La UE, con Emmanuel Macron, Friedrich Merz y Úrsula bon der Leyen a la
cabeza, parece empeñada en entrar en guerra con Rusia. Al menos es lo que se
desprende de las declaraciones que estos tres líderes europeos van difundiendo
en cada foro en el que participan.
Una de dos, o nuestros políticos han perdido el juicio o están
recibiendo órdenes de los de siempre para arrebatarles, tanto a Ucrania como a
Rusia, sus riquísimos recursos naturales. Y es que al final siempre se trata de
lo mismo: dinero, recursos y, en definitiva, negocios. Ya sabes, eso que suelen
decir los mafiosos en las películas cuando asesinan o extorsionan a su víctima:
“no es nada personal, son sólo negocios”. Pues eso.
Por muchas gilipolleces que nos cuenten a diario los medios de
comunicación sobre la preocupación de Europa por el pueblo de Ucrania, no deja
de ser otra de tantas mentiras. De hecho, Europa ni siquiera se preocupa por
sus propios ciudadanos.
Una guerra con Rusia sería de unas consecuencias devastadoras, y lo
saben. Entonces, ¿por qué Europa está interesada en entrar en ese conflicto?
Una hipotética guerra entre Europa y Rusia sería un escenario
extremadamente grave, con consecuencias significativas a nivel global. Aunque a
priori este tipo de conflicto es altamente improbable, sí deberíamos considerar
–al menos nosotros- algunas de las posibles consecuencias, para en el
hipotético caso de que ocurriera decir NO a la UE, al Gobierno y al mismísimo
sursum corda.
En primer lugar debemos saber a quién nos enfrentamos.
Rusia es una potencia militar nuclear. Tiene un ejército poderoso y una
vasta extensión territorial que le otorga ventaja en términos de recursos. Su
arsenal nuclear es considerable, lo que, de utilizarse, tendrá efectos
devastadores no solo para Europa, sino para todo el mundo.
En segundo lugar hemos de considerar qué consecuencias traerá.
Una guerra entre Europa y Rusia desembocará, sí o sí, en la Tercera
Guerra Mundial, donde millones de personas huirán de las zonas más afectadas
creando una crisis migratoria y humanitaria sin precedentes. Los ataques a
ciudades y a infraestructuras generarán un alto número de víctimas civiles y la
destrucción masiva de todo tipo de servicios esenciales para la supervivencia.
También se verá afectada la cadena de suministros, perjudicando gravemente a la
economía mundial y provocando aumento de precios, inflación, recesión económica
y hambrunas por doquier.
Por último están las restricciones civiles y de derechos humanos.
En tiempos de guerra los derechos civiles suelen ser restringidos. El
estado de emergencia, la ley marcial y los toques de queda serán implementados
en prácticamente todo el mundo, lo que afectará a la vida cotidiana de los
ciudadanos. Eso por no hablar de que en un conflicto de esta magnitud, para una
sociedad tecnológica como la nuestra, los ciberataques estarán a la orden del
día, con lo que eso significa dado el modo de vida actual.
En resumen, una hipotética guerra entre Europa y Rusia desencadenaría
la destrucción del mundo tal y como lo conocemos. Mi pregunta es: ¿es eso lo
que busca nuestra clase dirigente?
Si de lo que se trata es de llevar a buen puerto la Agenda 2030 de la
ONU, el Gran Reinicio del FEM y el Nuevo Orden Mundial que tanto ansía la élite
una Tercera Guerra Mundial es la herramienta perfecta para conseguirlo.
Sin embargo, basta que todos los corruptos políticos y sus prostitutas
mediáticas nos estén dando la vara con la cada vez más cercana guerra con Rusia
lo hace poco o nada creíble. Y es que utilizan unos argumentos tan peregrinos
que no hay por donde cogerlos. Nos dicen que Rusia es una amenaza porque quiere
invadir Europa ¿Pero de dónde se han sacado semejante estupidez? Ni Rusia quiere
invadir Europa ni tiene suficientes fuerzas armadas para acometer una hazaña de
tal magnitud.
Por otra parte, veo a nuestros políticos demasiado tranquilos y no
parece que estén muy preocupados ante una posible Tercera Guerra Mundial. Elemental
mi querido Watson, ya que, en el hipotético caso de una confrontación, ellos no
tienen nada que temer, puesto que ni van a ir a luchar ni van a sufrir las
calamidades que sí sufrirá el “populacho”.
Manipular a las masas siempre ha sido relativamente sencillo, pero
ahora, con las nuevas herramientas de control y manipulación, es
extraordinariamente fácil. Lo vemos todos los días: mujeres saliendo a la calle
para reclamar unos derechos que ya tienen o gente enfrentándose entre sí por defender
una ideología política que ni saben ni entienden realmente por qué lo hace.
La mayoría de españolitos nunca hemos estado al corriente de lo que
ocurre entre Rusia y Ucrania, fundamentalmente por razones de lejanía geográfica.
Lo único que sabemos es lo que nos dicen los medios de comunicación europeos,
que nos presentan una Ucrania inocente víctima de una invasión por parte de una
Rusia expansionista. Sin embargo, los hechos cuentan una historia muy diferente,
en la que no voy a entrar ahora. Sólo decir que fue Occidente quien colocó a
Zelenski en el poder: un pelele manipulable que no decide nada.
No seamos ingenuos. Las guerras siempre se libran por dinero. De
hecho, no es por altruismo ni para salvar a la “inocente” Ucrania de los “malvados”
Rusos que la UE, EEUU y el Reino Unido hayan invertido miles de millones de
dólares en Ucrania, sino para asegurarse el acceso al botín que será el precio
de la paz.
Sin embargo, existe la posibilidad real de que, efectivamente, el
objetivo final sea el sueño húmedo de la élite: reducir drásticamente la
población mundial y consolidar el control sobre los sobrevivientes. Y una
guerra nuclear lograría ambas cosas: millones de muertos y el colapso absoluto de
la economía. En definitiva, el borrón y cuenta nueva (Gran Reinicio) que FEM
lleva años anunciando.
Un escenario como este pondría en valor el famoso “Informe DEAGEL”, que
recoge un listado sobre la reducción de la población y los cambios del PIB en
los países del mundo para el año 2025, en el que, por ejemplo, España vería reducida
su población de 48 millones a 27 millones y su PIB mermado un 59%.
Pero las cosas no siempre son lo que parecen, y menos aún si los que
las anuncian son políticos corruptos y mentirosos medios de comunicación.
A estas alturas de la película a nadie se le debería escapar que este
mundo se mueve única y exclusivamente por dinero, no hay más. Por lo tanto, lo
primero es preguntarse si hay dinero en todo esto. Pues sí, lo hay.
Recientemente, Úrsula von der Leyen ha anunciado una partida de 800.000
millones de euros de gasto para rearmar a la UE. La pregunta es: ¿rearmarla
para qué, si Europa no tiene ninguna amenaza? Evidentemente, un rearme no se
efectúa de la noche a la mañana, necesita años. Por eso este anuncio ha
ocasionado que la industria armamentística europea haya visto incrementada su
revalorización en Bolsa más de un 50%.
Dicho esto, se me ocurre una pregunta: Este rearme, aparte de generar
unos inmensos beneficios para la industria armamentística, ¿es para defendernos
de Rusia o para defenderles a ellos de nosotros? Lo digo porque últimamente en
Europa –y me consta que también en EEUU- cada vez hay más gente harta de que le
tomen el pelo, le frían a impuestos y le conduzcan a un futuro distópico
incierto.
Quiero creer que esta gente no está tan loca como para desencadenar la
Tercera Guerra Mundial que, irremisiblemente, sería nuclear. Sin embargo, ya
existe una guerra y no son precisamente naciones las que luchan en ella, sino
dos clases sociales: de un lado, las élites financieras, que detentan el poder
absoluto, y del otro, el “populacho”, que siempre ha sido su enemigo. El
objetivo de esta guerra es claro: mantener a la población mundial cada vez más
controlada, empobrecida y esclavizada.
Mi reflexión final es la siguiente: si ya tienen en marcha esta guerra
silenciosa, -que, por cierto, van ganando por goleada-, ¿para qué desencadenar la
Tercera Guerra Mundial que se les podría ir de las manos?
Bajo mi punto de vista, los tambores de guerra sólo están sonando para
amedrentarnos y llevarnos hacia un objetivo concreto que nos ocultan, aunque algunos
intuimos. Y lo intuimos, porque ya lo hicieron con la falsa pandemia, cuando se
acojonó a toda la población mundial con el fin de que se dejase inocular una
sustancia (altamente peligrosa y mortal en algunos casos) que no había sido
probada y sin el consentimiento informado (un procedimiento de exigencia ética
y jurídica, a través del cual el paciente autoriza libre, voluntaria y
conscientemente, previa información ofrecida por un profesional
sanitario y tras su comprensión, a la realización de un acto clínico con él o
sobre él).
Acabamos de ser testigos de cómo la presidente del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha anunciado el lanzamiento del Euro Digital -la moneda digital del Banco Central de la UE (CBDC)- para octubre de 2025. Mi pregunta es: ¿la amenaza de la guerra servirá de señuelo de distracción para colocarnos el Euro Digital y con ello la desaparición del dinero en efectivo? Salvando las distancias, para el “populacho” las consecuencias de una guerra serían terroríficas, pero la implantación del Euro Digital no le va a la zaga.