Lo primero que hay que aclarar es que las crisis no existen; se crean o
se inventan. Eso es todo.
Oficialmente, el supuesto problema de la vivienda en España se ha
calificado recientemente como una “crisis de vivienda” que, para algunos, lleva
enquistada desde hace décadas.
Según datos oficiales, en España faltan viviendas porque no se
construye. Y las pocas que hay a disposición de los usuarios, no propietarios,
son de mala calidad, lo que supone un problema para las nuevas generaciones que
quieren independizarse de sus padres.
Tratar el supuesto problema de la vivienda como un tema difícil de
resolver es de una simpleza tal que denota una ignorancia completa sobre la
cuestión o una maldad como la copa de un pino.
La primera premisa falsa es que en España no hay viviendas suficientes
para albergar a su población y que, por lo tanto, hacen falta viviendas.
Según los últimos datos oficiales del Ministerio de Vivienda y Agenda
Urbana, en España hay más de 27 millones de viviendas, de las cuales 20
millones son residencia habitual y 7 millones tienen otro uso como segundas
residencias, pisos turísticos o viviendas vacías.
Si España tiene una población de 49 millones de habitantes, estamos
hablando de que correspondería una vivienda por cada 1,8 habitantes. Eso, se
pongan como se pongan los agoreros, no es una escasez de vivienda, y más cuando
el Instituto Nacional de Estadística sitúa el tamaño medio del hogar en España
en 2,5 personas por vivienda: el 28% de una persona, el 29% de dos personas y
el resto de tres, cuatro o más personas.
Aquí hay algo que no cuadra, porque si fuese verdad que existe escasez
de viviendas lo lógico sería que los emprendedores no dejasen escapar semejante
oportunidad de hacer negocio y se pusieran a construir como locos. ¿Y por qué
no lo hacen? Una de dos: o bien porque han hecho un estudio del mercado y saben
que no van a tener compradores con suficiente poder adquisitivo, o alguien les
está poniendo demasiadas trabas. Probablemente una mezcla de las dos.
La segunda premisa falsa es que la vivienda en España es cara. Si lo
comparamos con otros países, España es el país donde la vivienda es más barata:
el precio medio de la vivienda en España es de 183.000 €, mientras que en
Alemania es de 276.000 €, en Francia 285.000 €, Inglaterra 300.000 £ y EEUU 400.000 $.
Y la Tercera premisa –esta no es falsa- es que la vivienda es un bien
de primera necesidad. Pues claro que es un bien de primera necesidad como lo
son la luz, el gas, el agua, los alimentos, la sanidad, los combustibles, etc.
Veamos. La gente se queja de que no puede comprar o alquilar una
vivienda. También se queja de que no puede comprar suficiente carne o pescado
para tener una fuente de proteínas adecuada. Lo mismo ocurre con la energía: o
come o paga el recibo de la luz. Tampoco puede llenar el depósito de
combustible de su coche. Y, sobre todo, se queja de que con los precios
actuales no llega a fin de mes.
Pues bien. Dicho esto, está claro que el problema, entonces, no es la
vivienda; haberlas haylas. No es la luz; hay energía de sobra. No son los
alimentos; las estanterías de los supermercados están llenas. El problema,
señores, es la pobreza.
Según las series históricas del Instituto Nacional de Estadística, la
inflación acumulada en España desde 1970 hasta la actualidad supera el 2.500%.
Esto significa que el coste de la vida se ha multiplicado de forma muy notable,
requiriendo más cantidad de dinero para mantener el mismo poder adquisitivo.
Este es el verdadero problema: los precios suben desproporcionadamente
con arreglo a los salarios.
El sueldo medio neto de un trabajador en España está en 1.840 €/mes.
Evidentemente, este sueldo da para sobrevivir y no para hacer demasiadas
florituras. Pero la cosa no se queda ahí. Resulta que el 37% de los
trabajadores en España cobra el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que es de
1.221 € brutos por 14 pagas; es decir 1.424,50 € al mes. ¿De verdad alguien
puede comprar una vivienda, pagar alquiler, luz, gas, agua, echar gasolina al
coche, vestir y comer con estos ingresos? Está claro que con este salario pocos
planes de futuro se pueden hacer.
Es evidente que una persona con unos ingresos como, por ejemplo, los de
un diputado (entre 6.000 y 12.000 euros al mes) no tendrá problemas para
comprar o alquilar una vivienda. Sin embargo, con unos ingresos de 1.424,50 €
(SMI) sí. Entonces, yo me pregunto: ¿es que sus señorías son idiotas y creen
que todo se arregla con una ley? Pues no, sus señorías no son idiotas, los
idiotas son los que acamparon en la Puerta del Sol creyendo que una ley les
sacará de la pobreza.
¡Señores! Si es que siempre se trata de lo mismo: riqueza y pobreza.
No le des más vueltas. Por mucho Real Decreto que promulgue nuestro
Gobierno no va a sacar de la pobreza a esa gente que nunca podrá comprar una vivienda
digna o pagar un alquiler en buenas condiciones. Les engañarán, y al final
pagarán el pato tanto los arrendatarios como los arrendadores.
Pera terminar una última pregunta: ¿La supuesta falta de vivienda no tendrá que ver con una inmigración desmesurada de casi 10 millones de personas? A ver, estás personas tendrán que pernoctar en algún sitio; vamos, digo yo, y España no tiene tantas playas del Trampolín para albergarlas. Y no, no es un comentario xenófobo ni racista ni gaitas. Es simplemente una pincelada satírica. Que con el nivel del personal todo hay que explicarlo, ¡coño!
No hay comentarios:
Publicar un comentario