28 febrero 2025

TECNOLOGÍA: UN PROCESO DE MANIPULACIÓN Y CONTROL QUE NOS ESTÁ VOLVIENDO MÁS IMBÉCILES CADA DÍA

La tecnología es una herramienta fantástica cuando está en manos de personas lúcidas, inteligentes y equilibradas; por cierto, de las que precisamente no abundan.

Uno de los grandes errores cometidos por la humanidad es haber dejado que la tecnología se haya adueñado de nuestras vidas, trastocando por completo las relaciones humanas y muy probablemente nuestra propia existencia. De hecho, hay una cosa clara: en el mundo actual ya no podemos ni sabemos vivir sin ella.

Estamos en pleno proceso de transición de una sociedad industrial hacia una sociedad tecnológica anclada a la inteligencia artificial (IA). En buena lógica, debería llevarnos hacia una sociedad más libres, justa y equilibrada. Pero, ¡qué va! Paradójicamente está sucediendo todo lo contrario.

¿Por qué digo esto? Pues porque la sociedad actual no está preparada para sacarle partido a las nuevas tecnologías. Esto es debido a que la inmensa mayoría de nosotros nos encontramos sumidos en un estado de letargo intelectual, inducido por la paupérrima educación que recibimos más la podredumbre que absorbemos diariamente de la todopoderosa industria “mass media” y las redes sociales.

Es evidente que los dueños del mundo no quieren una sociedad de individuos sabios, inteligentes y competentes. Eso va en contra de los propios fundamentos de la sociedad, ya que personas así no pueden ser manipuladas, explotadas y forzadas a vivir como autómatas.

Que no te engañen. Por razones obvias, Ninguna sociedad -ni capitalista ni comunista- te quiere libre. De hecho, en el momento en el que una persona tiene el valor de abandonar el pensamiento único y utilizar su propia inteligencia se vuelve peligrosa para el sistema y, sobre todo, para las personas que ostentan el poder. Por cierto, se les suele llamar disidentes o anti sistema.   

Pero ahora el poder ha encontrado la herramienta perfecta para hacerse definitivamente con el control absoluto del planeta: la tecnología.

No tengo nada en contra de la tecnología -al contrario, me apasiona- pero he de reconocer que las nuevas herramientas tecnológicas a nuestro alcance se han convirtiendo en “armas de destrucción masiva” que están acabando con nuestra inteligencia, capacidad de pensar y, en definitiva, con nuestra libertad.

Siento decirlo, pero estas nuevas tecnologías en vez de hacernos más listos nos están haciendo más tontos. Son una pesadilla, un monitoreo continuo de cada uno de nosotros disfrazado de progreso tecnológico que supuestamente está lleno de ventajas. Bajo mi punto de vista, ha homogeneizado a escala mundial la imbecilidad: un proceso enfermizo que se repite constantemente a todas las escalas. Y lo paradójico, es que somos nosotros mismos los que voluntariamente nos hemos encadenado a ellas.

La élite lleva mucho tiempo diciendo -porque está convencida de ello- que sobra el 80% de la población. Asegura que ese 80% hace mucho ruido, ensucia, contamina, deteriora el medio ambiente, es irrelevante y no aporta nada a la sociedad. Son simplemente un porcentaje de sumisos trabajadores-consumidores, sin talento, que ya no hacen ninguna falta. Así que piensan que el planeta estaría mejor sin ellos.

Y digo yo. Ante semejante disparate, provocación y amenaza ¿cuál ha sido la respuesta de la sociedad? Ninguna, ya que la sociedad está absolutamente aletargada y no tiene capacidad de reacción. Y no tiene capacidad de reacción, entre otras cosas, porque la cantidad de información que recibimos a través de estas tecnologías satura nuestro cerebro, a la hora de procesar y evaluar la información, y así no hay manera de sacar nada en claro. Por consiguiente, si no lo tenemos claro, ¿cómo vamos a tener capacidad de reacción?

Jamás en la historia de la humanidad hemos dispuesto de unas herramientas tecnológicas que pueden solucionar, de una vez por todas, problemas tales como el hambre y la pobreza, por poner sólo un ejemplo. Sin embargo, las personas preparadas que podrían sacarle partido a estas tecnologías sólo están interesadas en lucrarse; el resto, las utilizamos casi de una manera exclusiva para acentuar aún más nuestra imbecilidad (que es mucha) convirtiéndola en bandera de toda una sociedad.

Podríamos decir que hay dos tipos de tecnología: la que utilizamos nosotros y la que dispone la élite. Evidentemente, la tecnología que nosotros conocemos y manejamos nada tiene que ver con la tecnología que poseen y manejan ellos. La que utilizamos nosotros, es una tecnología que, amén de hacernos totalmente dependientes, está acabando con nuestra capacidad de pensar. La que poseen ellos está a otro nivel, y es la que se utiliza para vigilarnos, manipularnos, censurarnos, controlarnos y llevarnos poco a poco a ese mundo Orwelliano que tanto anhelan.

La pregunta es: ¿tenemos alguna posibilidad de librarnos de esta pesadilla?

Veamos. Hay un hecho incontestable: salvo las personas que trabajan en estos temas –para la élite, naturalmente- el resto somos muy ignorantes al respecto. Entonces, ¿cómo podemos combatir algo que ignoramos? No podemos, así de simple. Los únicos que pueden librarnos son estas personas. ¿Lo harán?

Bien es verdad que una cosa es no saber nada sobre IA y otra muy distinta aceptar voluntariamente las consecuencias inquisitorias para la humanidad. Me refiero a cosas como la monitorización y vigilancia constante de todos nosotros, un sistema monetario esclavo (CBDC) vinculado a un carnet de crédito social o la modificación genética (transhumanismo) mediante, por ejemplo, la vacunación masiva obligatoria.

Cada día es más evidente que la élite mafiosa que domina el mundo quiere encadenarnos para siempre a un sistema tecnológico-digital. Su imperio de mentiras y corrupción ya no se oculta. De por sí, el Foro de Davos ya nos ha anunciado que en el futuro tecnológico que nos tiene preparado dejaremos de comportarnos como seres humanos para convertirnos en “otra cosa”. Lo que no tengo claro es si esa “otra cosa” nos va a gustar.

El plan que la élite tiene programado es que la IA lo domine todo. Quiere una sociedad tecnocrática, donde algoritmos, satélites, robots, drones y centros de datos masivos vigilen y controlen a cada uno de nosotros las 24 horas del día los 365 días del año.

Para llevar a buen puerto su plan han vuelto a colocar en la Casa Blanca a su títere favorito para la ocasión, Donald Trump, quien a su vez ha puesto al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) a Elon Musk: un multimillonario que no ha pasado por ningún proceso electoral ni rinde cuentas ante nadie.

Elon Musk es uno de los líderes de los tecnócratas multimillonarios de Silicon Valley. Su paso por el Gobierno de EEUU tiene un solo objetivo: demoler las instituciones estadounidenses y rehacerlas de acuerdo con las políticas del Gran Reinicio del Foro Económico Mundial.

Durante la última década la IA se ha extendido a la ingeniería, la industria o la medicina, permitiendo optimizar ciertos aspectos de esos campos. La pregunta que se ha hecho la élite es la siguiente: si la IA ha podido llevar a cabo con precisión el funcionamiento de una fábrica, ¿por qué no puede hacer lo mismo con el cuerpo humano o incluso con la mente? Y en eso están.

Si no hay nadie que se lo impida -y parece que no lo hay- la IA hará realidad el delirante sueño húmedo de la élite de construir una “mente colmena” de toda la humanidad: el pensamiento único de todos nosotros que ellos podrán manejar y manipular a su antojo.

Por cierto, ¿algo de esto no está ocurriendo ya? Si no, ¿cómo explicar el éxito arrollador de la falsa pandemia y la falacia del cambio climático antropogénico?

Lo dicho. Bajo mi punto de vista, la tecnología nos está volviendo más imbéciles cada día. Y esto no ha hecho nada más que empezar. 

20 febrero 2025

EL INCREÍBLE MERCADO FRAUDULENTO DE LOS “CRÉDITOS DE CARBONO”

En los últimos años estamos viendo cosas inverosímiles como, por ejemplo, que se les pague a los agricultores por no cultivar e incluso por destruir cultivos. Evidentemente, a cualquiera que tenga dos dedos de frente le parecerá totalmente absurdo que a los agricultores se les pague por no cultivar. Sin embargo, detrás de esto hay una explicación; bueno, mejor dicho un gran negocio.

La última ocurrencia de los “tíos listos” -que además sirve para todo- es convertir el “cambio climático” en un suculento negocio. Y una parte de ese negocio ha sido el imponer una agricultura de “créditos de carbono”, que ya que se está implementando al unísono en todo el mundo.

La agricultura de “créditos de carbono” se basa en que los agricultores pueden ganar dinero si participan en la captura de carbono. O sea, recibir un pago por contribuir a reducir su “huella de carbono”.

En primer lugar, los administradores de “créditos de carbono” deben recoger muestras del suelo de las tierras del agricultor y determinar la cantidad de carbono presente en ellas. Una vez que se determina que el agricultor ha capturado suficiente carbono es cuando se emiten los “créditos de carbono”.

Lo lógico es pensar que ahora el agricultor recibe el pago. Pero no, ya que esos créditos no van directamente al agricultor, sino que deben cotizar en el mercado de “créditos de carbono”.

Y aquí es donde entra en juego el colmo de la desfachatez, ya que una vez los créditos son adquiridos por empresas o gobiernos, se pueden canjear por la capacidad de contaminar (sí, has leído bien). Es de locos, ¿verdad? Es lo mismo que adquirir una licencia para matar: la ley prohíbe que mates pero si pagas puedes hacerlo. Sólo después de cumplir con este protocolo es cuando el agricultor recibe un porcentaje de los ingresos generados por la venta de los créditos.

Pero el negocio del carbono no sólo se aplica a la agricultura, sino a cualquier industria o actividad humana que genere dióxido de carbono u otros gases de efecto invernadero.

Veamos cómo funciona:

El “comercio de carbono” permite a las empresas, organizaciones o incluso naciones enteras comprar y vender “créditos de carbono” con los que, supuestamente, se va a reducir el dióxido de carbono y los gases de efecto invernadero generados por la actividad humana.

Los “créditos de carbono” son una forma en que las empresas o individuos pueden reducir su impacto sobre el medio ambiente. En vez de fomentar la acción directa, un “crédito de carbono”, o compensación de carbono, permite la compra de los ahorros de carbono acumulado de otras empresas de desarrollo de carbono. Y aunque la compra de “créditos de carbono” podría no reducir directamente la “huella de carbono” personal, ellos dicen que sí puede fomentar de alguna manera a que las empresas sean más responsables. ¡Claro! ¡Claro! ¿Cómo no se me había ocurrido? (es ironía)

Por otra parte, vender “créditos de carbono” a grandes compañías, que producen un gran volumen de polución, puede ser una manera lucrativa para que las pequeñas empresas generen ingresos (o sea, que el sacrificio que unos hacen para “salvar el planeta” pueden no hacerlo otros a cambio de unos cuantos dólares). ¡Increíble!

Los negocios involucrados en reducir las emisiones de carbono, o quienes producen bajas emisiones en general, pueden vender créditos en los mercados voluntarios de carbono o los mercados obligatorios, donde participan gobiernos, multinacionales y entidades financieras (menudos tres garantes de honestidad y honradez).

Los negocios que pueden vender “créditos de carbono” son: granjas, explotaciones agrícolas, empresas madereras, empresas de energía solar y cualquier compañía o empresa que produzca emisiones de carbono bajas o nulas.

El enorme negocio de los “créditos de carbono” depende en gran medida de cómo se gestionan y reglamentan estos créditos. Oficialmente, estos créditos se utilizan para compensar las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, permitiendo que las empresas o individuos financien proyectos que capturen o reduzcan las emisiones en otros lugares.

Sin embargo, nada de esto está garantizado, ya que la efectividad del programa de “créditos de carbono” deja mucho que desear y no cumple con las promesas de reducción de emisiones. En definitiva, son una forma de "lavado verde", donde las empresas pagan para compensar sus emisiones sin tener que hacer cambios reales.

Resumiendo. Los “créditos de carbono” son inherentemente fraudulentos; o lo que es lo mismo, otro ocurrente invento más de los “tíos listos” para estafar a millones de tontos.

Por desgracia, el mundo está lleno de fraudes como este. ¿Pero qué podemos esperar de una sociedad en manos de una élite mafiosa sin escrúpulos? Esta élite nos manipula a través del engaño y el miedo y basa su poder en una sola cosa: la ignorancia colectiva.

Y es que el “populacho” no es más que eso: una masa ignorante dispuesta a dejarse guiar por quienes ellos creen que saben. Por muchas evidencias y hechos que demuestren lo contrario, prefiere la supuesta seguridad que le brinda este corrupto sistema que luchar por su dignidad y verdadera libertad.

Después de décadas de pasividad y sumisión, no es de extrañar que negocios tan fraudulentos y lucrativos como el de los “créditos de carbono” hayan proliferado como setas por todo el mundo.

Evidentemente, para los “tíos listos” estos negocios no son sólo una forma de hacer dinero, que también, sino que se han convertido, además, en una herramienta para despojar de sus riquezas y manejar a su antojo al “populacho”. A mi modo de ver, creo que disfrutan viendo a los pobres idiotas someterse voluntariamente a cualquier estupidez con tal de estar dentro de los límites de lo “políticamente correcto”.

¡Es patético! ¿Verdad? Pero me temo que no hay manera de cambiarlo. 

10 febrero 2025

EL FEM Y SU OBSESIÓN DE TRANSFORMAR EL MUNDO

Durante los días 20 al 24 de enero de 2025, se celebró la 55ª reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) bajo el lema “Colaboración para la era inteligente”.

Como cada año, se elaboró una agenda para tratar diferentes temas. Este año se hablo de mejorar las condiciones de vida a través del estímulo, de la urgente necesidad de impulsar una transición energética justa e inclusiva y de fomentar el diálogo para evitar una era de la fragmentación y confrontación. Naturalmente, no se olvidaron del “cambio climático” y la inteligencia artificial (IA).

Las conferencias se han organizado en base a cinco temas diferentes: “reconstruir la confianza”; “reorganizar el crecimiento”; “invertir en las personas”; “proteger el planeta”; “la industria en la era inteligente”.

Cada uno de estos temas ha sido expuesto y desarrollado por “expertos” en la materia, marcando los pasos a seguir por la sociedad para, según el FEM, continuar prosperando, siempre desde un enfoque tecnológico y con la mirada puesta en el futuro.

Para “reconstruir la confianza”, el FEM propone encontrar nuevas formas de colaboración en la búsqueda de soluciones. Esas soluciones pasan por enfrentarse a la desinformación. Lo que traducido al román paladino significa una censura en todos los ámbitos, donde solo exista una verdad, la suya.

Respecto a “reorganizar el crecimiento”, se planteó la reorganización monetaria y fiscal global actual. Evidentemente, se trata de impulsar el “Gran Reinicio” y las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC).

En el terreno de lo social hablaron de “invertir en las personas”, impulsando todas esas nuevas ideologías que están surgiendo como setas por todas partes. En esta sección fueron protagonistas palabras tan de moda como diversidad, equidad e inclusión. También afrontaron el ámbito de la salud, para dar un impulso a las nuevas terapias génicas en forma de vacunas u otras modalidades.

En el apartado “proteger el planeta”, hicieron hincapié en la necesidad de más donaciones provenientes de la filantropía. El discurso estuvo ligado al de la COP29, consolidada como la “COP de las finanzas”. Evidentemente, al seguir con su obsesión de llegar a “emisiones cero”, propusieron alinear, según ellos, los tres mercados de la naturaleza: créditos de carbono, biodiversidad y agua. Por supuesto, no se olvidaron de amenazar al mundo: “si no se cumplen con los objetivos de la Agenda 2030, pronosticaron que la mitad de la población se encontrará con falta de disponibilidad de agua dulce en una región específica”. Toda una declaración de intenciones, si no nos sometemos a la “agenda verde” para mitigar el “cambio climático”.

En lo referente a la “industria en la era inteligente”, hablaron de cambiar el modelo de las empresas a través de todos los sectores. Abordaron cómo las industrias deben prepararse para los shocks tecnológicos. Y, naturalmente, la IA tuvo una especial mención a lo largo de las sesiones.

Para cerrar el certamen, el Presidente y CEO del Foro Económico Mundial, Borge Brende, resaltó que, pese a que el año no ha hecho más que comenzar, ya tenemos abundantes frentes abiertos que moldearán la situación económica, política y social de nuestro presente y futuro. Continuó diciendo que a través de la cooperación, la innovación y la tecnología nos podremos enfrentar a los retos que se presentan en nuestra senda, para que las ideas de hoy se conviertan en las soluciones del mañana.

Bueno, pues esto es, más o menos, un minúsculo resumen de lo tratado en la reunión de este año del FEM.

La conclusión que podríamos sacar es que la camarilla reunida en Davos, esa que representa a la élite multimillonaria globalista, está dando las directrices para transformar el mundo entero en una tecnocracia -basada en una vigilancia masiva sin precedentes- y dar paso a su Cuanta Revolución Industrial.

¿Pero qué revolución es esa? Evidentemente, una revolución de multimillonarios.

Estamos asistiendo a la revolución más extraña y engañosa de la historia de la humanidad. Se trata de una revolución de los ricos, hecha de una forma silenciosa que no requerirá efectuar un solo disparo.

La pretensión de la élite globalista es imponer al mundo toda una serie de tecnologías invasivas basadas en IA. Tanto las CBDC, la identidad digital, las ciudades inteligentes, el carnet de crédito social, la huella de carbono y la vigilancia intensiva de cada uno de nosotros las 24 horas del día los 7 días de la semana, cambiarán rotundamente la vida en el planeta y lo convertirán en una prisión digital sin rejas de la que será imposible escapar. 

Dado que los Estados-nación ya no existen (no hay país soberano), ningún gobierno se está resistiendo a los cambios profundos que se están produciendo. De hecho, los sistemas de vigilancia avanzan a un ritmo desenfrenado. Ahora todos somos blancos fáciles para ser monitoreados, etiquetados, investigados, censurados, acosados y manipulados.

Y hablando de inteligencia. ¿Verdaderamente es inteligente dejar nuestra sociedad en manos de unos psicópatas multimillonarios que sólo utilizan la tecnología para ejercer control y más control?

Pero lo más alarmante de esta revolución tecnológica es ver a muchos líderes en la materia preocupados por la naturaleza extremadamente peligrosa de la IA. Sin embargo, siguen avanzando a toda velocidad para implementarla.

Ya en 2018 Elon Musk advertía de los peligros de la IA: “cuando hay un dictador malvado, ese dictador es humano y va a morir. Pero la IA no morirá y vivirá para siempre. Entonces tendremos un dictador inmortal del que nunca podremos escapar”.

Nos estamos acercando al punto de no retorno; es lo que el FEM denomina “singularidad”. La pregunta es: ¿en ese punto la IA eclipsará por completo a sus desarrolladores y controladores y se hará todopoderosa? Algunos piensan que sí. De hecho, Elon Musk ha predicho que la “singularidad” podría suceder en 2026, mientras que el científico y desarrollador, Ray Kurzweil, augura que sucederá antes de 2045. También el famoso investigador, Geoffrey Hinton, ha afirmado que no es inconcebible que la IA pueda acabar algún día con la humanidad.

Y nosotros, ¿deberíamos preocuparnos? ¿Tenemos algo que decir al respecto? ¿O como siempre miraremos hacia otro lado y dejaremos que ocurra lo que tenga que ocurrir? 

30 enero 2025

UN NUEVO SISTEMA MONETARIO AÚN MÁS ESCLAVO QUE EL ACTUAL ESTÁ A PUNTO ENTRAR EN ESCENA: SÍ, ME REFIERO A LAS MONEDAS DIGITALES DE LOS BANCOS CENTRALES (CBDC)

El hombre, en su todavía corta evolución, sigue siendo un ser violento, agresivo, codicioso, cruel y competitivo. Evidentemente, ha construido la sociedad en estos términos, la cual está profundamente enferma. Y en una sociedad enferma no hay nada saludable.

En un mundo en el que el 1% de la población posee más riqueza que el 95%, donde cada día mueren 24.000 niños de pobreza y enfermedades evitables, y donde el 62,5% de la población mundial (5.000 millones) vive con menos de 10 dólares al día, hay una cosa clara: algo estamos haciendo rematadamente mal. Y tanto si somos conscientes como si no, la causa de esta ignominia es la sangre enfermiza que corre por las venas de la sociedad destruyéndolo todo, el dinero.

El dinero y el sistema financiero son el invento más lucrativo de unos cuantos “tíos listos” para engañar y esclavizar a miles de millones de tontos. Esta gran estafa es la que ha creando una brecha insalvable entre ricos y pobres, la que mantiene esclavizada a la humanidad de por vida y, en definitiva, el origen de todos nuestros males. Pero parece que nadie es consciente de esta realidad.

La historia de la humanidad no es más que una larga lucha entre los “tíos listos” -ansiosos por apoderarse del mundo- y la gente corriente que, esencialmente, sólo aspira a tener una vida sencilla en libertad.

La esclavización total de un individuo, de un grupo de individuos o de todo un pueblo no puede tener lugar mientras disponga de los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades. Evidentemente, siendo algunos recursos más importantes que otros, quienes buscan esclavizar a sus semejantes tienen como prioridad monopolizar esos recursos. Y el principal recurso monopolizado ha sido, curiosamente, un recurso ficticio, el dinero.

El gran hallazgo de los “tíos listos” fue cuando descubrieron que a través del dinero era muchísimo más fácil robar. De por sí, el dinero les facilitó mucho las cosas a la hora de absorber los bienes y las riquezas de los demás, convirtiéndolo en un “bien” altamente codiciado.

Lo primero que inventaron fueron los préstamos que, con unos intereses más o menos exorbitantes, les permitió enriquecerse sin hacer otra cosa que prestar dinero.

Con los años, el sistema bancario moderno ha llevado esta estafa al refinamiento extremo. Cuando un particular pide un préstamo a un banco, el banquero lo único que hace es abrir una línea de crédito y anotar esa cantidad allí. Cantidad, por cierto, que no está respaldada por nada. Por lo tanto, básicamente le presta humo, sólo una cifra anotada en una computadora, nada más. Esta es la magia de la banca moderna.

Pero la parte más interesante de esta magia, es ver la capacidad del banco para transformar ese humo en bienes tangibles: basta con que el prestatario no pueda pagar los intereses, para que el banquero se apodere de la casa, local o negocio de la persona que pidió el préstamo.

Por si no tuvieran suficiente con el robo descarado a través de los préstamos, en 1972 comenzaron a desarrollar los “derivados financieros”. Con la emisión de productos “derivados”, es decir, emisión de deuda que deriva de otra deuda y así sucesivamente, han inundado el mercado de dinero, amparado en activos irreales que verdaderamente no valen nada: papelitos respaldados por otros papelitos. Y así hasta que el sistema reviente, que reventará, no lo dudes.

Pero los “tíos listos” son insaciables por naturaleza. Por eso, una vez acaparado todo el dinero, su siguiente paso será someter, controlar y esclavizar definitivamente a toda la humanidad, de modo que cada individuo pueda ser manejado como una marioneta. Y lo harán, como lo han hecho siempre, a través del dinero.

El actual sistema monetario está a punto de colapsar y ser sustituido por uno nuevo: las CBDC (monedas digitales de los bancos centrales).

Sin embargo, circula el rumor de que parece que las monedas digitales emitidas por los bancos centrales no acaban de arrancar y que todos los proyectos piloto para implementar las CBDC “han fracasado” o están estancados (mentiruscos gordos ataos con piedras, que diría José Mota).

No seamos ingenuos. Esto es una estrategia muy sibilina para que la gente vaya haciéndose a la idea de que tarde o temprano las CBDC sustituirán al actual sistema monetario. De por sí, todos los gobiernos ya han puesto en marcha toda la propaganda, argumentando que son una herramienta para hacer nuestra vida más fácil y acabar con la economía sumergida y el fraude fiscal. Sin embargo, se olvidan de mencionar que también aumentan su capacidad de rastrear, controlar, castigar y, por supuesto, esclavizar a la población.

Con las CBDC se eliminará la privacidad que ahora tenemos con el dinero físico. Los gobiernos tendrán un control sin precedentes sobre nuestro dinero y sabrán exactamente dónde, cómo y cuándo lo gastamos. Al tratarse de un sistema monetario completamente programable, podrán no autorizar pagos en determinadas zonas, con lo que la movilidad de los ciudadanos podrá ser restringida a través de las CBDC. También pueden limitar su periodo de validez para evitar el ahorro y, por tanto, la independencia y libertad que proporciona la solvencia económica. En fin, que las posibilidades son infinitas, especialmente si se aseguran que no haya una alternativa como, por ejemplo, Bitcoin.

Todos los políticos, sean conscientes o no, están jugando un papel crucial a la hora de implementar este nuevo sistema monetario. De hecho, los gobiernos de todo el mundo ya están aprobando obedientemente todos los cambios necesarios para imponer la inteligencia artificial y la esclavitud digital a sus ciudadanos.

Algunos ingenuos han depositado su confianza en Donald Trump creyendo que nos salvaría del globalismo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que su verdadero objetivo es construir (ha destinado 500.000 millones de dólares) la infraestructura de centros de datos para una red de control, una identificación digital y un sistema financiero completamente digital como son las CBDC.

Las CBDC son el sistema monetario más esclavo jamás concebido por el hombre. Personalmente, no me cabe la menor duda de que no tardando mucho será una realidad. Y será una realidad, porque nuestro sistema “democrático”, anclado en la ignorancia y la sumisión de la mayoría, no contempla ninguna alternativa para revocar nada que acepte esa mayoría. Y, por desgracia, mucho me temo que esa inmensa mayoría lo aceptará, al igual que aceptó todas las vejaciones habidas y por haber durante la falsa pandemia. 

20 enero 2025

¿VERDADERAMENTE EXISTE DIFERENCIA ENTRE “IZQUIERDA” Y “DERECHA”?

El origen de las expresiones “izquierda” y “derecha” se remonta a los preámbulos de la Revolución Francesa, en concreto al 5 de mayo de 1789.

Ese día el Rey Luis XVI presidía la Asamblea de los Estados Generales. En aquella reunión -presagio de los acontecimientos que posteriormente se iban a desencadenar- los representantes del clero y de la nobleza se sentaron a la derecha del Presidente de la Asamblea y los representantes de la burguesía y del pueblo a su izquierda. A partir de aquel momento, a los representantes del clero y la nobleza se les adjudicó el término “derecha” y a los representantes de la burguesía y del pueblo el de “izquierda”. Y como los primeros defendían la aristocracia y la monarquía y los segundos la república y las libertades civiles, desde entonces se ha asociado a la “derecha” con las clases altas (ricos) y a la “izquierda” con las bajas (pobres).

Pero ni la gente de “izquierdas” es necesariamente pobre ni la de “derechas” necesariamente rica, y muchísimo menos los dirigentes de estas dos tendencias políticas. Sin embargo, estas etiquetas son de una eficacia absoluta a la hora de mantener dividida a la sociedad.

En la actualidad, todo el mundo es etiquetado con alguno de estos dos epítetos. Cuando alguien no comulga con las ideas de un gobierno de “derechas” automáticamente es encasillado como una persona de “izquierdas” y viceversa. Pero la cosa no termina ahí. Ahora, en estos tiempos donde todo se exagera una barbaridad, aquel que no se someta al discurso “políticamente correcto” de una u otra tendencia se le catalogará peyorativamente de extremista; es decir, de “extrema derecha” o de “extrema izquierda”.

Y digo yo. Si en el mundo de las ideas cabe todo, ¿a santo de qué las personas que tienen ideas diferentes son peyorativamente etiquetadas de esa forma? Pues muy sencillo: para ridiculizar actitudes, comportamientos y, lo más importante, para sabotear proyectos.

Salvo raras excepciones, los seres humanos queremos vivir en paz y armonía con nuestros semejantes y disponer de los recursos suficientes para poder llevar una vida digna. Esto es así en todos los lugares del mundo. De hecho, es lo que vende cada una de las ideologías políticas de “izquierda” o “derecha”. ¡Curioso! ¿Verdad? Porque si la “derecha” y la “izquierda” venden el mismo producto, lo lógico es pensar que son lo mismo.

La élite, en su afán de mantenerse indefinidamente en el poder, es la que ha diseñado este sistema “amo-esclavo”, donde el gobierno (esbirro pelele que trabaja para la élite) ejerce la función de amo y el resto de nosotros de esclavos. Evidentemente, la mejor estrategia para controlar a los esclavos siempre ha sido mantenerlos divididos (ya sabes, “divide y vencerás”). De ahí la creación de las dos tendencia políticas ficticias “izquierda” y “derecha”.

¿Te has parado a pensar por qué ningún régimen de “derechas” ni de “izquierdas” ha acabado nunca con la pobreza? Muy sencillo, porque la pobreza es la clave de la existencia de este sistema “amo-esclavo”. El amo necesita al esclavo. ¿Y qué pasa cuando el esclavo deja de ser pobre? Pues que deja también de ser esclavo. Por consiguiente, sin pobreza no hay sistema “amo-esclavo” que valga.

En el mundo de hoy los políticos “discuten” sus estúpidas agendas de “derechas” e “izquierdas”, en el circo mediático en el que se ha convertido la política, mientras el poder global del dinero (que permanece en la sombra) es el que verdaderamente sigue dando forma a la sociedad a su antojo.

Y es que desde que en 1913 se fundó la Reserva Federal (FED), un cártel bancario se ha hecho con el control del mundo. Desde entonces, el monopolio de la creación de dinero pasó por ley a manos de unos pocos banqueros de Wall Street. Posteriormente, con la creación del Banco de Pagos Internacionales (BPI), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), esta gente ha expandido su poder hasta incluir el control de la casta política.

Sólo hace falta ser un poco observador para darse cuenta de que los políticos de hoy no son más que títeres de un esperpéntico espectáculo diseñado para irritar, confundir y dividir a las masas. Si te fijas, sólo debaten (eso sí, acaloradamente) sobre cuestiones banales o personales, que dan lugar a un interminable culebrón mediático con el que entretener a las masas ignorantes. Evidentemente, estas disputas orquestadas no son baldías, ya que distraen la atención del “populacho”, para que no sea consciente de que está sometido a un sistema de control, casi imperceptible, por parte del poder global del dinero.

Eso de que nosotros, el pueblo, somos soberanos es mentira. Que los políticos que forman el gobierno son nuestros representantes, otra gran mentira. Y que la democracia es la mejor forma de gobierno justa y conveniente para vivir en armonía, la mentira más grande de todas. Y es la más grande de todas, porque la democracia está intervenida por el poder global del dinero.

El poder global del dinero -“Estado Profundo” o como se le quiera llamar- está compuesto por una compleja red interconectada de banqueros, burócratas, agencias de inteligencia, grandes corporaciones e instituciones supranacionales que dan las órdenes a los políticos transitorios que ellos mismos colocan al frente de los gobiernos. De hecho, tanto la “izquierda progresista” como la “derecha capitalista”, que siguen con su discurso pueril para imbéciles profundos, lo único que hacen es seguir las pautas del poder global del dinero para mantener dividida a la sociedad.

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que el paradigma “izquierda-derecha” es una farsa? Hoy en día, tanto las políticas de “izquierda” como las de “derecha” caminan en la misma dirección de llevar a buen puerto la Agenda 2030 de la ONU: mediante las políticas de “izquierda” se está desintegrando la sociedad -eso sí, disfrazando estas políticas de equidad social- mientras la “derecha”, con meras reacciones débiles, hace su papel de “oposición”.

Pero intentar abrirle los ojos a toda esa gente ideológicamente hipnotizada es como predicar en el desierto. Con esa gente no se puede razonar. Para ellos todo lo que no es rojo es azul o viceversa. Pero no es que sean rojos o azules por convicción, sino que son anti azules o anti rojos por prescripción del partido que votan. Verdaderamente alguien ha hecho muy bien su trabajo: están muy bien adoctrinados.

Para el resto, es decir, para todo aquel que todavía le funciona alguna neurona, no hay duda de que el paradigma “derecha-izquierda” no es más que una herramienta del poder global del dinero para mantener dividida a la sociedad. Y ya se sabe, una sociedad dividida es una sociedad vencida. 

10 enero 2025

UNA SOCIEDAD CADA VEZ MÁS ACOMODADA, ESTÚPIDA Y AMEDRENTADA

Un pueblo que no piensa no puede ser libre ni soberano, sólo un pelele fácil de manipular. En la actualidad, prácticamente la totalidad de la población, incluida la gente que lee libros y estudia carreras universitarias, no piensa. Por consiguiente, no es consciente de que adopta como propios pensamientos que no son suyos, sino de otros (lo hacemos todos).

Llevamos muchas décadas en una dinámica de degeneración constante de la sociedad. Nos hemos convertido en una sociedad perversa que no valora nada. Es una sociedad que confunde lo virtual con lo real, que ha cambiado el ser por el tener, que la verdad le importa un pepino y que lo único que busca es el placer inmediato.

Amén de la inestimable colaboración de los babosos medios de comunicación, vendidos al poder global del dinero, paradójicamente es el sistema educativo el que más está contribuyendo a esta degeneración.

El sistema educativo ha sido diseñado para adoctrinar e inculcar ideologías, no para formar. Esto impide que los niños desarrollen su ingenio, su talento y su espíritu crítico, y hace que salgan de las aulas convertidos en borregos muy fáciles de pastorear.

Los que peinamos canas, o ya no podemos peinarlas porque hemos perdido el pelo, estamos viendo como la mayoría de jóvenes que salen de nuestro sistema educativo prácticamente no saben expresarse con claridad, leen –si es que leen- con dificultad y casi no son capaces de escribir algo medianamente legible. Y claro está, los gobiernos están encantados, porque una población así no ofrece la más mínima resistencia ante el abuso de poder.

Veamos un claro ejemplo de cómo está cambiando el nivel intelectual de los más jóvenes en nuestro país.

El día 22 de diciembre de 2024 se efectuó como cada año el sorteo de Navidad. Tradicionalmente, son los niños del Colegio de San Ildefonso los encargados de cantar los premios. Los que tenemos cierta edad, recordamos cómo los niños de hace 50 años cantaban los premios de corrido y sin equivocarse. Sin embargo, los de hora hacen paradas constantemente, se equivocan bastante y hasta cantan dos veces el Gordo –“porque me lo ha dicho otro niño”-, tal y como explicó la niña que lo cantó.

¿Qué está pasando? ¿Es que los niños de ahora tienen un coeficiente intelectual inferior al que el tenían los niños de antes? ¿Es porque los niños actualmente en España son una mezcla de diferentes etnias y culturas? ¿O es que la educación que reciben es de peor calidad? Probablemente una mezcla de las tres cosas y alguna más. Y, por favor, que nadie me venga con la estupidez de que lo que acabo de exponer es un comentario racista o xenófobo. Esto es un hecho, nada más.

Una masa de gente cada vez más cretinizada, que fija su mirada a todas horas en la pequeña pantalla de su teléfono móvil (de ahí saca toda su “sabiduría”) y que desconoce el lenguaje adecuado para efectuar sus pensamientos (sin lenguaje no hay pensamiento), ha dado pie a la deriva totalitaria que estamos padeciendo.

Nos encontramos en una situación extremadamente crítica. Las nuevas generaciones, que cuentan con los mejores medios de toda la historia de la humanidad, albergan una mayoría de individuos cada vez más estúpidos, iletrados e ignorantes. Su coeficiente intelectual, según los últimos estudios, está descendiendo y mucho me temo que no serán capaces de afrontar los importantes retos de los nuevos tiempos.

Verdaderamente los “tíos listos” se lo han montado de fábula. Han creado toda una masa de imbéciles, cuya única percepción de la realidad ha sido meticulosamente planificada para guiarlos en cualquier dirección. Pero lo más importante, es que les han prohibido pensar y, sobre todo, juzgar. Porque si algo tienen en común los imbéciles es esa frase tan manida: “quién soy yo para juzgar”. Y es que el hecho de juzgar le está vedado al “populacho”. Sin embargo, paradójicamente nosotros admiramos y nos parecen más interesantes las personas que juzgan, que no tienen miedo a opinar y, por supuesto, que piensan. Por cierto, solemos llamarles intelectuales.

Decía el historiador inglés Henry Thomas Buckle: “Los hombres y mujeres se clasifican en tres clases o niveles de inteligencia. Se puede distinguir a la clase más baja por su costumbre de hablar siempre de las personas; a la siguiente, porque suele conversar de las cosas, y a la más alta, por su preferencia a debatir sobre las ideas”.

¿Cuántas veces debatimos sobre las ideas con familiares y amigos? Ninguna: elemental, está muy mal visto. ¿Cuántos debates sobre las ideas vemos en los medios de comunicación? Ninguno. Alguno pensará que las tertulias políticas televisivas o los debates parlamentarios son sobre las ideas. Pues no, no lo son, son sobre las personas, puesto que lo único que hacen es descalificarse unos a otros para irritar a la masa de cretinos que sigue esas tertulias y debates.

Es curioso que ahora todo es inteligente menos nosotros. Tenemos una inteligencia artificial, casas inteligentes, coches inteligentes y se habla de que en un futuro, no muy lejano, las ciudades también serán inteligentes. Aunque mucho me temo que serán cárceles inteligentes.

El ciudadano del siglo XXI se ha convertido en un ser perezoso y acomodado. No quiere esforzarse en aprender, no quiere responsabilidades y se ha dejado arrebatar sus derechos fundamentales, que tantos siglos de lucha costaron a sus ancestros, con el engaño de la democracia.

Cada día es más evidente el engaño manifiesto de la democracia. Lo que hoy llamamos democracia no es más que una herramienta de los oligarcas plutócratas para la estigmatización de las masas. Para ello se han hecho con los servicios incondicionales de unos políticos corruptos, estúpidos e ignorantes que lo único que buscan es medrar.

Vamos a ver. ¿De verdad crees que Pedro Sánchez, Emmanuel Macron, Justin Trudeau, Joe Biden o Donald Trump son los representantes del pueblo? Y lo que es aún más ridículo, ¿crees que las empresas del Ibex-35, S&P 500, Nasdaq o fondos de inversión como BlackRock y Wanguard Group van a dejar su fortuna y su futuro en manos de cualquier paleto salido del “populacho” en una elección? ¡DESPIERTA! Son ellos los que eligen a esas personas, no tú.

A las nuevas generaciones se les ha preparado para razonar, analizar y buscar información, pero no para pensar. Y, claro está, si te lo dan todo pensado te arriesgas a que te den gato por liebre. Y como muestra un botón.

El mayor experimento socio-farmacológico realizado sobre la humanidad ha sido posible gracias a la idiotización de la sociedad. Nunca antes se habían atrevido a someter a toda la población mundial a un experimento de tal calado: anulación de derechos fundamentales, aplicación de todo tipo de vejaciones y restricciones totalitarias sin sentido y la inoculación de “vacunas” experimentales para toda la población mundial.

El hecho de que la “vacunación” continúe a pesar de su comprobada nula valía, de los gravísimos efectos secundarios y un claro exceso de mortalidad en las naciones donde ha habido más inoculaciones, nos debería llevar a pensar que detrás de la “vacunación” -cuasi obligatoria- se esconde un fin perverso. Del mismo modo, eso de que ningún juez ni fiscal haya intervenido en el abuso de medidas coercitivas ilegales, y de que todos los que han criticado los confinamientos, los toques de queda, el uso de mascarillas y, sobre todo, el programa masivo de “vacunación” hayan sido calumniados y condenados al ostracismo, son la prueba irrefutable de que nunca se trató de un problema de salud, sino de una conspiración. Por cierto, la misma conspiración que se está llevando a cabo con el “cambio climático”.

Pero ahora explícaselo tú a una sociedad acomodada, estúpida y amedrentada, que sólo busca que la entretengan. 

30 diciembre 2024

LA MENTIRA COMO ESTRATEGIA DE PODER

Los últimos cuatro años -ya casi cinco- han sido tiempos de enormes cambios que han afectado a la política, la tecnología, la sanidad, la economía, la cultura y, en general, a todo aquello que tuviera que ver nuestra forma de vida.

Evidentemente, la falsa pandemia no sólo ha truncado la vida de millones de personas, sino que también ha cambiado la forma de ver el mundo que nos rodea, el cual empieza a ser cuestionado. 

El principal cambio que se ha producido es que ahora dudamos de todo. Incluso hemos dejado de creer en aquello en lo que antes más confiábamos: la condición humana. De hecho, las cualidades naturales de comprensión (sentido común), que antes utilizábamos para entender el mundo, han sido cuestionadas -e incluso muchas de ellas derribadas- dando paso a otras nuevas totalmente distópicas. Y es que la mentira ha sido instaurada en todos los ámbitos de nuestra vida.

Sin embargo, una parte importante de la población empieza a ser consciente de que el mundo moderno de hoy vive en un engaño absoluto y permanente. Se ha dado cuenta de que la democracia, donde se habla contantemente de soberanía popular y el derecho al sufragio universal, no es más que una patraña perversa para maquillar la realidad. O lo que es lo mismo: un instrumento de la plutocracia para manejar a su antojo a las masas hechizadas por el sistema.

La mentira se ha convertido en una herramienta de poder. Como bien dijo Hannah Arendt (historiadora y filósofa alemana), mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Y, claro está, un pueblo que ya no puede distinguir entre lo que es verdad y lo que es mentira es incapaz de diferenciar el bien del mal. Por consiguiente, un pueblo completamente sometido al imperio de la mentira es susceptible de hacer lo con él lo que quieras.

Mientras los 193 Estados miembros de la ONU ejecuten obedientemente al pie de la letra todas las estúpidas órdenes y directivas emitidas por esta organización u otras como la OMS, el FMI, el Banco Mundial, el BPI, la OMC, etc., es imposible que surja una “rebelión de naciones”, tal y como nos quieren hacer creer con los BRICS que, supuestamente, dicen querer acabar con la hegemonía del dólar americano. Y quien se haga ilusiones al respecto, haría bien en informarse de cómo China, Rusia, Corea del Norte, Venezuela o Cuba están igualmente subordinados al Banco de Pagos Internacionales.

El mito de que los BRICS tienden a aniquilar la supremacía estadounidense, en beneficio de todos los pueblos del mundo, no es más que otra quimera. Y es otra quimera, porque todos y cada uno de los países que lo integran obedecen los dictados de estas organizaciones. Por lo tanto, los BRICS no son más que la nueva estrategia de la mafia que gobierna el mundo para cambiar el actual imperialismo estadounidense por el totalitarismo chino.

Hoy en día los Estados-nación no son entidades político-jurídicas independientes, puesto que detrás de cada Estado-nación está el poder global del dinero. Este poder está por encima del bien y del mal y, por supuesto, por encima de cualquier autoridad política y jurídica de cualquier Estado.

Durante los últimos 500 años, el poder global del dinero ha ido moviéndose en la sombra y mantenido su continuidad en el tiempo. Esto les ha proporcionado una cantidad de riqueza y poder político prácticamente ilimitado; poder y riqueza que la mayoría de los mortales ni siquiera somos capaces de imaginar.

Todas las revoluciones acaecidas en los últimos siglos han sido urdidas por el poder global del dinero en función de sus intereses. Por lo tanto, ni el reciente “Maidan” de 2014, ni la “Primavera Árabe”, ni la “Revolución Bolchevique” ni tan siquiera la “Revolución Francesa” fueron un levantamiento popular espontáneo, sino una estrategia del poder global del dinero para cambiar el mapa geopolítico y con ello la sociedad a su antojo.

Bueno. Pues eso mismo está sucediendo ahora. El Gran Reinicio, la Agenda 2030 y el establecimiento del Nuevo Orden Mundial no son más que las nuevas estrategias del poder global del dinero para la esclavización definitiva de toda la humanidad a través de la ciencia, la tecnología y, por supuesto, la IA.

Lo que está ocurriendo en China, con la aplicación de un control biométrico-tecnológico-digital de toda su población y la imposición de un “carnet de crédito social”, ha convertido el país en una dictadura casi perfecta. Pues esto es lo que el poder global del dinero quiere implantar en Occidente y posteriormente en el resto del mundo.

Y ahora la pregunta del millón: ¿tenemos nosotros los medios necesarios y suficientes para luchar contra el poder global del dinero? La respuesta mayoritaria sería que no: ellos lo tienen todo y nosotros no tenemos nada (“es lo que hay”: mantra que repetimos constantemente). Pero, ¡espera! ¿Y si te dijera que son ellos los que en realidad no tienen nada? Lo único que tienen es el dinero. Pero el dinero no es nada, son papelillos o anotaciones contables en una computadora, nada más. Sin embargo, la manufacturación de materias primas, la ciencia y la tecnología, que son los elementos que verdaderamente mueven el mundo, están en nuestras manos. Del mismo modo, también somos nosotros los que integramos el ejército y las fuerzas y cuerpos de seguridad garantes de que se mantenga el sistema. Por lo tanto, lo único que tenemos que hacer es pasar de su dinero y hacer ver a la gente, que sin saberlo está trabajando para el poder global del dinero, que empiece a trabajar para ella misma.

Respecto al gobierno, más de lo mismo.

Se supone que el pueblo vota por el tipo de gobierno que quiere, pero ni de coña eso es así. El pueblo realmente vota a unos charlatanes de feria que le promete un idílico “Estado del Bienestar”. Pero, una vez estos charlatanes son elegidos, no tienen ninguna obligación real de cumplir lo prometido y, generalmente, actúan en contra del pueblo que les eligió. Así que, ¿para qué tener un gobierno que legisla en contra de nuestros intereses? Pues dejemos de votar a partidos políticos y vayamos a otro tipo de paradigma.

En fin. Muchos pensarán que son utopías irrealizables, y no les falta razón. Y no les falta razón, porque mientras el sistema siga anclado en una mentira permanente, o lo que es lo mismo, mientras el juego esté amañado no hay manera de ganar a la banca. Pero soñar, de momento, sigue siendo gratis. 

“CUANDO TODOS PIENSAN IGUAL ES QUE NADIE ESTÁ PENSANDO”

Esta frase, atribuida al periodista y pensador, Walter Lippmann, significa que pensar, fundamentalmente, es cuestionar. Por consiguiente, no...