Jacob Coxon (activista político e investigador tecnológico que trabajó
en las empresas de inteligencia artificial OpenIA y Anthropic) ha acaparado los
titulares de todos los medios de comunicación internacionales con su
afirmación: “La IA tiene un 10 % de probabilidades de acabar con la
humanidad para finales de la década”.
Estas declaraciones están fomentado un cierto pánico entre la población
que, al ser lega en la materia, empieza a estar preocupada. Sin embargo, esta
situación es algo que ya hemos vivido antes con el Covid-19, y es el mismo
impulso histérico que está tomando el falso cambio climático antropogénico. Por
lo tanto, nada de esto es nuevo y todo está completamente dirigido en una única
dirección: la programación de la sociedad a través del miedo.
A finales de julio, OpenAI afirmó que algunos de sus “agentes” de IA descontrolados
habían pirateado una empresa tecnológica llamada Hugging Face. A la semana siguiente, otros tres “agentes” de IA también se
descontrolaron. Seguidamente, se produjeron una serie de
noticias con titulares como “la IA da miedo”, “virus diseñados por IA” o “telepatía
digital”. No conformándose con ese relato de pesadilla
se la comparó con las armas nucleares y otras de destrucción masiva. Luego
aparecieron las dimisiones de gente que trabajaba en el sector. Finalmente, lejos de acallar este alarmismo, expertos en IA y ejecutivos del sector
estimaron una probabilidad de extinción humana del 20%, 50% o incluso 70%.
Todo este cúmulo de noticias aterradoras sobre el peligro inminente que
la IA tiene para la especie humana ha ido escalando hasta llegar a asustar a la
gente de verdad, consiguiendo así la reacción deseada.
Dicho esto, quiero hacer, a modo de pregunta, una simple reflexión: ¿cómo
va a ser peligrosa una máquina para el ser humano si el interruptor de
encendido y apagado de esa máquina está controlado, precisamente, por el mismo ser
humano? Porque, por muy inteligente que sea la máquina (que no lo es,
simplemente maneja miles de millones de datos a una velocidad de vértigo) debe
residir en alguna parte. Y sí, reside en los llamados centros de datos. Por lo
tanto, si tenemos el control sobre los centros de datos, tenemos el control
sobre la máquina y no al revés como se nos quiere hacer creer.
De nuevo nos encontramos con la mayor cantidad de estupideces y
alarmismos infundados desde los tiempos en que se aplaudía a las 8 de la tarde.
Si hacemos un poquito de memoria, recordaremos cómo desde hace más de
80 años se lleva asustando a la población con diferentes catástrofes
apocalípticas que nunca se han cumplido. Alarmismos como la extensión del
agujero en la capa de ozono, la llegada de una nueva pandemia originada en Asia
por la gripe Aviar o las exageraciones
climáticas con previsiones de ciudades totalmente sumergidas llevan décadas sin
cumplirse.
Hay una cosa clara. Cuando individuos como el Secretario General de la
ONU, Antonio Guterres; el expresidente de EEUU, Barack Obama; el magnate
promotor de vacunas, Bill Gates; la presidente de la Comisión Europea, Úrsula
van Der Leyen; la exvicepresidente de EEUU, Kamala Harris y los directores
ejecutivos de todas las principales empresas de IA transmiten el mismo relato
es que algo se está cocinando.
Seamos serios. Ninguna de estas personas ha dicho una verdad en su
vida. Por lo tanto, todas esas profecías apocalípticas que salen de sus bocas
no son más que patrañas para engañar a ingenuos.
De nuevo están utilizando la misma retórica para una nueva operación
psicológica. Esta vez no están fingiendo una pandemia o falseando los registros
de temperatura, sino simplemente lanzando una amenaza ficticia, haciendo lo de
siempre: crean un problema, esperar una reacción y ofrecen su solución.
Mientras tanto, la única y verdadera amenaza real para el ser humano
que plantea la IA es la vigilancia y control de cada uno de nosotros.
Preparar a los estudiantes para un futuro dominado por la IA es anular
sus habilidades, su creatividad, su pensamiento crítico y analítico y, en
definitiva, su capacidad para solucionar problemas. Es decir, crear tontos a
las tres.
Sin embargo, dejar nuestras vidas en manos de la IA no es más peligroso
que haberlas dejado ya en manos de la electricidad, Internet o el petróleo,
dado que si desapareciera alguna de las tres el mundo sería un caos y
volveríamos a la edad media.
Hoy en día todavía podemos criticar al sistema sin que nadie venga a
detenernos. Pero no es por ganas de hacerlo, sino porque no pueden hacerlo. Mientras
millones de personas aún puedan organizarse y controlar su propio dinero, el
gobierno totalitario que pretende la élite mundial tendrá que esperar. Sin
embargo, la IA es el eslabón que les faltaba para hacerlo posible. Y en eso
están.
El gobierno totalitario llegará con de la identificación digital, la
vigilancia masiva las 24 horas del día, el monitoreo constante mediante IA y el
control financiero a través de las CBDC. Y llegará, porque a todas aquellas
personas mononeuronales, que “disfrutan” con las últimas novedades
tecnológicas, estos inventos les parecerá “progreso”. Pero llegará el día en
que todas esas piezas interactúen al unísono y se den cuenta de que están
atrapados en un callejón sin salida del que ya no podrán escapar.
Hay una cosa clara: nos guste o no, hemos pasado de
un mundo basado en el esfuerzo y la inteligencia humana a uno dirigido por
máquinas y algoritmos.
Por primera vez en la historia de la humanidad los dueños del mundo
tienen una oportunidad de oro para ir eliminando poco a poco a la gran mayoría
de seres humanos que, según ellos, sobramos. Por consiguiente, su sueño eugenésico
está a punto de hacerse realidad. Porque si el mundo necesitó mucha mano de
obra e inteligencia humana para llegar a donde estamos, pronto no será necesario,
ya que la capacidad de la IA para manejarlo todo dejará obsoleto el trabajo y
el pensamiento humano.
Así que si los dueños del mundo ya tienen todo el dinero, lo fabrican
de la nada; poseen todos los recursos, los compraron con el dinero que fabricaron
de la nada; y ahora dominan la IA, la tecnología y la robótica, para
desarrollar cualquier proyecto, entonces, ¿para qué mantener una elevada
población de necios –que se pasan el día entero mirando una cajita- si ya no
los necesitan?
Conclusión. El problema para nosotros no es la IA, que bien podría mejorar en gran medida la calidad de vida de la gente. El problema son nuestros dueños que, con la IA a su servicio, han conseguido la herramienta perfecta para tomar definitivamente el control del mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario