pero no idiota. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha idiotizado de una manera escandalosa. Hoy en día la sociedad está llena de idiotas con títulos académicos (el Congreso de los Diputados está lleno de ellos). Obviamente, al verdadero poder le interesa una sociedad repleta de idiotas gobernada por otros idiotas. Es la ecuación perfecta para que la élite siga disfrutando de sus privilegios sin temor a que algún día el “populacho” despierte.

Lo que está pasando en España es un ejemplo claro de que sus ciudadanos forman parte de esa legión de idiotas. Los españoles soportamos a un Presidente de Gobierno mentiroso compulsivo al frente de un Gobierno corrupto; a un expresidente de Gobierno chorizo; a una oposición que más que una oposición parece la Madre Teresa de Calcuta; a unos jueces y fiscales embaucados en procesos que no se terminan nunca; a unos partidos independentistas-separatistas que rigen las políticas del país que odian; a un Tribunal Constitucional que ni está ni se le espera, lo mismo que el Tribunal Supremo. Y entre toda esta corruptela destaca la Agencia Tributaria, que esa sí funciona a las mil maravillas para robarnos el fruto de nuestro trabajo. Luego está la inmigración descontrolada, la sanidad pública con sus interminables listas de espera, las infraestructuras desmoronándose, los salarios precarios, la falta de vivienda accesible, el aumento espectacular de la delincuencia y una larga lista interminable de cosas que no funcionan. Sin embargo, el Gobierno idiota dice a los idiotas que España está mejor que nunca. ¡Ver para creer!

Me pregunto si esto no es motivo más que suficiente para decir: ¡BASTA! ¡Hasta aquí hemos llegado! Pues parece que no, que los idiotas no lo ven así.

¡Piénsalo! Si los políticos que nos gobiernan verdaderamente resolvieran todos nuestros problemas no habría lugar a más elecciones. Del mismo modo, si no hubiera deuda los bancos no tendrían razón de ser. ¿No te das cuenta de que todo es un gran engaño? No es más que un espectáculo dantesco donde nosotros, los idiotas, somos actores y espectadores al mismo tiempo.

Alguien dijo alguna vez: “El sistema predica doctrinas que se sabe que son falsas hechas a propósito para hombres que se sabe que son idiotas.” Y otra: “La democracia no es más que una versión de la monarquía para idiotas”. ¿Todavía te quedan dudas de que somos una sociedad de idiotas?

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