20 octubre 2026

UN MUNDO DONDE LA MONEDA DE CAMBIO FUESE EL TIEMPO

En un mundo sin dinero fiduciario (dinero inventado que no está respaldado por nada), donde el tiempo fuese la moneda de cambio, la economía se alinearía con el único recurso democrático real y limitado que todas las personas poseemos por igual al nacer. Es de esta manera como se conseguiría una sociedad con igualdad real entre los seres humanos. Y aunque bien es verdad que tampoco sería una sociedad perfecta, pues el ser humano no lo es, sí sería infinitamente más justa que la actual.

En una sociedad donde el tiempo fuese la moneda de cambio cada ciudadano al nacer registraría una cuenta en el Banco Central de Tiempo. Este banco tendría la capacidad de gestionar todas las transacciones económicas y hacer préstamos de tiempo para acometer proyectos o necesidades.

Es evidente que en una economía sin dinero fiduciario nadie podría acumular un capital desmedido a costa de los demás, ya que nadie dispone más que de 24 horas al día, limitándose así la codicia de forma natural. Obviamente, la pobreza también desaparecería, pues todo el mundo dispone de tiempo.

El precio de un producto o servicio se calcularía estrictamente por las horas de trabajo humano y dedicación que costó producirlo. Al costar tiempo, las industrias ancladas en el lucro y la obsolescencia programada no tendrían razón de ser, dando paso a productos duraderos de más calidad.

Las nuevas tecnologías harían que las tareas monótonas y repetitivas se automatizaran. Esto permitiría que las personas trabajasen sólo las horas necesarias para cubrir sus necesidades, pues no habría manera real de hacerse rico, ya que la única forma de justificar lo que tienes es el tiempo empleado en conseguirlo.

Aprender un idioma, recibir clases de piano o formarse en cualquier área se pagaría directamente intercambiando horas de conocimiento mutuo entre ciudadanos.

Las personas más inteligentes ya no se dedicarían especular y amasar fortunas, sino a reflexionar, a engrandecer la cultura o aportar sus ideas a la ciencia.

Al desaparecer las deudas monetarias y la presión del crecimiento económico infinito del actual sistema, la ansiedad social se reduciría drásticamente.

Tampoco existiría la inflación, ya que un trabajo de carpintería de 4 horas costaría exactamente 4 horas y un servicio de salud de 1 hora contaría 1 hora. Y tanto si con el tiempo se excediera o limitara su duración, el coste seguiría siendo el mismo que se excediera o limitara.

Obviamente, en un sistema donde el tiempo fuese la moneda de cambio las leyes, el gobierno y el Estado deberían rediseñarse por completo, acabando para siempre con la casta parásita de políticos y los banqueros chupasangres.

Para evitar que surjan especuladores de tiempo, la norma establecería la prohibición del cobro de intereses sobre el tiempo prestado, ya que no se puede crear tiempo de la nada. Por lo tanto, si el Banco de Tiempo te presta 10 horas para un proyecto personal, devuelves exactamente 10 horas.

La educación ya no se enfocaría en preparar a la gente para competir en un mercado laboral para ganar dinero, sino en adquirir herramientas para optimizar el tiempo personal y, en consecuencia, el tiempo colectivo.

En este modelo la vejez no representaría una carga económica para el Estado ni una etapa de precariedad. Durante toda la vida laboral, una pequeña fracción del tiempo de cada ciudadano pasaría a un fondo común gestionado por el Banco Central del Tiempo. Al llegar a la edad de jubilación (por ejemplo, 60 años), el Estado garantizaría una “pensión de horas” que les permitiría acceder a cualquier servicio sin necesidad de volver a trabajar.

La vivienda y la tierra dejarían de ser activos para la especulación financiera y pasarían a ser considerados derechos fundamentales y bienes de uso público. En este sistema, es imposible que alguien se vuelva terrateniente o que compre barrios enteros para encarecer el alquiler, ya que nadie posee más tiempo vital que otro para acumular propiedades de forma desproporcionada.

El dinero fiduciario es deuda; el dinero tiempo no. Por lo tanto, al eliminarse el dinero tradicional los países ya no acumularían deuda.

Es un hecho que el sistema actual se ha apropiado de nuestro tiempo, y cuando más bajo estás en el escalafón social, menos tiempo tienes para ti. Por lo tanto, en el actual sistema el tiempo se ha convertido en un lujo de clases. Sin embargo, en un sistema donde la moneda de cambio fuese el tiempo esto no pasaría.

Veamos ahora un pequeño ejemplo de cómo funcionaría.

Imagina que una persona necesita una cirugía. Desde la consulta inicial hasta finalizada la cirugía el proceso tiene una duración de 5 horas. Obviamente, esa persona no paga la intervención con dinero, sino que transfiere de su cuenta de tiempo 5 horas al centro médico que le atendió.

Y ahora la pregunta que muchos se harán: ¿Por qué este sistema sería más justo que el actual? Pues porque una hora de un consejero delegado de una empresa valdría exactamente lo mismo que una hora de un trabajador. En este sistema no habría profesiones superiores que desvaloren a otros seres humanos, ya que el tiempo es el mismo para todos.

Sí, ya sé que llevar una cosa así a la práctica no es tarea fácil. Yo sólo he expuesto unas pinceladas, a modo de idea, que personas más capacitadas podrían desarrollar. Incluso la misma IA podría hacerlo. De hecho, a lo largo de la historia ha habido montones de proyectos en este sentido que, por lo que todos imaginamos, nunca se llevaron a cabo. Así que no pienses que es imposible o una idea descabellada, ya que no hay nada imposible. Lo que sucede, es que los dueños del sistema actual no quieren oír hablar de cambio alguno: a ellos les va muy bien así y no tienen intención de cambiar.

No lo dudes. El tiempo es el bien más valioso que tiene el ser humano y, a la vez, el más infravalorado en la sociedad actual. Sin embargo, no debemos olvidar que el tiempo ha sido, es y será nuestra verdadera moneda de cambio personal, puesto que cuando pagamos con dinero estamos pagando realmente con el tiempo que nos costó conseguirlo. Por lo tanto, no es ilusorio pensar que algún día el sistema monetario fiduciario desaparecerá dando paso al sistema monetario tiempo. ¿Por qué no?

10 octubre 2026

¿DE VERDAD NOS HEMOS VUELTO TAN IMBÉCILES?

En los últimos años alguien está poniendo el mundo patas arriba. Los gobiernos ya no gobiernan; delinquen. Los médicos ya no curan; hacen de la enfermedad un negocio. Los jueces ya no juzgan; manipulan la justicia. Los científicos ya no hacen ciencia; hacen pseudociencia. Los medios de comunicación ya no informan; desinforman. Las religiones ya no predican amor, sino odio….. Y así podríamos seguir con una lista interminable.

¿Te has parado a pensar en que todo lo que nos enseñaron desde pequeñitos puede que sea una gran mentira? Hay una evidencia: la gente que se atreve a cuestionar las cosas llega a la conclusión de que absolutamente todo nuestro sistema esta cimentado sobre mentiras. Da igual por donde empieces (Estado, gobierno, democracia, sistema financiero,….), todo es una farsa. Y los acontecimientos que estamos viviendo últimamente, como la reciente “pandemia”, el cambio climático antropogénico, la invasión de Ceuta o cualquiera de las guerras actuales, más de lo mismo.

Todo lo que nos contaron sobre la necesidad incuestionable de someternos a un gobierno, sobre la función que desempeña el sistema financiero, sobre el papel del Estado, incluso sobre la libertad que supuestamente disfrutamos en las democracias occidentales son flagrantes mentiras. Mentiras, por otra parte, que nos fueron inculcadas por padres y educadores sin ser conscientes de que nos contaban una milonga. Sin embargo, estas mentiras son mantenidas y acrecentadas por políticos y medios de comunicación a sabiendas de que son mentiras.

La realidad es que estamos gobernados por una panda de plutócratas, agencias gubernamentales y poderosos lobbies bancarios que manipulan el mundo con total impunidad.

En el transcurso del tiempo, una banda de banqueros internacionales ha creado un sistema de control financiero privado para dominar la política de cada país y la economía mundial. Familias de banqueros como los Rothschild, Morgan, Warburg, etc., junto con la masonería y otras organizaciones nada transparentes como el Club Bilderberg, el CFR o el Club de Roma, han establecido un cártel financiero y de poder internacional durante los últimos 200 años.

Siendo los amos del dinero -tomándose muy en serio el lema de “quien controla el dinero gobierna el mundo”- se han hecho los dueños de los respectivos gobiernos que manejan a su antojo.

Los amos del mundo han creado una sociedad disfuncional, donde si no cumples con los estándares establecidos -trabajar y consumir toda una gama de productos innecesarios- eres considerado “persona non grata”, por decirlo de una manera suave. Nos han programado para competir con nuestros semejantes y para que nuestra vida sea un cúmulo de metas profesionales y económicas, donde el fin último es la acumulación de bienes materiales. Luego, cuando te mueres, todas esas metas que conseguiste y los bienes materiales que acumulaste se quedan aquí. Lo único bueno que dejas –si es que lo dejas- es tu legado del conocimiento; el resto, un montón de cosas superfluas. Así que la pregunta es: ¿merece la pena tanto esfuerzo?

La mayoría de la gente que peina canas sabe por experiencia propia que esta es una forma de vida demencial que, sin embargo, se ha extendido por todo el mundo. Porque disfrutar de la vida –y cuando hablo de disfrutar de la vida no me estoy refiriendo a viajar en un crucero de lujo, etc.- no requiere ningún esfuerzo. Basta con deleitarse con las experiencias sensoriales que nos brinda la vida en cada momento, disfrutar de las maravillas de este extraordinario planeta azul y compartir conocimiento y alegría con nuestros semejantes.

Cuando tienes salud, familia y amigos que te quieren, una actividad provechosa y ningún conflicto es que la vida no te va nada mal. Entonces, ¿por qué se empeñan en convencernos de todo lo contrario?

El día que dejemos de escuchar en nuestra mente todas esas retahílas programadas sobre el éxito, la competitividad, la codicia y el miedo a todo lo que no se encuentre dentro de nuestra zona de confort es cuando realmente empezaremos a vivir. Porque la vida no es más que eso que sentimos cada mañana al despertar, y no una programación continua de nuestro tiempo, por parte de otros, que es lo más valioso que tenemos en esta vida.

La nuestra es una civilización profundamente enferma. Una civilización donde se le ha dado la vuelta a todo: hombres que ahora son mujeres y viceversa o delincuentes que tienen derechos y víctimas que no los tienen.

Veamos, a modo de ejemplo, el reciente caso de la invasión de Ceuta. En Ceuta los invasores son protegidos por el gobierno que sufrió la invasión y sus gobernados, los Ceutíes, abandonados a su suerte. Y lo más incongruente: el país invadido da las gracias al país invasor y tilda de fascistas y xenófobos a los invadidos que piden una solución. Esta es la locura a la que hemos llegado en una sociedad distópica, donde se le ha dado la vuelta a todo.

La pregunta es: ¿cómo ha sido posible esto? Pues mediante la contaminación de nuestras mentes a través del relato. Porque quien controla el relato controla nuestro pensamiento; quien controla nuestro pensamiento controla nuestro comportamiento; y quien controla nuestro comportamiento influye en nuestras opiniones, estado de ánimo y, por supuesto, en nuestros miedos. Por lo tanto, llegar a ejercer una influencia de la percepción del mundo que nos rodea se ha convertido en la manera más sutil de ejercer el poder. Por cierto, esto lo hace de maravilla nuestro Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez.

Pero las cosas son de esta manera porque la mayoría de la gente ha aceptado voluntariamente la esclavitud, ya que el ser humano es el único animal en la naturaleza que se deja gobernar. La absurda idea de elegir un amo que le controle y domine es lo mejor que ha podido salir de su cabecita. Obviamente, es el gobierno quien desempeña el papel de amo. Por lo tanto, la sumisión al gobierno, y el voto para legitimarlo, hace responsables de la situación actual a todos aquellos que siguen estas prácticas. Y lo más incongruente. Si lo han querido así ellos mismos, ¿de qué coños se quejan?

El “populacho” –pobre e ignorante- parece empeñado en su propia desgracia. Ha perdido su dignidad dejándose despojar de su riqueza y su libertad sin la más mínima resistencia. Y aunque bien es verdad que desde tiempos inmemoriales ha sido pobre e ignorante, es a partir del Covid-19 cuando, además, se ha vuelto extremadamente imbécil. Y así no hay manera. 

UN MUNDO DONDE LA MONEDA DE CAMBIO FUESE EL TIEMPO

En un mundo sin dinero fiduciario (dinero inventado que no está respaldado por nada), donde el tiempo fuese la moneda de cambio, la economía...